Compendia casi toda la trayectoria de su creador y las más
profundas raíces hispánicas de Picasso
No es fácil definir en unas pocas líneas el proceso de
creación y el significado de un cuadro emblemático como
Guernica, una de las pocas obras de arte que forma parte del selecto
grupo de piezas cuya sola mención hace alusión a toda
una época, es como La Gioconda de Leonardo o Las Meninas de Velázquez.
Guernica compendia casi toda la trayectoria de su creador desde el cubismo
al surrealismo y, también, las más profundas raíces
hispánicas y mediterráneas del pintor, desde el mito del
Minotauro a la corrida, desde la educación religiosa a la iconoclastia.
La fuerza y la pasión que irradia son producto del enorme potencial
creador que impregnó a Picasso durante el período de la
Guerra Civil española y durante los meses que trabajó
en el entorno del Pabellón Español en la Exposición
Internacional de París en 1937.
En diciembre de 1936, al tiempo que el Gobierno de la República
comunicaba a Picasso su nombramiento como Director del Museo del Prado,
le pedía su colaboración para realizar un gran mural,
que sería el eje fundamental de la participación española
en la exposición de París. Sin embargo, pasaban los meses
y no era capaz de comenzar, atravesaba una mala época de problemas
personales que le trastornaban, además nunca le habían
gustado los encargos, ni estaba habituado a pintar cuadros de tan grandes
dimensiones. Junto a este estado de confusión, llegaban constantemente
a sus oídos las aterradoras noticias de España. Especial
significación tuvieron los ecos de la caída de Málaga,
su ciudad natal, el día 8 de febrero de 1937 en uno de los más
sangrientos y espeluznantes episodios de la guerra. El escritor Arthur
Koestler, que presenció personalmente los hechos, relató
a Picasso el ametrallamiento desde el aire y el bombardeo desde el mar
de los más de cien mil refugiados, mujeres y niños, que
huían por la carretera de la costa. Escuchó como las madres
llevaban en brazos a sus hijos muertos y perdían la razón
y como otras se arrojaban con los niños al mar y perecían
ahogadas. Finalmente, el 27 de abril se produce el bombardeo de Guernica
y al día siguiente todos los periódicos se hacen eco de
la brutal acción. Se trataba del primer ataque masivo contra
una población civil por parte de la aviación alemana,
y el día 1 de mayo, en la tradicional manifestación del
Día de los Trabajadores, un millón de personas atruenan
las calles de París con un único tema: Guernica. Ahora
todo queda claro para Picasso y ese mismo día comienza a trabajar
en la que sería la obra de arte de mayor significación
política de todo el siglo.
Lo que hasta entonces habían sido dudas, se resuelve con auténtica
furia en ese 1 de mayo en que coge papel y lápiz y comienza a
realizar decenas de bocetos en los que vamos asistiendo a las prodigiosas
transformaciones del tema, trabajando con una fuerza incontenible hasta
el día 4 de junio en que Guernica queda colocado en el muro del
Pabellón Español.
El
proceso para la realización del gran lienzo supuso una extraordinaria
aventura realizada en un cortísimo espacio de tiempo. Desde que
empezó a trabajar hasta el momento en que el cuadro quedó
colgado, treinta y cinco días en total, había realizado
cuarenta y cinco bocetos y el gigantesco mural de 3,54 por 7,82 metros.
Durante esos días su compañera, Dora Maar, fue realizando
una serie de fotografías a medida que la obra iba progresando.
Estos preciosos documentos nos muestran el proceso creador desde el
inicio, cuando el pintor encaja en el lienzo una abigarrada composición
llena de figuras, hasta el momento en que finaliza el cuadro tal y como
hoy podemos contemplarlo. En el progreso de la obra se suceden multitud
de transformaciones: compone, descompone, encaja y desencaja, hasta
conseguir que todos los elementos queden en su sitio.
EL PRECIO | 200.000 francos
El Gobierno de la República pagó a Picasso un total
de 200.000 francos por la ejecución de Guernica. Se trataba
de una suma muy considerable que podemos entender si pensamos que
la construcción y el montaje de las exposiciones del Pabellón
Español ascendió a la suma de 2.000.000 de francos.
Es decir, Picasso recibió un 10% del coste total del Pabellón.
Fue, por lo tanto, un bien adquirido por el Gobierno de la República
de España que el artista mantuvo bajo su custodia ante la situación
subsiguiente a la derrota del Gobierno legítimo de España.
Cuando Picasso comienza a pintar, de su cabeza y de su mano van a surgir
en tropel cientos de ideas, de sentimientos, su propia historia, sus
tradiciones, sus mitos y sus temas preferidos. Lo más chocante
del cuadro es que Guernica no muestra la guerra, sólo el nombre
puede asociarse a un hecho de la guerra de España. No representa
un bombardeo, ni hay armas convencionales, no hay soldados, no hay vencidos
ni vencedores. Hay un toro cuyo rostro representa las facciones de Picasso,
un caballo herido por una lanza, la cabeza y los brazos de un hombre
con una espada rota, una madre con su hijo muerto, una mujer corriendo,
otra mujer en llamas y una tercera que alumbra la escena desde una ventana.
¿Como, entonces, puede tener esa extraordinaria potencia? ¿Cómo
es capaz de recordar en toda su magnitud el drama? Este es uno de los
misterios más sugestivos del cuadro. Poder llegar a entender
por qué una obra así es capaz de levantar pasiones. Y
lo es porque el cuadro es hijo de una pasión y de un drama, la
pasión creadora de un Picasso furioso y en guerra. Es un grito
de horror, el mismo que sacude a las gentes de una tierra, la suya,
de grandes pasiones y grandes dramas, entre ellos el constante ritual
de muerte y pasión que es la corrida. Y ahí están
los principales actores de ese drama, el toro, el caballo, la madre,
la muerte...
Todo eran símbolos de una vida entera, era su espíritu,
su alma de artista y de español explotando en un grito de dolor
dramático imposible de explicar. Había que sentirlo en
el estómago, en el corazón y en la garganta.
Josefina Alix es comisaria de exposiciones y experta en Picasso