| DÍA 22 |
| Desde el Campo Base |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
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Dos hombres y una montaña
La historia del Nanga Parbat, y la de todo el himalayismo, no
se podría entender sin dos figuras emblemáticas,
Hermann Buhl y Reinhold Messner
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| ACLIMATACIÓN.
Un campamento de altura camino de la cima del Nanga Parbat./
Fernando J. Pérez |
La historia de las grandes cumbres del mundo está esculpida
a base de gestas y tragedias. Y casi siempre está asociada
a la figura de grandes hombres que, un día, decidieron
ponerse a la altura de la montaña. Herzog y Lanechal, en
el Annapurna; Tenzing y Hillary, en el Everest; Lacedelli y Compagnoni,
en el K2...
En el Nanga Parbat esta relación entre hombre y montaña
adquiere una intensidad fuera de lo común en las figuras
de los alpinistas Hermann Buhl y Reinhold Messner, dos personalidades
sin las que no es posible entender la historia del Nanga Parbat,
ni la del propio himalayismo.
HERMANN BUHL (1924-57)
En 1953, por enésima vez, el alpinismo alemán fija
sus ojos en el Nanga Parbat. Como jefe de expedición figura
el doctor Karl Herrligkoffer, un controvertido personaje. Frente
a la rigidez cuasi militar y la inexperiencia en la montaña
de Herrligkoffer se sitúa el mejor hombre de su equipo,
Hermann Buhl, un austriaco, de 29 años, considerado como
uno de los escaladores más destacados de Europa y especializado
en escaladas de velocidad y en solitario.
Tras un mes de trabajo, el grupo no ha alcanzado más que
el campo IV, a 6.150 metros. Es finales de junio y los partes
confirman la proximidad del monzón, así que Herrligkoffer
ordena la retirada. Pero cuatro de los alpinistas no hacen caso,
entre ellos Hermann Buhl, a los que el aviso les ha cogido en
el C-IV. El 30 de junio el tiempo mejora y el 2 de julio instalan
el campo V en la arista este, a 6.900 metros de altitud. Esa noche,
deciden, Kempter y Buhl saldrán hacia la cumbre. Pero a
las dos de la madrugada, la hora prevista, sólo se despierta
Buhl quien, resuelto, parte en solitario.
La escalada se hace cada vez más exigente y el cansancio
empieza a hacer mella. Amanece y, en un hueco en la nieve, decide
dejar la mochila, confiado en estar de vuelta por la tarde...
Continúa sólo con la cantimplora llena de infusión
de coca, un puñado de píldoras de Pervitina (anfetaminas),
el piolet, los bastones y la cámara.
A las dos de la tarde alcanza la depresión entre la antecima
y la cumbre principal, a 7.820 metros. La sed y el hambre le «atormentan».
Recurre al Pervitin e «indeciso» se toma dos tabletas
para afrontar las últimas dificultades técnicas.
Una tras otra las va superando mientras pasan las horas. Su objetivo
no va más allá «de los diez o veinte metros»
que alcanza su vista; cada dos por tres se desploma agotado.
«Con indecible esfuerzo me arrastro a lo largo de una cresta
horizontal. Aquí no impera ya más que el espíritu;
el espíritu, que no piensa en otra cosa que en subir. El
cuerpo hace ya mucho que no puede más... No puedo tenerme
en pie, no soy más que una ruina. Avanzo a gatas, cada
vez más próximo el peñasco al que con temerosa
expectación ansío llegar. ¿Qué hay
más allá? Me llevo una grata sorpresa... Piso el
punto más alto de esta montaña, la cumbre del Nanga
Parbat... Son las siete de la tarde».
Al poco de iniciar el descenso pierde un crampón. Busca
un lugar para pasar la noche. Apenas encuentra una pequeña
repisa donde no se puede ni sentar. Cuando amanece retoma el descenso.
Entonces Buhl tiene «una sensación extraña.
¿Ya no estoy solo! Hay un compañero que me protege,
observa, asegura. Sé que es un dislate pero la sensación
persiste...». Una sensación de compañía
que muchos otros escaladores, incluido Messner, han experimentado
en situaciones límite y que les ha ayudado a sobrevivir.
Pasado el mediodía recupera la mochila. Vacía.
La sed le quema, la lengua se le pega al paladar, tiene la garganta
agrietada, echa espuma por la boca. Cae, se queda dormido, pierde
la loción del tiempo. Sabe que otra al raso no sobrevivirá.
Recurre de nuevo al Pervitin. Convertido en un despojo humano,
y sólo espoleado por la droga, sigue bajando hasta alcanzar,
por fin y 41 horas después de haber salido de allí,
el campamento V, donde sus compañeros le daban por muerto.
Aún quedaría un penoso descenso por los casi desmantelados
campos de altura hasta el campo base y el mal tratamiento de sus
congelaciones, que le costarían dos dedos de los pies...
Cuatro años después aún protagonizaría
otra de las páginas más bellas del himalayismo,
al lograr la primera ascensión al Broad Peak con Kurt Diemberger.
Días después intentan en alpino el cercano Chogolisa
(7.654 m.), donde desaparece al fallar una cornisa en medio de
la tormenta.
REINHOLD MESSNER (1944)
Tras abrir una nueva vía en la vertiente Diamir (Kinshofer,
1962), el doctor Herrligkoffer, siempre obsesionado con 'su' montaña,
fija la vista en la vertiente Rupal, con sus 4.500 metros, la
pared más alta del mundo. Dirige, sin éxito, tres
expediciones. En 1970 vuelve por cuarta vez. Entre los alpinistas
figuran los hermanos Günther y Reinhold Messner. Este último,
pese a sus 26 años, se ha labrado ya una reputación
de escalador de altísimo compromiso en Tirol y Alpes.
Seis semanas les lleva equipar la pared hasta el campo V, a 7.350
metros, periodo en el que se destacan los hermanos Messner. Ambos
figuran, a finales de junio, en el equipo de cumbre. En el campo
V no hay radio, por lo que habían establecido un código
de señales desde el campo base. Desde el CB lanzan una
bengala roja pero con una cinta azul -tiempo dudoso y la cordada
de cumbre tiene libertad para decidir-.
A las dos de la madrugada sale Reinhold, pero poco después
su hermano le sigue los pasos. Tras una dura ascensión,
a las cinco de la tarde hacen cumbre y, en el descenso, vivaquean
en una cueva. A la mañana siguiente, nueva polémica.
Otra cordada, Scholz-Kuen, sube hacia la cumbre y Reinhold les
reclama auxilio ya que su hermano, muy debilitado, no puede descender
por la técnica vía del Rupal. Scholz y Kuen dirían
que Reinhold nunca les pidió ayuda.
Reinhold decide bajar por la otra vertiente de la montaña,
la Diamir, un terreno desconocido. Pese a todo, encuentra una
ruta, paralela al espolón Mummery. Baja más rápido
que su hermano y cuando llega al glaciar escucha un alud tras
él. Imaginando lo peor, vuelve sobre sus pasos pero no
encuentra a su hermano. Desesperado, le busca durante un día
entero, hasta que reinicia el descenso. Tres días más
tarde unos pastores lo descubren semiinconsciente. La odisea se
saldaría con casi todos los dedos de sus pies amputados.
Reinhold vuelve una año más tarde al valle de Diamir
para buscar a su hermano, lo que haría varias veces más.
En 1972 asciende el Manaslu. Le dan por desaparecido y uno de
los miembros de una cordada de rescate fallece. Messner entra
entonces en un periodo de reflexión del que sale determinado
a escalar un 'ochomil' en solitario, que no puede ser otra que
el Nanga Parbat. En 1973 se planta en su base pero abandona.
En 1978 protagoniza la histórica ascensión sin
oxígeno artificial al Everest. Y entonces sí, se
ve con fuerzas para esa escalada en solitario. En junio viaja
al Nanga Parbat y afronta los 3.500 metros de la pared Diamir
sólo con una mochila de quince kilos. Abre allí
una ruta nueva, nunca repetida, a la derecha del espolón
Mummery, por un terreno peligrosísimo barrido por la avalanchas
en el que se sirve de su prodigiosa velocidad para alcanzar la
cumbre en tres días.
Pero un terremoto inutiliza la ruta, así que tiene que
descender por otra. La primera ascensión en solitario a
un 'ochomil' acababa de consumarse.
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