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JOAN MATABOSCH, DIRECTOR
ARTÍSTICO DEL LICEO
«Todas las vías son
aceptables siempre que se nos explique la obra»
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| Nieves Fontova |
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¿Es
un burdel? ¿Es una representación del musical hippie
Hair? Pues no, es Mozart. Las operas del compositor
salzburgués son algunas de las que han tenido puestas en
escena más rabiosas. Para Joan Matabosch, director artístico
del Teatro del Liceu de Barcelona y profesional acostumbrado a trabajar
con espectáculos líricos de todo tipo, Mozart es uno
de esos compositores cuyos personajes tienen una evidente actualidad
y por tanto apuesta por montajes en los que se potencia y haga accesible
el sentido de la obra. Aunque «no vale todo», advierte.
¿Cómo cree que debe interpretarse a Mozart
hoy?
Es importante plantearse cómo interpretar a Mozart
en la actualidad porque un intento de reproducción literal
de las acotaciones hechas por el compositor o el libretista, que
estaban pensadas para el público de su época, son
una garantía de que la representación no llegará
al espectador de hoy. Todos los materiales tienen unas significaciones,
unas connotaciones, codificadas para su época. Ni un gesto,
ni un escote, ni un color tienen el mismo significado para un espectador
del siglo XVIII que para uno actual. Esto sirve para Mozart como
para cualquier otro porque es una consecuencia del hecho de que
la ópera es un arte de representación. Es decir, la
representación no es un accidente de la substancia textual
sino que es constitutiva única del arte. Pero es cierto que
en Mozart el problema es especialmente pertinente porque se trata
de un autor cuyas óperas resultan muy actuales.
Mozart es uno de los compositores que en los últimos
tiempos más se ha modernizado en su puesta en
escena hasta el extremo que algunos de ellas han sido objeto de
escándalo ¿Qué opinión le merecen esos
montajes tan rompedores? ¿Cuál es el límite,
si existe?
Lo importante de una puesta en escena no es su originalidad
ni su modernidad sino su capacidad de potenciar y hacer accesible
el sentido de la obra. Se puede revelar el sentido de una obra con
vestuario de época o actual, con decorados más figurativos
o con espacios escénicos más abstractos. Todas las
vías son aceptables siempre y cuando lo que se nos explique
sea la obra. Es decir, no vale todo. No sirve la primera pulsión
esteticista, provocadora o megalómana del director de escena
de turno, como sucede con frecuencia, sino que únicamente
es aceptable la solución escénica que sirva al sentido
de la obra. Desde luego que no me refiero a la literalidad de la
obra, sino a lo que expresa esa literalidad. Es por este motivo
que a veces producciones literales pueden ser profundamente hostiles
a la obra; mientras que determinados cambios pueden ser extremadamente
pertinentes para desvelar el sentido de la misma.
Una de las preocupaciones de los grandes teatros es atraer
nuevos aficionados. ¿Una puesta en escena más original
es una vía para ello?
No creo que la modernización cosmética de una
obra sirva para atraer nuevos públicos. Lo que sirve para
atraer un nuevo público es explicar las obras de manera que
los receptores caigan en la cuenta de su importancia, de su grandeza,
de lo mucho que hablan de problemas e interrogantes que nos afectan.
El hecho de que la vía escogida por el director de escena
sea más moderna o más clásica me parece un
problema muy secundario y carente del más mínimo interés.
Es el refugio de los que se acercan a la ópera para rememorar
momentos estelares de sus recuerdos como espectadores. En el mundo
del arte no basta con recordar: hay que recrear, hay que descubrir,
hay que expresar.
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