La hora de compensar
las lealtades
Mercedes Gallego. Enviada especial.
Nueva York
Ocho años esperando para volver a Washington y dos años
de campaña apostando en cuerpo y alma por un candidato.
Quienes invirtieron en apoyo personal y económico en George
Bush esperan ver su nombre entre los puestos de la administración
como recompensa por la lealtad prestada. Las apuestas en torno
a las principales carteras durarán poco, porque Bush ha
prometido completar las nominaciones en dos semanas.
Cada uno ejerce su influencia como puede. Cheney desea ver como
jefe del Pentágono al ex senador de Indiana Dan Coats,
mientras que el propio Colin Powell está presionando para
ver en el cargo a un hombre mucho más moderado y amigo
personal de Bush, el gobernador de Pensilvania, Tom Ridge.
Caras conocidas como el gobernador de Nueva York, George Pataki,
el alcalde Rudy Giuliani o el rival de Hillary Clinton al Senado,
Rick Lazio, suenan con fuerza para alguno de los principales
cargos. Hay premios que se dan por hecho. El gobernador de Montana,
Marc Racicot, que sacó los trapos sucios del recuento
manual en West Palm Beach, espera ser premiado.
De Bush se espera que mezcle menos las amistades en el delicado
cargo de Secretario del Tesoro, donde incluso se especula con
que renueve el mando al actual.
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