| DÍA 18 |
| Desde el Campo Base |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
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Las tres mochilas de Alí
Alí Razá es un hombre pequeño y enjuto,
de sonrisa permanente, que se esconde tras unas gafas de sol que
ocultan casi toda su cara. Tras ese aspecto se esconde uno de
los porteadores de altura más fuertes de Pakistán,
nacido en Skardu y con tres hijos. Además del Nanga, conseguido
anteayer, Alí ha ascendido dos veces el Broad Peak, el
G-I y el G-II y ha estado varias veces por encima de ocho mil
metros en el K2.
Ayer, André Georges y Laurent Gillioz reconocían
la labor fundamental de Alí en la consecución de
la cima. El joven Laurent le estaba especialmente agradecido.
«Cuando André se ha dado la vuelta he pensado que
todo se terminaba, pero entonces Alí me ha animado. Ha
abierto casi toda la huella sin descanso. Ha bajado varias veces
para darme ánimos. Sin él no hubiese hecho cumbre».
Una vez en la cima, el inquieto paquistaní se dedicó
a revolotear entre las piedras, donde encontró tres viejas
mochilas, por lo menos de los años sesenta. Ni corto ni
perezoso, se las echó encima y se aprestó a descender
con ellas, más la suya. Y con ellas llegó al campo
base, con la idea de «venderlas en el bazar y con las rupias
que me saque comprarme una nueva».
Pero antes le quedaba una última labor para sus 'clientes'
suizos. Tras descender la pasada madrugada en solitario del vivac
al C-II, volvió a subir por la mañana hasta donde
sus compañeros para comprobar qué tal estaban.
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