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| 'El Capricho' fue construido en tres
años. |
A cuerpo de rey
COMILLAS. Villa del occidente
cántabro de la que se enamoró hasta el mismísimo
Gaudí
Olaia Errazti
(Bilbao)
Hay lugares tocados por una
varita mágica y Comillas es uno de ellos. Sus calles
han detenido el tiempo y sólo por la gente que pasea
sabemos que el reloj sigue marcando su paso. Esta villa está
en el occidente cántabro, a 50 kilómetros de
Santander, en dirección a San Vicente de la Barquera.
El rey Alfonso XII la eligió como lugar de veraneo,
y desde entonces goza de gran prestigio. Hasta el mismísimo
Gaudí se enamoró de su encanto.
Descripción del lugar
La villa de Comillas fue declarada Bien de Interés
Cultural en 1985. Destacan sus dos almas: la modernista, cuyo
principal exponente es El Capricho de Gaudí, y la monumental,
donde podemos encontrar austeras casas montañesas,
como las de la plaza de la Constitución.
Qué ver
Se pueden hacer dos rutas por el pueblo. La primera parte
de El Capricho y bordea la villa desde la plaza de los Tres
Caños hasta el palacio de Sobrellano, pasando por el
viejo hospital, el monumento al Marqués, el cementerio
y la Universidad Pontificia. El otro paseo nos adentra en
el corazón de la localidad para ver inmuebles típicamente
montañeses y muy clásicos. Destacan, por ejemplo,
los dos ayuntamientos y la iglesia de San Cristóbal.
Una recomendación
Hay que acercarse al mirador de Santa Lucía. Desde
la ermita, podemos ver las tres playas de Comillas, la de
Los Muertos y la ría de Oyambre. Si tenemos coche y
salimos del municipio en dirección a San Vicente por
la carretera nacional, además, nos encontraremos con
las marismas del parque natural de Oyambre, una delicia para
la vista y de gran valor ecológico. Los esfuerzos por
contener el fuel del Prestige han permitido que hoy podamos
disfrutar de ellas.
Dónde comer y dormir
Como buen lugar turístico,
el pueblo tiene innumerables negocios hosteleros y, en los
alrededores, hay casas rurales. Ahora bien, si lo que te apetece
es reponer fuerzas a cuerpo de rey, acércate a El Capricho
y no mires los precios.
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