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Dos singulares acontecimientos marcan desde mediados del siglo XIX la llegada de la Navidad en Bilbao: la Lotería y el mercado de Santo Tomás. El primero ha estado marcado año tras año por un mismo ritual -ilusión en los días previos y decepción en los posteriores-, mientras que el segundo, que ha experimentado diferentes transformaciones, siempre ha ilusionado y pocas veces ha decepcionado. Más que un mercado, Santo Tomás es ya una fiesta.
El origen del mercado es conocido. El 21 de diciembre era el día
en el que los caseros bajaban a la villa a pagar al dueño la
renta del caserío. El propietario de las tierras solía
obsequiarles con una comida y algún regalo y los aldeanos aprovechaban
el viaje para vender sus productos en la plaza del Mercado. A finales
del XIX el mercado de Santo Tomás comenzó a cobrar fuerza
porque los vecinos de Bilbao veían en él una excelente
manera de comprar productos de calidad para unas fechas muy exigentes.
Era un día esperado por los compradores y, si bien la costumbre
de pagar la renta ese día iba desapareciendo paulatinamente,
la demanda hizo que se mantuviera la venta de productos del campo.
Tras la última guerra carlista la mayoría de los caseros
pagaba la renta ya a finales de diciembre, aunque a comienzos del
siglo XX algunos aún practicaban esta costumbre. En 1876 los
diarios vizcaínos comentaban que los grandes grupos que solían
invadir todos los puntos de la villa cargados con regalos para sus
jefes eran ya menores y, sin embargo, había mucho ambiente
en la plaza del Mercado y en las calles. El mercado de Santo Tomás
se consolidaba por sí mismo.
La plaza estaba en 1908 a rebosar. Se vendían pavos, capones,
gallinas, pollos, chorizos, jamones, nueces, castañas o coliflor,
y también lubinas, meros, merluzas, brecas, besugos, chicharros,
cabrachos y bacalao. Las angulas se ofrecían a 3,50 pesetas
el kilo (unos 42 euros de hoy), lo que daba cuenta de que ya en aquellos
años las compras en Santo Tomás resultaban caras.
Y es que, las despensas de los bilbaínos se abastecían
bien para la cena de Nochebuena, pero a base de un elevado precio.
En 1925 los caseros insistían en que los capones, pavos y peras
presentaban un estado magnífico, pero los clientes protestaban
por su precio desproporcionado. Los años pasan y las tradiciones
se mantienen.
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Talo
con chorizo Precio: 5 € |
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Sidra
y txakoli Precio txakoli: 7 € |
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Queso
Idiazabal Precio: 15 € |
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Pimientos Precio: 2 € |
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Hogaza
de pan Precio: 2 € |
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Castañas |