Junio de 2006. ESPECIAL COMERCIAL 

 
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HORIZONTE. Los alminares y las cúpulas sobresalen sobre las apacibles callejuelas de la ciudad. / FOTOS: MOHAMED EZZEDDINE
Murallas y minaretes
KHIVA. Las incontables mezquitas son parte del encanto de esta joya arquitectónica medieval en Uzbekistán

MOHAMED EZZEDDINE

Es difícil comparar a la ciudad de Khiva con cualquier otra de su época, ya que es la única urbe medieval del Asia Central que se ha conservado intacta. Su historia comienza hace mil años, siendo reconstruida una vez tras otra como resultado de las sucesivas destrucciones ocasionadas por las numerosas guerras entre los clanes que gobernaban la región. Khiva, un excelente museo natural, está ubicada en el centro del oasis que lleva su nombre, a orillas de uno de los ríos más famosos del Asia Central, el Amudanya, que cruza los desiertos de esta árida región y desemboca en el agonizante mar de Aral.

La ciudad pronto ocuparía un lugar destacado en la Historia a partir del siglo X cuando el califa abbassida Al-Mamún trasladó su capital desde Bagdad hasta Khiva. El lugar se convirtió entonces en el centro cultural, social y científico de un vasto imperio. La academia de ciencias de Al Mamún tuvo como profesores en sus aulas a Abicena y el Bairuni, incluso a Omar El Khayam, el célebre astrólogo persa, que dio clases durante tres años en estas aulas. La ciudad conservó su gloria hasta finales del siglo XIV, exactamente hasta 1388, cuando Tamerlan, un hombre poco culto y con escasa afinidad hacia las ciencias, la ocupó y mandó destruirla.

El conjunto urbano se halla rodeado por una gran muralla de 10 metros de altura; cada 30 metros se eleva una torre central, formando dos avenidas perpendiculares que cruzan la ciudad enlazando así las cuatro puertas. De estas dos calles principales se bifurcan las callejuelas angostas que conducen a los barrios residenciales en el centro. En el lugar en el que se cruzan ambas avenidas se vislumbra una gran plaza, considerada una joya arquitectónica, ya que alrededor de la misma se levantan los edificios emblemáticos y grandiosos de Khiva.

En la plaza destacan la mezquita del viernes, la madrasa del Shirgazi y un total de 20 edificios que contribuyen a la armonía y belleza del lugar. Al sur de la plaza se eleva el minarete Kartaminar, que no pudo quedar completado. La torre del muecín iba a ser el alminar más alto el mundo oriental, con 70 metros de altura, pero se quedó con menos de la mitad, 34 metros. Khiva es célebre por sus torres y nada más acercarse a la ciudad es posible divisar una increíble panorámica, una sucesión de minaretes distantes 200 metros unos de otros. El más alto, el de Isllamkoja, mide 44,5 metros de altura y 9,5 de ancho.

En el Asia central, sólo esta ciudad conserva un número tan elevado de minaretes de diferentes alturas y estilos arquitectónicos. Todos ellos se hallan cubiertos de mosaicos de colores azul, verde y amarillo en distintos tonos y la decoración subraya la singularidad de cada torre.

La ciudad constituye un único conjunto arquitectónico que refleja la filosofía de los arquitectos de la Edad Media. Los constructores se ocuparon de crear una unión completa de formas con la armonía como objetivo principal, sin alterar sus diversos criterios. El genio y la habilidad de los ingenieros se manifiesta en cada rincón de la ciudad, lo que refleja con certeza el alto nivel cultural y de sabiduría de tales genios.

LEER Y VIAJAR




‘Moscú y San Petersburgo’
EN RUTA. Treinta y tres itinerarios agrupados por zonas para ahorrar desplazamientos y pérdidas de tiempo al visitar ambas ciudades imperiales. La guía incluye información sobre hoteles y restaurantes y evita caer en contratiempos por el desconocimiento del idioma, ya que un vocabulario gastronómico y un glosario con los términos más habituales en ruso facilitarán un rápido y buen entendimiento. Los monumentos, las obras de arte, los restos arqueológicos que quedan en la ciudad y las visitas de interés están calificadas con una o dos estrellas para que el visitante no pase de alto los lugares que merecen la pena y los que son de visita imprescindible.
Anaya. 25 euros.




‘Entre rusos’

AL DÍA. Uno de los grandes sueños de Colin Thubron era viajar libremente por el inmenso territorio de la hoy extinta Unión Soviética. Así, aprendió ruso y entró en el país en un vetusto ‘Morris Marina’ con el que recorrió más de quince mil kilómetros entre el Báltico y el Cáucaso. A su paso por los centros urbanos de Leningrado, Moscú o Kiev conoció a personajes tan variopintos como aquellos que salían a su encuentro en las recónditas aldeas de las blancas estepas del norte. El resultado es un fascinante retrato de los hombres y mujeres que habitan una tierra de gran hermosura.
Altair. 15 euros.




‘Madre Volga’

ANÁLISIS. Manuel Leguineche recorre la turbulenta Rusia del siglo XX a bordo del ‘Esenin’, siguiendo el curso del Volga, el río-historia en el que se creó la nación rusa, que ha visto nacer y desaparecer civilizaciones; río-literatura, río-leyenda interpretado por poetas, músicos de violín y balalaica, compositores, cineastas o escritores, y recorrido por ladrones, piratas, aventureros, soldados y guerreros. ‘Madre Volga’ es un mosaico, a medio camino entre el gran reportaje, la anécdota sobre el terreno, la reflexión política, la aventura personal y el diario del atento
viajero.
Seix Barral. 30 euros.