Diciembre 2005
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HOGAR
Al calor del chip

Las nuevas tecnologías también han llegado a la manera de mantener una temperatura agradable en el hogar

Con el invierno llegan las olas de frío, las nieves, los resfriados y mucha gente comienza a pensar en encender, comprar o actualizar su sistema de calefacción. Muchas cosas han cambiado desde aquella tradicional mesa camilla de la abuela en la que existía un hueco sobre el que colocar el brasero. El consumo excesivo, la suciedad y el riesgo de peligrosos accidentes de los modelos de calefacción antiguos han quedado relegados ya al pasado. Los sistemas de calefacción de hoy se suman al carro de las nuevas tecnologías para ser cada vez más limpios, baratos y seguros. Hoy en día existen múltiples formas para calentar una casa durante el invierno. Los edificios de reciente construcción de hoy suelen incorporar sistemas de calefacción centrales por caldera de gas. Se trata de calderas en las que una llama alimentada por gas calienta un circuito de agua formado por radiadores instalados en las habitaciones de la casa. En líneas generales es un sistema limpio que exige poco mantenimiento, más allá de purgar el aire del circuito cuando llega el invierno. Es caro de instalar pero, una vez puesto, es relativamente limpio y barato. Las calderas más habituales, de tipo atmosférico, entrañan pocos riesgos si se realiza el mantenimiento anual y se procura una adecuada ventilación.

Si las calderas son las reinas de los hogares, los sistemas de aire acondicionado con bomba de calor sue len ser los más habituales en oficinas y pequeñas empresas. Se trata de equipos centrales de aire acondicionado que, además de enfriar el aire en verano, son capaces de calentarlo en invierno mediante combustibles fósiles o electricidad. Requieren una instalación compleja y mucho mantenimiento pero son rápidos en variar la temperatura. También suelen resecar en exceso el ambiente por lo que precisan de sistemas de humidificación.

Calentar sin gastar

Tanto la calefacción de gas como el aire acondicionado son sistemas que precisan de un estricto control. De lo contrario, no sólo se descontrollan los niveles de temperatura sino que se disparan los consumos de energía y la factura se resiente. La mejor manera de controlar esto es instalar un termostato digital que controles la temperatura ambiente para desconectar el funcionamiento de la calefacción cuando se alcanza una determinada temperatura y volver a encenderla cuando se baja de unos ciertos grados. Un termostato roto, viejo o puesto al máximo ‘para que caliente más rápido’ sólo ayuda a consumir más energía de la necesaria. Recientemente, muchos radiadores también se sustituyen por acumuladores. Se trata de dispositivos con un núcleo captador de calor que se cargan de calor por la noche, cuando las tarifas son más baratas, y liberan el calor por el día cuando es necesario.


De todos los sistemas de calefacción con instalación, el que ha supuesto un mayor avance es el de calefacción radial. Se trata de complejos sistemas de tuberías que hacen circular agua caliente bajo el suelo de las habitaciones. Esto hace que todo el suelo se caliente por contacto. El proceso es más efectivo con suelos de cerámica, que transmiten mejor el calor.

Por el principio de transmisión de calor, la calefacción radial calienta personas y objetos sin generar sensanción de agobio en el aire. Algunos sistemas radiales incluso son capaces de desarrollar la función inversa, enfriando el hogar en verano. Son sistemas bastante costosos de instalar pero su consumo es hasta un 30% menor y son mucho menos agresivos con la salud y el medio ambiente.

Calor para llevar

Todos estos sistemas requieren una instalación que, la mayor parte de las veces, sólo resulta asequible en un edificio de nueva construcción o como parte de una reforma en profundidad. Cuando esto no es posible existen pequeños electrodomésticos que aseguran una temperatura aceptable y portátil. Antiguamente existían modelos de gas pero, hoy en día, los mejores y más económicos son eléctricos.

Los modelos más potentes y económicos son los radiadores de termofluido. Se trata de armazones metálicos que contienen líquidos similares al aceite en su interior. Su mayor ventaja es que, después de apagarse, aún mantienen el calor durante mucho tiempo, reduciendo drásticamente el consumo de energía.

Un segundo tipo de calefactores son los radiadores de infrarrojos. Se trata de dispositivos que calientan tubos de cuarzo mediante electricidad. Producen una gran cantidad de calor en poco tiempo pero generan un gran consumo. Son especialmente aptos para caldear pequeñas habitaciones de manera rápida como cuartos de baño.

El último gran grupo de aparatos productores de calor son los termoventiladores. Elevan la temperatura calentando el aire que pasa a través de unas resistencias, como un secador de pelo gigante. Ruidosos y poco eficaces, la incorporación de sistemas inteligentes ha permitido gestionar mucho mejor su funcionamiento y eficiencia energética. Hoy son bastante más eficaces y silenciosos aunque tienden a resecar el ambiente si no disponen de hu-midificador y la temperatura conseguida con ellos se disipa muy rápido. Son los más adecuados para calentar suavemente estancias durante breves períodos.