| DÍA 25 |
| Desde el Campo Base |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
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Fiesta paquistaní
en el campo base
Los porteadores locales agasajan a las expediciones
presentes en el Nanga Parbat
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| Los expedicionarios
esperan al asado. / F. J. PÉREZ. |
Al mal tiempo buena cara. Eso debieron de pensar los porteadores,
cocineros y guías locales en el campo base del Nanga Parbat,
tras una semana bajo la lluvia, el granizo y la nieve, y ayer
decidieron obsequiar a las expediciones que se encuentran a los
pies de la 'Diosa desnuda' con una típica fiesta local,
un asado de cabra cumplimentado con los tradicionales bailes paquistaníes.
La fiesta no fue improvisada. Desde un par de días atrás,
los porteadores se habían dedicado a hacer acopio de madera
en el campo base, lo que significa acarrearla desde mucho más
abajo, al menos a dos o tres horas de marcha. Nada hacía
presagiar el homenaje, ya que casi todas las noches, los porteadores
organizan sus pequeñas fiestas en torno a fogatas para
hacer más cortas sus noches a la intemperie.
Lo que desveló el asado fue el sacrificio de las dos cabras,
a primera hora de la mañana, e inmediatamente, los preparativos
de la fogata. Así, los occidentales del campo base pudieron
comprobar que aquí, en Pakistán, entre la muerte
del animal y su preparación apenas transcurre una hora,
frente a los varios días que se suele dejar reposar la
res sacrificada en occidente. El resultado lo comprobarían
horas más tarde al probar la carne de las dos cabras, más
parecida a la suela de cualquiera de las botas con la que los
alpinistas intentan conquistar estas montañas. Un 'pequeño'
problema que los paquistaníes no alcanzaban a comprender
mientras degustaban con auténtico placer el asado.
Incluso el tiempo de reparación -en poco más de
dos horas la cabras ya parecían estar en su punto, pero
efectivamente, sólo parecían- alertó sobre
las condiciones de su carne. Sin embargo, todos comprendían
que el asado no dejaba de ser una excusa para acercar a dos culturas
y a los numerosos pueblos que se han ado cita este año
a los pies del Nanga Parbat. Así lo explicó Musrhán,
un paquistaní grande y orondo, el más veterano de
todos los presentes y al que sus compatriotas han escuchado con
vehemencia desde que llegó al campo base.
«Aprovechando estos días de parón por el
mal tiempo, el valle de Chilás (del que proceden la mayoría
de los porteadores aquí) ha querido ofrecer a las expediciones
esta fiesta paquistaní como muestra de hermanamiento y
agradecimiento por todo lo que vuestra presencia supone para nosotros»,
explicó. A continuación, Carlos Pauner, líder
de la expedición aragonesa, fue el encargado de responder
a sus palabras agradeciendo tanto la fiesta como el discurso.
Y a la comida le siguieron los bailes, curiosos a la vista de
un occidental ya que los hombres, quizá para compensar
la ausencia de mujeres, se mueven con gestos claramente femeninos
al son de las canciones tradiciones, sólo acompañadas
por el retumbar de bidones o cajas de madera utilizados por los
porteadores. Hasta la meteorología se sumó al convite,
ya que pese a que el Nanga Parbat estuvo todo el día cubierto
por las nubes, al menos no cayó una gota de agua, «la
mejor muestra de que vuelve el buen tiempo», en palabras
de Mateen. «Inshalá» («si Alá
quiere»).
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