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OPINIÓN / JUANMA ITURRIAGA
Dos y dos
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| JUANMA ITURRIAGA. /Archivo |
Dos de fuera contra dos de aquí. Dos favoritos contra dos que no lo son. Dos campeones contra dos que no lo han sido. La ‘Final Four’ de este año se presenta partida por la mitad. A un lado, CSKA y Panathinaikos, los nombres históricos y rutilantes, las plantillas pagadas a golpe de talonario, el favor de los pronósticos, la final por la que habría que inclinarse si hubiese euros en juego. Al otro, TAU y Unicaja, ejemplos de cómo con humildad, trabajo paciente y coherencia se puede llegar a discutir la primacía de los dólares y el peso de la historia.
A estas alturas casi nada deben envidiar vitorianos y malagueños de sus adversarios, salvo los títulos que adornan sus salas de trofeos y los magnates que se esconden por detrás de los banquillos. Pero lo uno es pasado y los otros no juegan. El presente dice que aún reconociendo que es más que posible que rusos y griegos se encuentren un peldaño por encima, el sistema de competición limita los efectos de esta diferencia con respecto a, por ejemplo, una liga o un ‘play off’. En esta cuestión radica precisamente el atractivo de la fórmula de Final a Cuatro, escenario ideal para que surja lo imprevisto.
Esta edición confirma que la aristocracia europea que se cita año tras año en este último acto es un coto muy cerrado donde resulta sumamente complicado entrar. Panathinaikos, CSKA, TAU Cerámica y Maccabi acumulan presencias en los últimos tiempos. En esta ocasión, el Unicaja se ha colado en el lugar de los israelitas, de la misma manera que el año pasado el Barcelona ocupó el puesto del Panathinaikos.
Esto no hace sino confirmar que lo del Baskonia tiene un mérito enorme, porque su constancia, con o sin títulos finales, es digna del mejor de los elogios. Algo parecido podríamos decir del Unicaja, que como ha hecho el TAU va escalando peldaños sin prisa pero sin pausa. Son muchos, sí, los aspectos que apuntan a que rusos y griegos se citarán el domingo. Pero en el deporte, el matrimonio entre la lógica y la realidad se suelen pelear muy a menudo.
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