|
Semana del 17 al 23 de junio de 2006
 |
|
|
|
CLAROSCUROS
DEL CONSUMO DE LA SOJA
Como medicamento:
el único modo de tomar soja por
el que saltan las alarmas es en los preparados
que contienen fracciones de la legumbre, según
los expertos. «Ahora hay cápsulas,
comprimidos, jarabes y demás productos
que tienen fitoestrógenos e isoflavonas
extraídos directamente de la soja. Lo que
es bueno si se consume de forma natural, se puede
convertir en contraproducente de esta manera»,
advierte Javier Aranceta. Por eso no hay que creerse
la inocuidad de los medicamentos de hierbas
o las pastillas naturales. Estos componentes
pueden ejercer una acción farmacológica
en muchas personas, por lo que su uso tiene que
estar controlado. «Nuestra recomendación
no puede ser el consumo libre sino por prescripción
facultativa», recuerda. Y es que, al igual
que ocurre con los fármacos, es susceptible
de provocar contraindicaciones: la ingesta inadecuada
puede generar el efecto contrario al que se busca.
«No es cuestión de alarmar pero tienen
una acción hormonal que, consumidas durante
mucho tiempo por una persona inadecuada acarrearía
un efecto desafortunado».
Precaución con
la soja sin tratar: en su estado natural
contiene unos elementos que compiten con otros
en el intestino y bloquean la absorción
de la vitamina B, K y D, además del yodo
y el calcio. Estas sustancias se llaman antinutrientes
y suponen un inconveniente que se soluciona sometiendo
los productos al calor para bloquearlos o a la
fermentación y germinación para
eliminarlos al 100%. Estas dos últimas
fórmulas además mejoran la biodisponibilidad
de la soja, pues favorecen la absorción
de los nutrientes. «Si al consumir un producto
me quedo con el 50% de sus propiedades, al mejorar
la biodisponibilidad la cifra se puede elevar
un 75%», ilustra Aranceta.
Los niños:
las bebidas de soja no presentan problema para
los adultos porque, aunque conservan ente el 1%
y el 2% de antinutrientes, en una dieta equilibrada
son inocuos. Pero en la población infantil
de hasta los cuatro años sí resulta
contraproducente. «Hay padres que, por ser
vegetarianos o por creencias, tratan de aportar
a los niños las proteínas a través
de preparados de soja. Pero deben adquirirlo por
recomendación facultativa», resalta
Aranceta. Los preparados que se venden en las
farmacias están sometidos a un tratamiento
más intenso que el de los adultos para
eliminar los antinutrientes. Además, por
seguridad, están enriquecidos con yodo,
calcio y demás sustancias. Por si acaso.
Posibles alergias:
hay un número importante de gente
que rechaza la proteína de soja. Las personas
con alergia a la leche de vaca puede que experimenten
la misma reacción ante la leguminosa, aunque
hay muchos menos casos. Los síntomas son
picores, urticaria, taquicardia,
También
puede provocar intolerancia, una especie de malestar
o dificultad digestiva y gases, entre otras reacciones.
La soja transgénica:
esta legumbre fue una de las primeras que se produjo
por medio de manipulación genética
por ser muy resistente a los elementos naturales
que agreden las cosechas. La alteración
genética se realiza con la introducción
de un gen procedente de una nuez de Brasil, muy
alergenizante. Se dan casos de consumidores que
toleran la soja normal y tienen alergia a la transgénica.
Nutricionalmente son lo mismo pero su efecto para
la salud puede ser diferente.
La descarga de la
soja: en la década de los 80, la
descarga de las vainas de soja en el puerto de
Barcelona produjo un brote epidémico por
crisis asmáticas que afectó a centenares
de personas. La intervención administrativa
y judicial sobre el caso han permitido controlar
el riesgo para la población y dilucidar
responsabilidades de todo tipo por un hecho del
que entonces se ignoraba casi todo.
Una legumbre de moda:
el mercado trata de innovar continuamente para
ganarse a sus clientes a través de la curiosidad.
La soja es un producto fácil de vender
a una sociedad preocupada por su salud, por estar
en forma y retrasar el envejecimiento. Además,
como está vinculado al mundo vegetariano,
tiene un cierto prestigio. Es bueno para la salud
pero no imprescindible. No conviene exagerar.
|

La soja, legumbre de moda
Occidente se sube al carro
de su consumo tentado por los buenos indicadores de
salud de los orientales
MARÍA JOSÉ SÁNCHEZ
No hace mucho que le llamaban la carne
de los pobres. La soja, principal fuente de alimentación
de los chinos, se ganó este apelativo por ser
un sustituto saludable y barato de los productos cárnicos.
No en vano tiene un alto contenido en proteínas
pero con la ventaja de que su origen es vegetal. ¿Qué
significa esto? «Que su grasa es beneficiosa para
nuestra salud, o cuando menos, neutra», explica
Javier Aranceta, miembro de la Academia de Ciencias
Médicas.
Durante miles de años esta leguminosa ha sido
la principal fuente de alimentación para los
orientales. Fue después de la segunda Guerra
Mundial cuando sus virtudes traspasaron fronteras. Y
no han tardado en calar en una población que
vive a tope, descansa poco, se alimenta mal y, sobre
todo, se preocupa por cómo repercute todo lo
anterior en su salud. La sociedad occidental confía
hasta tal punto en sus beneficios que comienza a convertirse
en un nutriente omnipresente en infinidad de productos.
No hay marca de yogur que se precie si en una de sus
variedades no incluye la soja. En las estanterías
del supermercado podemos encontrar leche, hamburguesas,
chocolate, salchichas, galletas, brotes de soja, y así
un largo etcétera. Es más, aunque las
plantaciones siguen siendo escasas en España,
su producción se quintuplicó durante el
año pasado. Al igual que se multiplicaron el
número de adeptos a esta leguminosa o a alguno
de sus derivados. Pero la pregunta es: ¿Merece
la soja tener tantos novios?
Lo que no se pude negar es que es una legumbre singular.
Desde el punto de vista nutritivo, conviene recordar
que tiene más grasa que la media de las leguminosas
y más proteínas y cualitativamente mejores
que la carne. Afirmaciones que hay tomar con cuidado.
«La soja no llega a tener al 100% del valor de
la carne el 97%, aunque comercialmente se
diga lo contrario. Eso sí, no tiene grasas saturadas»,
afirma Aranceta. Además, aporta 15 gramos de
fibra por cada 100 gramos. Y por si esto fuera poco,
contiene importantes cantidades de minerales y de vitaminas
E y B. «Es una legumbre interesante que podemos
incluir en nuestra dieta sin ningún problema,
pero siempre y cuando no desplace a ninguno de nuestros
nutrientes», aconseja Abel Mariné, Catedrático
de Nutrición y Bromatología en la Facultad
de Farmacia de la Universidad de Barcelona.
Y no es algo complicado de llevar a cabo dado sus amplias
posibilidades gastronómicas. Como nuestra dieta
hoy en día incluye pocas legumbres un tercio
de lo que comían nuestros abuelos, convendría
tomarla cocida, como una más dentro del menú.
«Son sabrosas y tienen un aporte calórico
importante. Lo único es que tardan mucho hervir»,
resalta Mariné.
Según los expertos, lo que no se debe permitir
es que la soja desplace a otros elementos de la dieta
mediterránea, como la leche de vaca o el aceite
de oliva. «La proteína vegetal que aporta
el aceite de soja tiene un valor nutritivo relativamente
alto. Científicamente es una grasa adecuada porque
es rica en insaturados. Pero no es mejor que el aceite
de oliva. Si uno puede elegir, la nuestra debe seguir
siendo la grasa básica de cualquier dieta»,
aconseja Mariné. «Ambos aceites, en el
mejor de los casos, se pueden complementar».
El mismo consejo se puede aplicar con la mal denominada
leche de soja. «Las bebidas derivadas de esta
legumbre tienen una proteína inferior desde el
punto de vista dietético en comparación
con la de vaca», explica el bromatólogo.
«Es una buena salida para quien no la tolere pero
no es tan buena y contiene menos calcio». Mariné
sentencia: «Si un adulto quiere consumir bebida
de soja tentado por las proteínas vegetales,
puede hacerlo. Ahora, no se puede preconizar que es
mejor porque no es cierto».
Un alimento funcional
La soja tiene una vertiente funcional, un efecto beneficioso
para la salud, que va más allá de la estricta
nutrición: disminuye el riesgo de ciertas patologías.
Concretamente, contiene un importante número
de fitoestrógenos, «una sustancia gemela
a las hormonas femeninas», ilustra Aranceta, muy
positiva para las mujeres en la menopausia. En esa época
disminuyen los estrógenos y aparecen complicaciones
tales como sofocos, pérdida de calcio y de masa
muscular, aumento de la masa corporal...
«Los estrógenos de origen vegetal sustituirán
la producción endógena y modularán
esta sintomatología», cree Aranceta. «No
es la panacea, pero parece que la cosa mejora».
Asimismo, la soja es rica en isoflavonas, un antioxidante
que ralentiza y por lo tanto previene procesos oxidativos
como el cáncer, la diabetes, enfermedades cardiovasculares
etc.
Por todo lo dicho anteriormente, los expertos coinciden
en asegurar que el interés por la soja está
justificado. Pero, ¿en qué medida? Es
en este punto donde hay diversidad de opiniones. «Estimo
que hay una cierta inflación en el fomento de
su consumo. Estamos exagerando un poco», considera
Martiné. «Hay publicidad de la soja porque
hay multinacionales de la soja. Si hubiese multinacionales
del garbanzo, le ocurriría lo mismo». Sin
embargo, Javier Aranceta lo ve más claro. «La
sociedad japonesa sólo se diferencia de la nuestra
en que en su dieta incluye mucha más soja y pescado
que la nuestra. Por lo demás, viven tan acelerados
o más que nosotros, fuman mucho y sin embargo
tienen mejores indicadores de salud. Además,
«las japonesas casi no tienen síntomas
en la menopausia y el número de casos de cáncer
de mama es la tercera parte que en España»,
sostiene Mar Cenzano, diplomada en medicina tradicional
china.
En lo que sí coinciden ambos es en que «si
llevamos una mala dieta, la soja no va a hacer un milagro
por nosotros». «No pasa nada por tomar un
día comida rápida. Pero si lo hacemos
todos los días, la basura será la dieta,
no la hamburguesa», dice Mariné. El experto
lo tiene claro. «Ahora también se ha puesto
de moda enriquecer todo con Omega 3... ¿no sería
más fácil comer sardinas? Los adultos
de promedio deberíamos tomar entre 400 y 600
gramos de fruta y verdura al día. Si hiciéramos
esto, harían falta menos funcionales»,
recuerda. Y sentencia: «Si vamos a prevenirlo
todo, a lo mejor estamos muy sanos, pero seguro que
más aburridos».
|