|
|
JOSU OLARTE. BILBAO
S
egún la estimación oficial, alrededor de 12.300 personas se 'estabularon' el viernes sobre el pesebre en que se transformaron los escenarios de Kobetamendi después de que, como el año pasado, la organización tuviera la buena idea de cubrir con paja el barro ocasionado por la lluvia matinal. La cifra es aproximadamente la mitad que la de la primera jornada del año pasado; cosas de la crisis, el mal tiempo y un cartel con bandas estimables, aunque menos populistas.
Con vitola de presunta estrella de la jornada inaugural llegaba el ostentoso y mediático rockero norteamericano Marilyn Manson, embarcado en la gira europea de presentación de 'The High End of Low', reciente álbum de reencuentro con el ayer guitarrista Twiggy Ramírez y vendido por su autor como el vuelo de Ave Fénix; una 'resurreción' comparable a lo más heavy y violento de su carrera. La calificación que suena casi a broma cuando se asiste a la ceremonia del otro Anticristo Superstar tras el apisonador bolo de Machine Head.
Hasta hace no mucho, esa grotesca y maligna criatura de rostro cubista y estrábica mirada bicolor era el instrumento de un fustigador de la moral convencional, el fundamentalismo cristiano y la autoridad asociada a la América más pacata, que le convirtió en símbolo de todos sus males. Tras las gruesas referencias a la muerte, la violencia y Dios se ocultaba un provocador demonizado, consciente de su influencia y con un encefalogramana nada plano. El Brian Warner actual de argumentos a quienes siempre le han visto como un embaucador que recicla con barniz moderno los tópicos del shock y el goth rock, del glam y del universo del heavy oscuro filosatánico. Y es que Manson ha acabado por reducir esas referencias a una circense pantomima gótico-metálica.
Puede que aún dé el pego en sus discos y entrevistas, pero su 'rocky horror show' ya no asusta ni a los adolescentes más impresionables. El del viernes noche en Cobetas fue el peor de su tres bolos bilbaínos. No tuvo ni el efectivismo visual del hace nueve años en La Casilla, ni la solidez de hace dos en el BEC.
Sin vergüenza torera
Con kilos de más y falto de motivación, fuelle y vergüenza torera se mostró ayer en la novena parada de su gira europea. Con un cuarto de hora de retraso y después de dos minutos de lúgrubew intro neoclásica distorsionada con ruidismo crujiente, apareció Marilyn Manson tocando con tricornio pirata y levitó como un Jack Sparrow fantasmal. Tras dos muestras iniciáticas de su nuevo trabajo, 'Four Dusted Horses', y la censurada en EE UU 'Pretty as a Svastika', recibidas con frialdad por el personal, llegó el primero del rosario parones y balbuceos de sus propias canciones. Aparecen dos asistentes que maquillan y quitan el sudor al 'freak'. "Pero este tío es marica o qué", se arranca un heavy cercano. Acto seguido le ofrecen con inútil disimulo su inhalador de oxígeno. Antes Marilyn pedía las bombonas de aire en el camerino, ahoar parece que las precisa en escena.
Las guitarras rampantes y la pulsión industriosa de la maquinal 'Disposable Teens' parecen recordar al viejo Manson pero es sólo un espejismo. Nuevo parón. ahora se quita la levita y luce camiseta sin mangas decorada con hoja de afeitar que evidencia que ya no es la criatura alargada, esquelética y sinuosa de antaño. "Si esta foto, el cabrón...", se mofa un tío con camiseta de In Flames.
Con casco alemán MM emula los días en que aún inquietaba con 'Irresponsable Hate Anthem', de 'Antichrist Superstar', la maquinal 'The Love Song', y el mejor momento de su trabajo 'Arma-good n mother f kin-gendon',que dramatiza con proyecciones de dólares a modo de estandartes neonazis y que, por un momento, le convierte el primo travestido de su colega Trent Reznor: Su banda sigue sonando sólida, pero contenida por panoplia y falta de fuella y actitud del chamán.
Recurriendo a focos de cine, claquetas y maquillaje en escena, se supone que Manson había preparado una parodia de la sociedad mediática pero el personal pasaba de su teatro vampirizado con viejos trucos, salpicado de 'mother fuckings' y voces pregrabadas que restaban dinamismo. Además Marilyn alargaba los parones con peticiones continuas de botellas de agua y no dejaba de escupir, difuminando su pintalabios como vampiro después de un atracón sanguinolento. Con la nueva 'Leave a Scar' Manson no dejó cicatrices sino que se encarnó en un sucedáneo del Bowie de Ziggy Stardust para, enclaustrado de blanco riguroso en un cubo, con neones, dramatizar aquel 'Great Big White World'.
Más maquillaje, oxígeno, secado de sudor... Sueltan al lado un "esto es insufrible" que se oye porque entre tema y tema la frialdad esta cercana al silencio. Lo que mosquea a Mr Warner: "¡Es que no sabéis chillar, cabrones! Me voy a tener que ir al camerino a drogarme y tirarme alguna tía para pasarlo bien", nos suelta antes de la sintética 'The Dope Show', de 'Mechanical Animal' y emular a Bauhaus con la novedos, ochentera y levemente disco 'Wow'.
A estas alturas a Manson ya no le salvan ni sus otras (buenas) versiones qeu empalma sin chicha.
Risas entre el púbico
'Sweet dreams' de Euryhtmics da paso al rock and roll nigger de Patti Smith. La cosa tenía un pase, hasta que le da por hacer el paripé con la guitarra de Twiggy, al que cede el micro. Es su manera de celebrar el cumpleaños del hoy guitarrista. Lo recuerda con una pancarta que se calza como capa. Ni por esas reacciona el personal. A Marilyn le da por pedir a la gente que chille 'Pain-Spain' para el bis final- "este capullo no sabe dónde está"-, comenta uno-. Dos minutos más de atonía general y 'Beautiful People' completan poco más de una hora de grotesco vodevil que sigue teniendo el espectáculo, pero en el sentido más predecible y ridículo de la palabra. Al menos la gente no se lo tomó a broma e hizo risas. "¡Vago, caradura, maricón, dedícate a pintar; vaya mierda!", le gritaban. Puede que el título de su nuevo álbum augure un final grandioso, pero Manson va camino de renacer convertido en un personaje inofensivo, irrelevante, predecible y prescindible. Carne de cañón.