Herencia griega
PATRAS. La ciudad del golfo de Corinto
aprovecha el tirón de la capitalidad europea
de la cultura para exhibir su pasado
ENRIQUE SANCHO
Poco podía imaginar la actriz, y por aquellos
tiempos ministra de Cultura de Grecia,
Melina Mercouri, que su idea de crear cada
año una Capital Europa de la Cultura se consolidaría
como una de las mejores propuestas
culturales y turísticas del viejo continente.
Y que tres ciudades de su país ostentarían
este título en los 21 años de trayectoria
de la iniciativa. Este año le corresponde a
Patras, una de las tres mayores ciudades
griegas, que hasta ahora se había distinguido
como un importante centro comercial
e industrial, destacando en la fabricación
de ladrillos y azulejos, en la industria alimenticia,
naval y textil y en exportaciones
de pasas de Corinto, vino, aceite de oliva,
cítricos y curtidos.
Miles de viajeros acuden este año a Patras
con otros intereses y no resultarán extraños
en esta ciudad que a lo largo de su historia
ha visto pasar a romanos, venecianos, otomanos
y turcos. Curiosamente, su independencia
supuso también la destrucción casi
total de la ciudad en 1828. Aunque algunos
restos todavía recuerdan su pasado: el acueducto
romano, el cementerio de Constantino,
el anfiteatro, el puente de Pausania o los
baños turcos, construidos en torno a 1400.
A 210 kilómetros de Atenas, Patras es, ante
todo, una ciudad de paso. Está anclada en el
golfo de Corinto, aquel en el que Cervantes
perdió su mano izquierda luchando contra
los turcos y el mismo desde el que ahora parten
hacia las islas Jónicas o la Grecia continental
millones de turistas que han llegado
en ferries desde Italia y el Adriático. Quedan
atrás los tiempos en que su puerto era uno
de los más activos de Europa y el comercio
de la uva hizo de ella uno de los enclaves más
prósperos de Grecia. De aquella época queda
algún recuerdo en sus edificios neoclásicos
que acaban de ser restaurados.
Tradicional y moderna
La ciudad se divide claramente en dos partes.
La alta es la más antigua y tradicional;
la baja, más moderna y animada. Entre ambas,
infinitas callejas y escaleras que con el
buen tiempo se pueblan con mesitas y terrazas
muy animadas. El monumento más destacado
es la iglesia de San Andrés, santo que
allí murió crucificado y algunas de cuyas
reliquias se exhiben en el templo, considerado
el mayor de los Balcanes y centro de
peregrinación para muchos cristianos.
En un extremo del paseo marítimo se
levanta el faro, cuya cafetería, situada sobre
el mar, es uno de los centros más vitales de
la ciudad, especialmente para los jóvenes.
Junto al mar están también las antiguas
naves y factorías que cerraron a finales de
los ochenta y durante los noventa, y hoy se
han reconvertido en centros de exposición o
en locales que acogen actividades lúdicas y
culturales. Algunos de estos antiguos pabellones,
como la rebautizada fábrica del arte, acogen
las actividades previstas con motivo de
la capitalidad cultural.
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| RELIQUIA. La monumental iglesia de San Andrés, centro de peregrinación de los católicos. / E. SANCHO |
Subiendo hacia la parte alta se encuentra
Ypsilá Alónia, la plaza más bonita de Patras
y también una de las más vivas. Situada en
lo alto de una colina, las sombras de sus árboles
hacen especialmente agradables las terrazas
de las pastelerías, cafeterías y tabernas
que la rodean. Es el lugar perfecto para beber
un buen ouzo y probar las pitas o los sabrosos
pasteles.
El punto más alto de la ciudad, desde el
que se obtiene una espléndida panorámica,
es el castro, construido hacia el año 551 después
de Cristo, que reposa sobre los restos
de la antigua Acrópolis. Cerca se encuentra
otro resto antiguo, el Odeón romano, anterior
al de Atenas (160 años antes de Cristo),
que acogerá varios de los eventos de la capitalidad.
Para recordar el largo pasado turco
de Patras, vale la pena una visita al hamah,
uno de los pocos baños de Europa que aún
funciona tanto para hombres como para
mujeres.
La Patras del siglo XXI está representada
por el enorme puente de cableado de Harilaos
Trikoupis, que une las localidades de
Rio y Antrillo, separadas por el istmo de
Corinto. Mide 2.252 metros y se han tardado
42 años en su construcción. Se terminó a tiempo
para los Juegos Olímpicos de Atenas y
para las celebraciones de 2006 y es la puerta
de entrada al Peloponeso.
Pese a su pasado industrial y cierto aire
decadente, Patras se ha volcado en el que debe
ser su gran año.Aunque a los cuatro días de
iniciar su capitalidad se quedó sin director
artístico, tras la renuncia del compositor Thanos
Mikroutsikos por errores de organización
y planificación, recuperó el pulso con
rapidez y se volcó con los primeros de los más
de 150 actos previstos, que contemplaban una
magnífica exposición sobre Leonardo da Vinci,
un concierto de la Sinfónica de Patras y
una serie de muestras y celebraciones dedicadas
al mundo del cine.
Patras quiere prestar atención a los niños
mediante el denominado Primer Festival de
Arte. Con una doble dimensión de educación
y de arte puro y duro, el certamen pretende
convertirse en uno de los más completos y
apasionantes de este tipo en toda Europa.
Ocio y negocio
La proclamación de diversas ciudades
como Capitales Europeas de la Cultura es
uno de los mejores inventos promocionales
que se hayan creado. Permite crear o
consolidar infraestructuras, estimula la
imaginación creativa, impulsa el turismo,
comunica ideas y tendencias y, naturalmente,
genera negocio. Pero al hilo de esta
gran iniciativa que puso en marcha Melina
Mercouri hace 21 años han ido surgiendo
imitaciones no siempre afortunadas
y, también, listillos que han sabido
sacar su propia tajada del asunto. Hace
poco tiempo provocó cierto escándalo que
un promotor español ofreciera el título de
‘capital americana de la cultura’ a Mérida
(México) a cambio de cuatro millones de
pesos, o que el mismo personaje lograra
que las Baleares se convirtieran en ‘región
europea del año’, por un importe de unos
425.000 dólares.
Ya existen, también, la capital de la cultura
catalana, la capital brasileira de la
cultura, la capital árabe de la cultura y
varios países como Portugal, Canadá y
Rusia tienen sus propias capitales culturales
cada año. Lo último que se ha puesto
en marcha para 2006 es la competencia
por la capital de la cultura española. El
problema es que tanta cultura y tanta capital
pueden provocar saturación y desvalorizar
la idea primitiva. |