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Han escrito los mejores riffs de la historia, compartido escenario con artistas desde Ozzy hasta Murphy's Law y han vendido más de 200.000 discos, sin promoción alguna, antes de ser fichados por un sello discográfico. Han destrozado estudios de grabación, dejado la basura en habitaciones de hoteles y han mostrado los detalles de unos tiempos difíciles.
Hatebreed no es un grupo. Es un movimiento. Han tocado con artistas como Slayer o Murphy's Law. Hatebreed no sólo se representan a ellos, son el molde que rompe con cualquier estandarte dentro de la escena del underground hardcore: héroes con pintura de guerra que se abren paso entre la muchedumbre y los soldados que gritan por detrás. Hatebreed es la voz colectiva de "los otros" – los hundidos, los sin posesión alguna que siempre alzan la antorcha para todos aquellos que hayan sido apartados.
"Los chavales se me acercan después de un concierto, en todo el mundo – incluso en lugares en los que no predomina el inglés," dice Jamey. "Hubo chavales en Grecia llorando, cogiéndome la mano, diciendo, 'Te siento como si fueras mi hermano.' Los chavales se tatúan nuestras letras en su cuerpo en todo el mundo."
El sonido de Hatebreed puede clasificarse como metalcore, recibiendo influencias del death metal y groove metal. Con su último álbum, “Supremacy”, manifiestan su objetivo de demostrar su fama de bestias del directo en sus poderosos conciertos.