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Vallejo: «Soy un
fanático de Messner, el maestro que ha roto todas las reglas»
Entrevista con el ecuatoriano Iván Vallejo, que busca en
el Nanga Parbat su undécimo 'ochomil'
Iván Vallejo (1945, Ecuador) es de esas personas que contagian
su ilusión, sus ganas de vivir. Un torbellino de optimismo.
Una de esas personas que mantienen el ánimo de una expedición
aún tras una semana de mal tiempo. Definitivamente no es
un tipo cualquiera. La determinación de este profesor de
matemáticas que un día decidió dejarlo todo
por un sueño no tiene límites. Un día descubrió
las montañas que rodean su Ambato natal y no paró
hasta ascenderlas. Luego decidió ir al Himalaya y en cuanto
vio el Everest soñó que algún día
sería suyo y lo ascendió dos veces, y sin oxígeno
suplementario. Y entonces decidió que lo que quería
eran los 14 ochomiles. Y ya lleva ascendidos diez.
-¿Considera que su condición de sudamericano
ha supuesto una dificultad añadida en tu objetivo de los
Catorce?
-Le voy contar una historia. La primera ve que estuve en el Himalaya
fui para ascender clandestinamente el Pumori, pues no tenía
dinero para el permiso. Allí vi por primera vez el Everest...
El caso es que conmigo estaba un austriaco que sí iba a
subir. Yo me comparaba con él y me decía, '¿Cuál
es la diferencia entre el y yo? ¿Ninguna! Ambos tenemos
dos manos, dos pies, dos pulmones... La única diferencia
es que él tenía dinero y yo no. Entonces me dije,
'vuelvo al Ecuador y consigo el dinero para escalar el Pumori'.
Pero de vuelta a casa me dije, '¿el Pumori?, ¿Yo
lo que quiero es el Everest! Y así empezó todo.
Al principio fue muy duro. Las dos expediciones previas al Everest
las tuve que sufragar con préstamos personales de amigos.
Pero lo tenía asumido. Efectivamente, por ser sudamericano,
la principal dificultad es la económica, pero si me comparo
con mis amigos españoles, Juanito, Iñurrategi y
compañía, ellos tienen una competencia brutal para
lograr patrocinadores que yo no tengo.
El gran ejemplo
-Pero siempre tuvo los objetivos muy claros, como el de hacer
los Catorce sin oxígeno.
-Siempre tuve clarísimo que los iba a hacer sin oxígeno.
Soy un fanático de Reinhold Messner. Es el maestro que
ha roto todas la reglas. Él es muy duro cuando dice que
el que sube una montaña de 'ochomil' con oxígeno
en realidad está subiendo una de 'seismil'. Y cuando decidí
ir al Everest me dije, con mucho respeto hacia su figura, 'cuál
es la diferencia entre Messner y yo? Ninguna. Es un hombre de
una mente espectacular, pero físicamente es igualito. Con
una ventaja, que él entrena en su casa a 500 metros de
altitud y yo puedo hacerlo a 2.800. Así que lo menos que
me puedo plantear es subir sin tanques de oxígeno, igual
que él'. Y esa propuesta caló mucho en mi país
y permitió que en el Ecuador se aceptase por primera vez
un proyecto de patrocinio en el Himalaya.
-Casi todos los que han afrontado el proyecto de los Catorce
han asegurado en su recta final que casi se había convertido
en un lastre, en un peso a quitarse de encima. ¿Es su caso?
-Noooo¿. Yo tengo por principio el disfrutar de la vida.
Desde los pequeños detalles hasta los grandes proyectos.
-Que es más importante en el objetivo de los Catorce?
la suerte, el dinero, la constancia...
-Verá. Lo fundamental es lo que supone para mi como ser
humano. El enriquecimiento personal. Yo me paro ante el espejo
y me digo, a ver Vallejo, que vas a hacer con este 'ochomil.
Hombre o mujer
-Ante un objetivo tan importante en todos los aspectos, como
son los Catorce, tiene miedo al después?
-Bueno, lo que tengo clarísimo es que el año inmediato
va a ser de juerga total. Y luego me gustaría impulsar
un proyecto con jóvenes ecuatorianos en el Himalaya. De
hecho ya he dado algunos pasos. También tengo que saldar
la cuenta pendiente con el Pumori, el culpable de mis inicios
en el Everest. Y en mi vida profesional tengo pensado crear una
escuela de valores para los jóvenes de mi país aprovechando
la montaña en el Ecuador .
-¿Pero personalmente teme al vacío que se tiene
cuando se concluye un gran proyecto vital, personal, que se ha
llevado gran parte del tiempo y las energías de la persona?
-Claro. Más que miedo, lo voy encarando. Ahora estoy en
la cresta de la ola y me digo 'tranquilo, ahorita goza, que tienes
tu nombre, que te entrevistan, que te toman fotos'. Y después
como todo, tiene que descender, es un proceso.
-Y ahora el Nanga. ¿Qué le está pareciendo
la montaña?
-Siempre, para mal o para bien, he intentado subjetivizar la
montaña, verla como un hombre o una mujer, como un amigo.
Pero al Nanga no he podido encasillarla todavía, aunque
la he visto como una montaña en muy buena onda.
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