| |
 |
|
Atractivos
La Siberia se encuentra flanqueada por
las interesantes comarcas de Las Villuercas
y La Serena, a escasos kilómetros de
la monumental Trujillo. La mejor forma
de llegar es a través de la Nacional V, que
comunica Madrid con Lisboa.
Más información
Mancomunidad de Servicios de Cíjara:
924 65 00 060
|
Siberia extremeña
CÍJARA. La frontera de Cáceres y
Badajoz oculta una de las comarcas mejor
conservadas y más desconocidas de España
ENRIQUE SANCHO
Escondida entre las sierras que unen Cáceres
y Badajoz, atravesada por el Guadiana,
que se retiene, remolón, formando grandes
pantanos y visitada por cientos de especies
de aves y caza que encuentran abrigo en su
Reserva Nacional, Cíjara ha permanecido
casi inmutable con el paso de los siglos. La
naturaleza y el hombre han establecido aquí
una rara armonía en la que predomina el
respeto al pasado y la tradición, a lo puro y
lo auténtico, pero que mira también hacia
adelante, que trata de mostrar esta joya a
los viajeros y de estimular un turismo alternativo
capaz de apreciar los tesoros naturales,
históricos, artísticos y culturales que
ofrece la zona.
Esta región, que forma parte de lo que se
ha dado en llamar la Siberia extremeña, conserva
muchos de los restos de la larga y
fecunda historia que por aquí ha transitado.
Celtas, vettones y lusitanos fueron sus
primeros pobladores. Esta tierra de profundos
contrastes posee una densa historia
que a cada paso se pone de manifiesto. Los
campos y las villas de la comarca fueron
señoríos del poderoso Maestre de Alcántara,
Gutiérrez de Sotomayor, para pasar posteriormente
a los duques de Osuna.
Por donación de Felipe II, buena parte de
este terreno estuvo tradicionalmente en
poder del monasterio de El Escorial, hasta
las desamortizaciones del siglo XIX. Su
aspecto ha permanecido casi inalterado con
el paso del tiempo, lo mismo ha sucedido
con sus costumbres, gastronomía y tradiciones.
Los pueblos y su historia, la cultura
y la naturaleza cabalgan en libertad y
armonía en estos parajes que alternan las
inmensas llanuras con las sierras, la dehesa
con los pastizales semi-esteparios que terminan
entregándose a los humedales, hoy
día reconocidos internacionalmente como
los más importantes, equiparables a los de
Doñana y a las Tablas de Daimiel.
Los pueblos de la comarca, con nombres
tan sonoros como Castilblanco, Valdecaballeros,
Peloche, Fuenlabrada y Bohonal de
los Montes, Herrera del Duque, Helechosa
de los Montes, Peloche o Villarta de los Montes,
muestran los restos de su pasado romano
y árabe, los castillos y ermitas medievales,
las iglesias góticas y barrocas, sus
balnearios decimonónicos y sus pueblos
actuales.
Aunque sus habitantes se muestran muy
orgullosos del apelativo de Siberia extremeña
y lo vinculan al nombre de la península
(Iberia), no parece el más adecuado silvescara
a la promoción turística. Tampoco está
claro su origen que viene, al menos de 1920.
La Siberia extremeña, denominada en
ambientes menos populares comarca de Los
Montes, parece que recibe su apelativo no
de la crudeza del clima –más riguroso que
en el conjunto regional–, sino por su lejanía
de los centros administrativos y al aislamiento
que históricamente ha sufrido, como
consecuencia de sus deficientes vías de
comunicación. Su escasa población, con apenas
10 habitantes por kilómetro cuadrado,
también favorece la similitud con la más
dura estepa rusa.
Este aislamiento ha permitido, sin embargo,
que el ecosistema se haya conservado inalterable. Su suelo es pizarroso y poco
profundo, poblado de amplios horizontes y
agreste belleza,matizado por grandes masas
de pinos y eucaliptos que circundan los grandes
embalses que jalonan el cauce del Guadiana
y sus afluentes. En su extremo norte,
dispone de grandes recursos forestales, principalmente
pinos de repoblación.
Una región de bosques, cañadas, serranías
y lagos, donde abundan el ciervo, el
jabalí, la perdiz, el conejo y la liebre –su
caza es una de las fuentes de riqueza–, y
donde la pesca del lucio, la carpa y el barbo
constituye una tradición popular. Los
abundantes pastos se llenaban de ganado
bovino en el invierno en tiempos de la Mesta,
cuando, por el puente medieval cercano
a Villarta de los Montes, hoy anegado por
el embalse del Cíjara, se daba entrada al
mayor número de ganados de toda España.
Las ovejas de Castilla y León se alimentaban
en los pastizales y los animales plagaban
los bosques.
Carácter dulce
 |
| ENTRE NIEBLAS. El Guadiana, represado a lo largo de su paso por Extremadura, da vida y verdor a una comarca menos árida de lo que suponen los visitantes. / FOTOGRAFÍAS: ENRIQUE SANCHO |
Las ‘llanuras’ artificiales del agua han marcado
el paisaje de una forma espectacular
en estas comarcas pacenses. Los embalses
de Cíjara, García Sola, La Serena y Orellana
forman la mayor extensión de agua dulce
de la península. El agua endulza y añade
hermosura a estos lugares que antaño fueron
yermos y tierras de destierro. Cuentan
las gentes y los escritos que estos lugares
fueron recorridos por pueblos que daban
sentido mitológico a la aguas. Anas, diosa
tartessa que equivale a la palabra ‘río’, puede
ser el origen que da nombre al Guadiana,
el cauce introvertido, que aparece y desaparece
jugando al escondite, pero siempre
regala senderos y riberas para que le siga
Siberia extremeña
el caminante.
Pero en esta amplia superficie, con una
baja densidad de población, las auténticas
reinas son la flora y la fauna. Esta es la tierra
de la jara y el tomillo, de la cigarra y el
águila. Es tierra de encinas, alcornoques y
acebuches; de eucaliptos, pinos y castaños.
Aquí florecen los lirios campestres, la rosa
de peonía, la campanilla de otoño, el cadillo
y la amapola. Los amantes de las hierbas
aromáticas y especias encontrarán a cada
paso, orégano, azafrán silvestre, ajo silvestre, altramuz, poleo, tomillo y trébol.
Naturalmente, un entono tan privilegiado,
atrae a una variada fauna de todos los
tamaños. Desde el lince ibérico, el jabalí y
el corzo, al conejo, la liebre, el erizo o el lirón.
Sin olvidar el ciervo, el gamo, el gato montés,
la jineta, el tejón o el zorro. La Reserva Regional de Caza de Cíjara, que ocupa buena
parte de la comarca, es una de las más
grandes y variadas de España y la cercanía
de los pantanos de Puerto Peña y Cíjara permite
atraer a todo tipo de aves que aquí
encuentran un paraíso para sus subsistencia:
buitres leonados, grullas, cigüeñas negras, alimoches…
Las aguas de esos pantanos están pobladas
de barbos, carpas, lucios, basses, percasol
y alburno. Cazadores, pescadores, ornitólogos
y amantes de la naturaleza no tendrán
tiempo de aburrirse en Cíjara. La
llegada puntual de las grullas desde el norte
europeo viajando miles de kilómetros,
marca cada año el inicio del invierno. En
las dehesas pobladas de encinas y en los
humedales, encuentran sus dormideros y
su alimento formando poblaciones que llegan
a alcanzar los 50.000 ejemplares en la
región.
Pueblo a pueblo
 |
| VIDA. La dehesa extremeña es rica en fauna ibérica, como el ciervo. |
Aunque la naturaleza se impone en estas
tierras de Extremadura, sus pueblos también
merecen una visita, aunque sólo sea
para estar en contacto con sus gentes, que
reciben con cariño al viajero. Un buen inicio
de la ruta puede ser Valdecaballeros, tal
vez el pueblo más conocido de la región ya
en las cercanías de la Sierra de la Chimenea,
entre hermosos encinares y monte bajo.
De su antiguo pasado dan fe, en su iglesia
parroquial, dos piedras con sendas inscripciones
romanas, una de ellas del emperador
Domiciano, fácilmente legible, y la
otra de Vespasiano, más complicada de leer.
Su principal monumento es la iglesia de San
Miguel Arcángel, del siglo XV y curioso
ejemplar de templo rústico extremeño. En
sus proximidades está el balneario de Valdefernando,
importante centro termal.
Castilblanco, población ribereña en la que
aún se pueden encontrar construcciones de
influencia árabe, sobre todo en los barrios
denominados Picocerro y Perchel, donde
abundan las fachadas blancas de casas con
pequeñas ventanas y tejas árabes.
Villarta de los Montes se alza en las laderas
de la Sierra de la Umbría y destaca por
las cascadas del valle del Castañar,las Hoces
del Guadiana y El Robledillo.
En Herrera del Duque, que debe su nombre
a que durante muchos años fue señorío
de los duques de Osuna, se pueden observar
grandes casas solariegas con impresionantes
fachadas de gran valor artístico.
Peloche, junto al embalse de García Sola,
es ideal para los deportes de agua. A escasos
kilómetros se encuentran unas interesantes
pinturas rupestres.
|