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| VOCES. El viejo teatro es el
principal símbolo de la ciudad manchega; tras un
largo periodo de abandono, ha recuperado su uso como escenario. |
Por
los alrededores
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Corral de comedias
ALMAGRO. La ciudad manchega
resiste al paso del tiempo y luce sus mejores galas tras cumplir
700 años de existencia
María Unceta
Almagro es un histórico
escenario lleno de vida. Su nombre está asociado al
teatro, al Corral de Comedias, al Festival Internacional de
Teatro Clásico, al Museo Nacional del Teatro
Como el arte de la escena, encierra grandes dosis de magia.
Paseando por sus calles, uno se siente cercano a los actores
que a lo largo de los siglos, en una sucesión de representaciones,
han ido recitando en verso y en prosa sus calles íntimas,
su plaza Mayor, sus escudos, sus rincones arbolados, sus palacios
de fachadas sobrias y elegantes, sus conventos y sus iglesias.
Y, a la vez, tiene que pellizcarse para asegurarse de que
ese armónico y bello conjunto es real, que lo que le
rodea es piedra, cal y canto, y no un mero artilugio escénico
para estimular su fantasía.
La pregunta que se hace el viajero
asombrado es: ¿cómo en un país tan dado
a la destrucción ha podido conservarse tan extraordinariamente
bien una ciudad que tiene más de 700 años? La
primera noticia importante sobre Almagro es la convocatoria
de Cortes por Alfonso X el Sabio, en 1273. Para entonces,
los maestres de la Orden de Calatrava habían establecido
su capital en la villa después de dominar desde el
castillo de Calatrava la Nueva casi toda La Mancha.
Reducidos los musulmanes al reino
de Granada, los calatravos decidieron aparcar la espada y
bajar al llano. Crearon en Almagro una corte rica, alimentada
por el comercio, y tan poderosa que los Reyes Católicos
pusieron freno a sus ambiciones políticas y eliminaron
el maestrazgo. Lo que queda del que fuera palacio de los Maestres,
en el lado norte de la Plaza Mayor, reconvertido en Museo
Nacional del Teatro, da una idea de la importancia de estos
monjes soldados.
Otra muestra de su poderío
la encontramos en el convento de la Asunción, en la
periferia del casco antiguo, un enorme edificio que iba para
hospital: las columnas de su doble claustro plateresco son
de mármol de Carrara y en la iglesia, despojada hoy
de buena parte de sus obras de arte, pueden verse las lápidas
de los jerifaltes de la Orden.
El poder que sustituye al de los calatravos
viene de la mano del capital europeo. Los Fugger, banqueros
alemanes, financiaron la elección de Carlos V como
emperador en 1520. En recompensa, recibirían la concesión
de las minas de mercurio de Almadén. Instalados en
Almagro, levantaron entre otros edificios el llamado palacio
de los Fugger situado en la calle Clavería, en realidad
un almacén, con gran patio central y suntuosa escalera,
para guardar mercurio y grano.
Con los Fugger llegaron a la villa
sus administradores y empleados.Apellidos como Xelder, Guessel,
Jurem, Lamfaguer o Ilderosen, alemanes y flamencos, figuran
en las fachadas de casas y palacios -en la plazuela de Santo
Domingo, la calle de las Bernardas, la de Las Nieves
,
todas en el entorno de la Plaza Mayor- vecinos de los de nobles
castellanos como los condes de Valparaíso o los marqueses
de Torremejía. Almagro vivió durante el siglo
XVI y parte del XVII otro periodo de esplendor. Adaptado al
acento local, el apellido Fugger se transformó en Fúcares,
un nombre que se escucha mucho en Almagro y que da título
a una galería de arte contemporáneo fundada
hace más de 30 años.
Por sexos y clases
La propia Plaza Mayor data del XVI
y mezcla en su composición reminiscencias manchegas,
andaluzas y flamencas. El verde de las maderas, las galerías
acristaladas al modo de las plazas centroeuropeas de la época
y esa hilera ondulada de columnas toscanas de piedra -85 a
los dos lados- que sostienen dos plantas de escasa altura
la hacen única. De día o de noche, a la luz
de las farolas que proyectan un haz de misterio sobre el empedrado,
la Plaza Mayor de Almagro bulle de vida. En sus soportales
hay comercios y bares, bien surtidos de vinos y de tapas -
entre las que no faltan las famosas berenjenas-, y se asienta
el Corral de Comedias más antiguo conservado en Europa.
Se entra a este teatro de bolsillo
por un zaguán, que da paso a un patio con escenario
al fondo y a los lados graderíos para el público
llano y palcos con celosía para que los señores
de alta alcurnia pudieran ver sin ser vistos; frente al escenario,
la cazuela era la zona reservada a las mujeres, que no debían
mezclarse con el público masculino. Blanco y almagre,
el color rojo óxido que da nombre a la población,
son sus colores.
La estructura se corresponde con la
de una casa labriega de la región, incluido el pozo
del que bebían agua cómicos y espectadores.
El Corral de Comedias recibe miles de visitantes, cuenta con
una amplia programación de teatro, zarzuela y conciertos
y es además el centro del Festival Internacional de
Teatro Clásico que se celebra en julio desde hace 28
años.
Almagro está plagado de conventos
y de iglesias. La población, que tiene hoy 8.354 habitantes
censados (algo menos del triple que hace 300 años),
cuenta con una docena larga de edificios religiosos. Desde
el siglo XVI al XVIII, las órdenes religiosas (dominicos,
jesuitas, agustinos
) se disputaron espacios de poder
y de influencia.
Las iglesias de San Blas, San Bartolomé,
la Madre de Dios, San Juan, los conventos de la Encarnación,
Santa Catalina, Santísimo Sacramento o la Asunción
de Calatrava, algunos adaptados para usos culturales, son
los principales de esta notable nómina.
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| ELEGANCIA. Patio de uno de los
palacetes de la ciudad. |
Agua y vida
Muy cerca, a 40 kilómetros
escasos de buena carretera, el viajero encontrará el
parque nacional de las Tablas de Daimiel, un espacio inesperado,
un refugio para aves en pleno secarral manchego. Las afloraciones
dulces del Guadiana y las saladas del Gigüela proporcionan
al enclave las condiciones adecuadas para que la fauna y la
flora crezcan en un lugar inverosímil.
Sus 2.000 hectáres dependen
del denominado acuífero 23, un inmenso depósito
subterráneo, de las caprichosas evoluciones del Guadiana
y, sobre todo, del ser humano, que ha explotado el caudal
hasta límites intolerables. Hoy en día, Las
Tablas constituyen un extraordinario espacio para las caminatas
y el aprendizaje.
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