Miles de personas asistieron a la presentación
del tranvía de Bilbao
Una gala popular presentó
ayer una maqueta a escala natural del transporte que recorrerá
la ciudad en 2002 El alcalde adelantó el esbozo de un
posible futuro enlace entre Atxuri y Basurto por la calle Autonomía
ITSASO ÁLVAREZ / BILBAO
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| CURIOSIDAD. Niños y adultos visitan el nuevo
tranvía. / F. GÓMEZ |
Bilbao venció ayer al tiempo y anticipó
el escenario que maquillará la ciudad del Guggenheim
y del Euskalduna a partir de la primavera de 2002. La presentación
en sociedad del tranvía urbano animó a miles de
personas a sumarse a la gala popular al aire libre organizada
en la plaza Pío Baroja de Bilbao.
El objetivo, inspeccionar el último
símbolo de la nueva estampa de la metrópoli y juzgar
el acierto de las autoridades impulsoras del proyecto. La jornada
no podía ser más oportuna. Un cielo gris y un leve
aguacero empapaban el asfalto mientras el consejero de Transportes,
Álvaro Amann, y el alcalde de la ciudad, Iñaki
Azkuna, hacían los honores al tranvía que se inauguraba.
Para el primero, lo esencial era la inquietud
institucional por buscar la mejora del transporte público.
«El tráfico es un tema que sólo da quebraderos
de cabeza a las Administraciones», señalaba. Por
ello advirtió a los asistentes que «el uso del transporte
público -y del tranvía en particular- es la mejor
opción». Amann se remontó a tres décadas
atrás para recordar la última vez que circuló
uno de estos vehículos por Bilbao. Su baja utilización
convirtió al sistema «en precario», recordó.
«A ver si es pronto»
Por su parte, el alcalde de la
villa no disimulaba su satisfacción. «A ver si nos
hace pronto el tranvía, señor consejero»,
pregonaba sin reservas un Iñaki Azkuna más preocupado
por los plazos y los trámites. Además, los bilbaínos
quedaban avisados con un «hay que aguantar las obras».
Asimismo, Azkuna avanzaba el esbozo de un futuro enlace entre
Basurto y Atxuri por la calle Autonomía, «con un
pequeño ramalito hasta Rekalde», matizaba. «He
pedido que se estudie», subrayó.
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| LOGOTIPO. El logotipo de Euskotram, la compañía
del nuevo tranvía. |
Cuando llegó el momento de
destapar el lienzo colosal que cubría al tranvía,
un rayo de sol asomaba. La vista de un vehículo moderno,
flamante y aparcado sobre un manto de verde césped, centró
las miradas del público, al que se le escapó un
«¡Ooohh!» conjunto de admiración. Algo
más rezagado, le escoltaba el número 8 del vagón
que en 1907 cubría el trayecto San Antón-Hospital.
La ceremonia no ahorró en vistosidad.
La música de Gozategi inundó el ambiente y se descorcharon
las botellas de txakoli. Los pequeños fueron obsequiados
con golosinas muy bilbaínas: réplicas en azúcar
del tranvía. Las filas para visitar los vagones se extendieron
por el muelle de Uribitarte y la carpa informativa se quedó
pequeña. Una tercera cola se arremolinó frente
al alcalde. Ayer, Azkuna debió archivar más de
una queja.
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«Un
vehículo entrañable»
Evocador, turístico o
«demasiado moderno», el nuevo modelo no dejó
a nadie indiferente
I. ÁLVAREZ BILBAO
Con mayor o menor agrado, lo cierto es
que los asistentes ayer a la presentación del tranvía
coincidían en apreciarlo como un vehículo «entrañable».
«Para los bilbaínos de toda la vida es algo más
que un medio de transporte público», sintetizaba
Luis, que desde las diez de la mañana merodeaba ya por
el entorno de Uribitarte para no perder detalle del programa.
Muchos tuvieron ocasión de evocar sus años mozos,
cuando el tranvía que circulaba por las vías empedradas
de un Bilbao más castizo era «el del timbre».
«Lo cogías sobre la marcha y te quedabas colgado;
eso sí que era», sonreía Conrado Etxezaharra.
Los más perfeccionistas se dedicaban
a matizar o corregir el trazado planteado. «Ahí,
en la calle Bailén, tenían que haberlo tirado hasta
La Merced por encima de la ría», proyectaba Silvano
Salas. El hombre recuerda que en cierta ocasión se le
quedó atrapada la rueda de su bicicleta en uno de los
raíles del tranvía. «¡Menudo susto!»,
comenta. «Por eso digo que éste otro me parece muy
bien, está todo más calculado», añadía.
«Poco romántico»
Para Marta, Nuria y Mireia, tres
amigas que hacían fila ante el nuevo vehículo,
el nuevo modelo tenía alguna que otra pega. «Esperábamos
un estilo algo más romántico, con el interior en
madera, como los coches antiguos. Éste es demasiado moderno.
Además, se parece mucho al metro, sólo que en verde»,
comentaban.
Las jóvenes opinaban que el plan
de dotar a la ciudad de un tranvía «es cosa del
turismo». «Realmente, no hace falta. Tenemos autobuses,
metro... es demasiado», coincidían. De la misma
opinión era David Vergara. «Entre nosotros -apuntaba-,
esto es una bilbainada más».
Las hermanas Mari Carmen y Pilar Etxebarria
se acercaron desde sus domicilios al lugar de la fiesta. «Vivimos
aquí al lado y vemos el tranvía desde casa. Así
que hoy no nos podíamos perder su presentación».
Por su parte, los pequeños Asier y Adrián se mostraban
fascinados por el timbre del vehículo centenario, aunque
preferían, sin lugar a dudas, la nueva generación.
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