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Bilbao aprende
a acelerar
J.M
CORTIZAS
Cayó
la bandera a cuadros. Lo hizo hasta
en cinco ocasiones en una excitante
última jornada, el día
grande, del estreno del circuito urbano
de Bilbao. Tensando mucho la imaginación,
uno de los triunfos 'gordos' se quedó
en casa de la mano del polaco Robert
Kubica (Epsilon Euskadi), mientras
que el gran triunfador de la feria
automovilística fue el australiano
Will Power, segundo clasificado en
la carrera corta de las World Series
y vencedor incontestable en la segunda,
que incluía una parada en boxes
para cambiar neumáticos.
Cronológicamente, el día
amaneció radiante por la ausencia
de la temida lluvia. Eso dio alas
a los F-Renault como primeros animadores
del cotarro. El público comenzó
a espabilar con el agudo sonido de
los bólidos pequeños,
en cuyo feudo sólo reinó
el equipo Jenzer Motorsport, ya que
al triunfo del sábado de Ammermüller
unió ayer el de su compañero
Zaugg. Siguiente parada, el Megane
Trophy, una categoría que sorprendió
a los más ajenos al mundo del
motor por su plasticidad, ruido y
potencia. Huelga decir que del coche
de serie del que se deriva este prototipo
sólo ha heredado el nombre.
El belga Heylen dejó patente
que no tiene rival en la categoría,
en la que hizo doblete en el 'botxo'
para un total de cinco victorias en
seis pruebas disputadas. También
hubo espacio para la Copa Clio Nacional,
en la que un percance obligó
a los supervivientes a llegar neutralizados
a meta, para regocijo de Larios, Muniz
y Maurel, el trío que accedió
al cajón.
Ya bastaba de prolegómenos.
El público quería ver
en acción a los monoplazas
de más de 400 caballos, muy
lejanos a los brindados por el R24
con el que Montagny demostró
el gran trecho que resta hacia la
Fórmula 1. Antes ya había
habido el precedente de la carrera
corta de las World Series, un ejercicio
de sumisión en fila india en
relación a los puestos de la
parrilla de salida. Montanari y Míguez
se 'besaron' y Winkelhock estrujó
su bólido contra el hormigón.
Mala pinta, bandera roja y safety
car. Otra vez lo de la víspera.
Era el temor por no poder presenciar
una carrera en toda su dimensión.
La dirección de carrera funcionó
rauda y la neutralización no
se hizo eterna. Robert Kubica, autor
de la pole, mantuvo el tipo y aunque
no pudo despegar al australiano Power
más allá de un segundo,
sí pudo vivir una prueba relajada,
limitando el desgaste para la segunda
carrera.
Con el speaker destacando la participación
del piloto polaco en el equipo Epsilon
Euskadi, el público adoptó
al líder del campeonato y lo
llevó en volandas hasta que
cruzó bajo la bandera a cuadros
con una solvencia propia de su gran
temporada.
Quedaba por confirmar la alternativa,
pero en su camino se topó un
Will Power que bordó el pilotaje
y la estrategia. El australiano, que
arrancaba desde la pole, acertó
en el momento exacto para detenerse
en boxes a cambiar dos gomas a su
monoplaza. Fue dejando hacer a sus
rivales mientras él tiraba
con lo que tenía tratando de
limar tiempo al crono. Lo iba a necesitar
porque en su retorno al asfalto dirimió
sus diferencias con Danielsson por
cuatro décimas y eso que Toccacelo
a punto estuvo de enviarle al hormigón
tras cortar una chicane. Tras él,
Kubica se resignaba a su suerte por
un mal puesto en la parrilla, y eran
el sueco Danielsson y el yugoslavo
Pavlovic quienes reforzaban desde
el cajón la universalidad de
la competición.
Para Kubica, ganar en Bilbao fue algo
que le satisfizo por dos razones.
«Porque mi equipo es de aquí
y porque he sido el primer piloto
que ha ganado dos carreras esta temporada.
Llevaré siempre a Bilbao en
mi corazón». Para su
rival Power, otro gran piloto con
visos de poder llegar muy alto en
el automovilismo, «ha sido un
fin de semana muy intenso en un circuito
igual para todos al no conocerlo nadie
previamente, lo que es más
justo. Me voy encantado con mi victoria,
dos podios y tras haberme acercado
a Kubica y ser ya segundo en la general.
Han montado un circuito fantástico
al que me gustaría regresar».
Con los agradecimientos y parabienes
de rigor sonó un 'colorín
colorado' que alivió a la inmensa
mayoría. A quienes no les gustan
los coches y a los que les apasionan;
a los que se dejaron litros de sudor
en el empeño y a una ciudad
en la que aún suena el eco
de los motores. Será hasta
el año que viene.
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