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| HORIZONTE. Los alminares y las cúpulas sobresalen sobre las apacibles callejuelas de la ciudad. / FOTOS: MOHAMED EZZEDDINE |
Murallas y minaretes
KHIVA. Las
incontables
mezquitas son parte
del encanto de esta
joya arquitectónica
medieval en
Uzbekistán
MOHAMED EZZEDDINE
Es difícil comparar a la ciudad de Khiva con
cualquier otra de su época, ya que es la única
urbe medieval del Asia Central que se ha
conservado intacta. Su historia comienza
hace mil años, siendo reconstruida una vez
tras otra como resultado de las sucesivas
destrucciones ocasionadas por las numerosas
guerras entre los clanes que gobernaban
la región. Khiva, un excelente museo
natural, está ubicada en el centro del oasis
que lleva su nombre, a orillas de uno de los
ríos más famosos del Asia Central, el Amudanya,
que cruza los desiertos de esta árida
región y desemboca en el agonizante mar
de Aral.
La ciudad pronto ocuparía un lugar destacado
en la Historia a partir del siglo X
cuando el califa abbassida Al-Mamún trasladó
su capital desde Bagdad hasta Khiva.
El lugar se convirtió entonces en el centro
cultural, social y científico de un vasto imperio.
La academia de ciencias de Al Mamún
tuvo como profesores en sus aulas a Abicena
y el Bairuni, incluso a Omar El Khayam,
el célebre astrólogo persa, que dio clases
durante tres años en estas aulas. La ciudad
conservó su gloria hasta finales del siglo
XIV, exactamente hasta 1388, cuando Tamerlan,
un hombre poco culto y con escasa afinidad
hacia las ciencias, la ocupó y mandó
destruirla.
El conjunto urbano se halla rodeado por
una gran muralla de 10 metros de altura;
cada 30 metros se eleva una torre central,
formando dos avenidas perpendiculares que
cruzan la ciudad enlazando así las cuatro
puertas. De estas dos calles principales se
bifurcan las callejuelas angostas que conducen
a los barrios residenciales en el centro.
En el lugar en el que se cruzan ambas
avenidas se vislumbra una gran plaza, considerada
una joya arquitectónica, ya que
alrededor de la misma se levantan los edificios
emblemáticos y grandiosos de Khiva.
En la plaza destacan la mezquita del viernes,
la madrasa del Shirgazi y un total de 20
edificios que contribuyen a la armonía y
belleza del lugar. Al sur de la plaza se eleva
el minarete Kartaminar, que no pudo quedar
completado. La torre del muecín iba a
ser el alminar más alto el mundo oriental,
con 70 metros de altura, pero se quedó con
menos de la mitad, 34 metros. Khiva es célebre
por sus torres y nada más acercarse a
la ciudad es posible divisar una increíble
panorámica, una sucesión de minaretes distantes
200 metros unos de otros. El más alto,
el de Isllamkoja, mide 44,5 metros de altura
y 9,5 de ancho.
En el Asia central, sólo esta ciudad conserva
un número tan elevado de minaretes
de diferentes alturas y estilos arquitectónicos.
Todos ellos se hallan cubiertos de mosaicos
de colores azul, verde y amarillo en distintos
tonos y la decoración subraya la singularidad
de cada torre.
La ciudad constituye un único conjunto
arquitectónico que refleja la filosofía de los
arquitectos de la Edad Media. Los constructores
se ocuparon de crear una unión completa
de formas con la armonía como objetivo
principal, sin alterar sus diversos criterios.
El genio y la habilidad de los
ingenieros se manifiesta en cada rincón de
la ciudad, lo que refleja con certeza el alto
nivel cultural y de sabiduría de tales genios.
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‘Moscú y San
Petersburgo’
EN RUTA. Treinta y tres itinerarios
agrupados por zonas para
ahorrar desplazamientos y pérdidas
de tiempo al visitar ambas ciudades
imperiales. La guía incluye
información sobre
hoteles y
restaurantes y
evita caer en
contratiempos
por el desconocimiento
del
idioma, ya que
un vocabulario
gastronómico y
un glosario con
los términos
más habituales
en ruso facilitarán un rápido y
buen entendimiento. Los monumentos,
las obras de arte, los restos
arqueológicos que quedan en
la ciudad y las visitas de interés
están calificadas con una o dos
estrellas para que el visitante no
pase de alto los lugares que merecen
la pena y los que son de visita
imprescindible.
Anaya. 25 euros.
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‘Entre rusos’
AL DÍA. Uno de los grandes sueños
de Colin Thubron era viajar
libremente por el inmenso territorio
de la hoy extinta Unión Soviética.
Así, aprendió ruso y entró en
el país en un
vetusto ‘Morris
Marina’ con el
que recorrió
más de quince
mil kilómetros
entre el Báltico
y el Cáucaso. A
su paso por los
centros urbanos
de Leningrado,
Moscú o Kiev conoció a personajes
tan variopintos como aquellos que
salían a su encuentro en las recónditas
aldeas de las blancas estepas
del norte. El resultado es un fascinante
retrato de los hombres y
mujeres que habitan una tierra de
gran hermosura.
Altair. 15 euros.
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‘Madre Volga’
ANÁLISIS. Manuel Leguineche
recorre la turbulenta Rusia del siglo
XX a bordo del ‘Esenin’, siguiendo
el curso del Volga, el río-historia en
el que se creó la nación rusa, que
ha visto nacer y desaparecer civilizaciones;
río-literatura, río-leyenda
interpretado
por poetas, músicos
de violín y
balalaica, compositores,
cineastas
o escritores, y
recorrido por ladrones,
piratas,
aventureros, soldados
y guerreros.
‘Madre Volga’
es un mosaico,
a medio camino entre el gran
reportaje, la anécdota sobre el terreno,
la reflexión política, la aventura
personal y el diario del atento
viajero.
Seix Barral. 30 euros.
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