Australianos rampantes y mangantes

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ÓSCAR CUBILLO. BILBAO

L

a provincia está llena de heavies. Bilbao amaneció el viernes llena de melenudos vestidos de negro con camisetas de motivos autoafirmantes que merodeaban buscando sitios donde avituallarse o buscando simplemente las colas de los autobuses para subir al recinto y al camping, un sistema de transporte que chirría por todos los lados, se colapsa a la mínima y anula de un plumazo la independencia que se les supone a los rockeros. Bueno, siempre podremos subir en taxi... pero a los conductores no les gustan las pintas de los fans del heavy y no les paran. No es broma. 

El monte Cobetas estaba lleno de heavies desde la tarde calurosa. La peña temía la llegada de un frente de calor africano y bajo un sol de justicia, frisando los 30 grados, sin posibilidad de refugiarse en la sombra del alto escenario, los australianos Airbourne lanzaron su high voltage rock and roll en la escuela de sus paisanos AC/DC. Airbourne constituyen el combo de rock duro con la fórmula más transversal de los dos días de cartel kobetasónico y demostraron que aspiran al estrellato en una sesión corta, intensa, en la que la manada heavy (ya más semejante a una manada de bisontes que a los borregos en que nos convierten a todos para subir en bus o al registrarnos en la entrada para comprobar si llevamos comida o bebida; esto de los festivales está degenerando tanto como el fútbol, oigan) se entregó dando palmas, poniendo cuernos, haciendo air guitar (ya saben, simular que se toca una guitarra invisible con la efusividad de Teg Nugent vestido con taparrabos) y meneando las cabezas con violencia.

Airbourne se foguearon durante tres años y medio en Melbourne, y ya se han instalado en USA para ver si suena la flauta y se convierten en las estrellas del rock que siempre han deseado ser. Estos veinteañeros gastan unas pintas de vagos y maleantes que se ajustan a la realidad, como cuenta este mes su batería a la revista Ruta 66: "En los seis primeros meses en Melbourne vivíamos del paro. No teníamos tiempo de conseguir un empleo porque estábamos concentrados en la música. Teníamos que vivir prácticamente sin dinero. Vivíamos básicamente a pan y agua. Siempre queríamos tomar un buen trago, pero lo único que podíamos permitirnos era vino barato en tetrabrik. Salíamos de fiesta por Melbourne con vino barato y sin dinero, y en la noche encontrábamos las mujeres más baratas. Estábamos en lo más bajo de la cadena alimenticia".

En Cobetas, en el escenario grande, tocaron esa canción de esos viejos tiempos: 'Cheap Wine And Cheaper Women' (Vino barato y mujeres más baratas). El título hace justicia a su rock de alto voltaje (repetimos ahora en castellano, con jota) heredero de los primeros AC/DC, los de Bon Scott, el primer cantante que murió ahogado por su propio vómito durante una borrachera. Un rock con el tempo suspendido y la bravuconería rampante, un rock mangante, macarra y machista que canta a las chicas descaradas y a la bebida masculina. Y la peña se sumaba a la celebración. El aire vibraba por los graves del bajo, los altavoces crepitaban por los agudos de las guitarras, la batería golpeaba como los pasos de un gran saurio, el líder gastaba una garganta ronca y aguardentosa y se entretenía agitando latas de cerveza que arrojaba contra el público como si fueran morterazos, el sol pegaba sin piedad, los músicos australianos se encorvaban a la manera de Malcolm Young (el hacha rítmica de AC/DC), la peña se sabía las canciones (cómo coreaba en 'Too Much, Too Young, Too Fast') y los arreglos (cómo gritaba hey-hey-hey puño en alto en 'Running Wild'), y los amplificadores Marshall erigían un murito al final del tablado. Los Airbourne dijeron que ése era su primer show en España, que estaban encantados de hallarse entre nosotros... y nosotros damos por una vez pábulo a rumor que los vuelve a situar en el Azkena Rock Festival vitoriano en septiembre. Molará repetir.