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María San Gil, candidata a lehendakari del Partido
Popular, nunca hubiera pensado aquel mediodía del 23
de enero de 1995 que un trágico acontecimiento terrorista
iba a cambiar de forma drástica el rumbo de su vida.
A las 15.20 de aquella tarde, un pistolero de ETA asesinaba
de un tiro en la cabeza al primer teniente de alcalde de San
Sebastián, Gregorio Ordóñez,
en un conocido restaurante de la Parte Vieja donostiarra.
Aquel crimen, del que San Gil fue testigo directo
en primera persona, cambió por completo su vida, hasta
entonces centrada en labores de asesoramiento del grupo municipal
del PP, del que ni tan siquiera entonces era afiliada. Era,
eso sí, la verdadera pieza de confianza
del carismático teniente de alcalde.
Aquel asesinato trastocó dramáticamente los
planes vitales de María San Gil -entonces
con 30 años recién cumplidos- a quien, en principio,
nunca le han atraído
en exceso las dobleces y los equilibrios de la política,
más bien todo lo contrario; una donostiarra de clase
media -del
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- San Sebastián,
1965
- Licenciada en Filología Bíblica
Trilingüe
- Casada y con dos hijos
- Aficiones: leer y conversar |
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barrio de El Antiguo- que había estudiado
lenguas clásicas en Salamanca -latín,
hebreo y griego-que había sido alumna del Liceo Francés
de la capital guipuzcoana y a la que su verdadera aspiración
-al menos hasta el momento- ha sido la de ser algún
día alcaldesa de San Sebastián.
Una mujer que siempre ha confesado que lo que le gusta es
hacer «una vida normal» con sus
amigos o con su familia, a la que le fascinan sus hijos, que
esgrime su condición de madre de familia
ahora limitada en sus movimientos -tanto para ir al supermercado,
a la peluquería como a los columpios del parque- por
los escoltas que la protegen desde hace casi
diez años de la amenaza de ETA.
San Gil representa a la militante fiel, discípula
entusiasta de Jaime Mayor, que el ex presidente Aznar confesaba
como la «niña de mis ojos»,
en relación a la predilección que ha sentido
por ella, una dirigente que siempre ha manifestado su deseo
por acercar la política a ras de suelo, de la que sus
contrincantes destacan que tiene un estilo descarado y agresivo,
que conecta bien y que, a la vez, puede transmitir simpatía
personal y campechanía.
Sus años como concejal en el Ayuntamiento de San Sebastián
le han proporcionado tablas mediáticas para desarrollar
un discurso que sus oponentes califican de corte populismo.
Su trayectoria ha sido intensa en los últimos años.
San Gil ha sido parlamentaria en Vitoria,
vocal de la Ejecutiva nacional del PP en
enero de 1999, cabeza de lista de este partido
en las municipales de San Sebastián aquel año
y en 2003, y presidenta de los populares
guipuzcoanos desde hace cuatro años.
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