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Vecinos de Praga
SUR DE BOHEMIA. El esplendor
de la capital checa y de Karlovy Vary no oscurece esta singular
región repleta de bellas ciudades y palacios
E.C.
Algo tiene que haber de bueno
en ser débil y pasar toda la existencia rodeado de
gigantes que sólo aspiran a devorar al vecino pequeño.
Es lo que le sucedía a Checoslovaquia, la unión
de los estados checo y eslovaco, que es como ahora se presentan
ante el conjunto de naciones. Rodeados de austrohúngaros,
alemanes, polacos y a unos 700 kilómetros del extinto
oso soviético -los imperios que han gobernado la Europa
central durante los últimos 500 años-, checos
y eslovacos han visto cómo sus escasas Fuerzas eran
poca cosa para resistir las invasiones extranjeras.
Ante el desequilibrio de fuerzas,
las batallas eran breves, por lo que las piezas del excepcional
patrimonio arquitectónico de este territorio han llegado
a nuestros días como paradas en el tiempo. Aún
hoy, si uno recorre las calles peatonales de Praga, tiene
la sensación de que el reloj se detuvo hace 300 años
y puede admirar con la calma debida las fachadas coloristas
de sus edificios burgueses, sus templos y sus palacios.
Pero la capital de Chequia,
tan asombrosa y seductora, amiga de la vida apacible y la
buena 'pibo' (cerveza) y el trajín del Puente de Carlos
-¿de dónde sale tante gente?- ensombrece la
región sur del país a unos turistas que, salvo
la ciudad balnearia de Karlovy Vary, la alemana Karlsbad,
carecen de tiempo para ver más. El sur de Bohemia es
una región exquisitamente bien conservada y que, a
menos de 200 kilómetros de la capital, presenta ciudades
y espacios naturales que merecen la atención. Florencia
ejerce la misma influencia sobre la Toscana, tanta luz crea
una lamentable sensación de oscuridad lejos de la llama.
Pues es hora de abrir los ojos,
porque Cesky Krumlov, situado en el valle del Moldava, constituye
un conjunto artístico y arquitectónico de primer
orden; tanto, que ha merecido la catalogación como
ciudad Patrimonio Histórico de la Unesco. Su castillo,
que poco tiene que envidiar al de Praga, se alza también,
dominante, sobre una colina, aunque no resulta tan amenazante:
sus jardines y el exquisito teatro barroco suavizan el aura
imperiosa del inmueble.
El casco antiguo tiene mucho
que ver, y sus callejuelas y terrazas aguardan al viajero
con la grata amabilidad de los checos. Los museos de Cera
y de las Marionetas enriquecen la visita, si bien el museo
de la Tortura nos ayuda a comprender que tiempo pasado pudo
ser peor. Y a medio camino entre el bien y el mal, la pinacoteca
con obras del atormentado Egon Schiele, a quien recordarán
los lectores de Vargas Llosa.
Museo de la cerveza
Ceske Budejovice se encuentra
en el cruce de los ríos Moldava y Malse, en la carrera
que une la austríaca Linz con Praga. La capital de
Bohemia del Sur destaca también por su rico patrimonio:
la plaza Premsyl Otakar, la Torre Negra y la catedral... aunque
siempre es posible encontrar algo menos elevado, menos sublime,
como la fábrica de cerveza y su museo, en un país
en el que la 'pibo' es un símbolo adorado.
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| DOMINIO. La fortaleza de Cesky
Krumlov destaca en el perfil de la ciudad. Arriba, una
plaza de Budejovice./ EL CORREO |
Tábor, en cambio, llama
la atención por su carácter medieval y centro
de la doctrina de Hus, corriente religiosa que, como tantas
otras, tuvo un mal final al quedar en minoría. El casco
antiguo huele a la Edad Media, aunque muchos edificios y palacios
nos llegan de épocas más cercanas. Mientras,
Slavonice sabe a Renacimiento y las fachadas esgrafiadas de
sus palacetes nos recuerdan que estamos ya muy cerca de Austria.
Holsovice, finalmente, es barroca,
y las 22 casas idénticas de mediados del siglo XIX
aportan un toque colorista. La ciudad, a 15 kilómetros
al oeste de Ceske Budejovice , es visita obligada para los
amantes de las tradiciones culturales y folclóricas.
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