 |
DECORACIÓN. El Parador de Vic
posee el ambiente de una masía de lujo. / EL CORREO
|
Cómo
llegar: El parador está a 14 kilómetros
de Vic, entre este municipio y Roda de Ter. Las dos carreteras
que conducen al lugar son la C-17 (desde Barcelona) y
C-25 (desde Lérida).
Dirección:
Paraje El Bac de Sau. 08500. Vic. Barcelona.
Tarifas:
Lo mejor es consultar sobre época. Como referencia,
entre 110 y 120 euros la habitación doble normal.
No obstante, los más de 90 establecimientos de
la red de Paradores se han incorporado a
Talonhotel, de forma que los clientes podrán
pagar con este sistema y los agentes de viajes realizar
sus reservas según el mismo régimen.
|
Reestreno en Vic
PARADOR. Su reapertura supone
una buena excusa para conocer una comarca natural y románica
a sólo 80 kilómetros de Barcelona
M.P.
El salchichón de Vic es
célebre por sus cualidades organolépticas; es
decir, aquellas que pueden apreciarse con los sentidos. Sensorialmente,
se trata de un embutido cuya textura, sabor y olor vienen
afinándose desde hace seis siglos por parte de los
vecinos de una comarca donde la ganadería porcina es
una forma de vida, además de las industrias del cuero
y la metalurgia.
Pero no sólo se trata del cerdo.
La zona donde se produce representa una especie de cajón
alargado entre los Pirineos y el litoral, que crean uno de
esos espacios climáticos singulares en los que siempre
surge algún alimento extraordinario, sea el jamón
de Guijuelo o las cerezas de El Bierzo. Las corrientes de
aire frío que proceden de los primeros y la humedad
que asciende del Mediterráneo convierten a este lugar,
la Plana de Vic, en un neblinoso territorio muy apto para
que el salchichón pueda mirar por encima del hombro
-o del label- a un buen puñado de artículos
chacineros.
Algo parecido sucede con su parador.
Situado sobre un promontorio frente al embalse de Sau, este
edificio que recupera la tradicional arquitectura catalana
de las masías destaca por el medio natural y, en especial,
la luz. La colisión de tonos y transparencias que emiten
el pantano y la sierra de Guilleries se torna en una mezcla
que asciende de la suavidad a la furia y termina convertida
en un embeleso cálido de naranjas y limones a última
hora de la tarde. Luego, ya de noche, la luna vuelve el ambiente
fluorescente, limpio, oportuno de disfrutar desde las terrazas
amplias del hotel.
El edificio forma parte de la red
de Paradores y todavía huele a estreno reciente. Aunque
su actividad arrancó en 1972, en 2005 fue sometido
a una profunda reforma, que ha supuesto enormes mejoras de
infraestructura y un avance en el diseño, ahora más
moderno. Incluso nueve de sus 38 habitaciones han sido reformadas
por completo y el comedor, inmenso, aprovecha de manera más
ventajosa la luz natural y los atractivos paisajes del entorno.
La sensación lumínica se ve reforzada por el
techo del vestíbulo, una vidriera que imita el colorido
de los vitrales catedralicios modernos.
La intención de este parador,
que reabrió el mes pasado, es clara: dar cobijo en
un establecimiento de lujo, pero sin olvidar el regionalismo
rural de los hoteles campestres, a los asiduos de las escapadas
de fin de semana y a quienes buscan un turismo de campo, cultura
y gastronomía, en vez del modelo de sol y playa vigente
en la costa. El restaurante ofrece los platos típicos
de la comarca -los embutidos de Osona, claro; aparte de la
carn'd olla- y diversas actividades proporcionan la oportunidad
de reducir los efectos de un banquete mediante senderismo,
equitación, deportes náuticos o bicicleta de
montaña.
También es posible concertar
una excursión en globo aerostático sobre la
región, aunque, para quienes prefieren tierra firme,
una opción muy recomendable consiste en completar la
ruta del románico catalán, que tiene en Santa
María de Corcó y el monasterio de Casserres
dos de sus mejores exponentes. Igual que Vic dispone de un
microclima especial para el salchichón, Osono es un
microcosmos del románico, pues, a diferencia de las
comarcas próximas, éste es más temprano
y puro.
 |
| Iglesia románica de San Román,
en el embalse de Sau./ AFP |
Para una estancia más
prolongada, tampoco es desdeñable la idea de tomar
el coche y desplazarse hasta Monserrat, a 75 kilómetros,
o la propia Barcelona. De los nueve paradores existentes en
Cataluña, éste es el más próximo
a la capital, a unos 80 kilómetros, lo cual permite
acercarse hasta la ciudad condal, saturar los sentidos de
sofisticación urbana y regresar más tarde, de
noche, a esa reserva natural donde ni siquiera el canto de
los grillos perturba el sueño.
|