| DÍA 17 |
| Desde el Campo Base |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
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Los suizos estrenan la
cima del Nanga esta temporada
Laurent Gillioz y el porteador de altura paquistaní Alí
Razá hicieron cumbre ayer tarde tras 17 horas de ascensión
El seguimiento desde el campo base resultó agónico.
Con unos simples prismáticos se podía observar la
evolución de tres puntitos en la inmensidad de la montaña.
Desde que amaneció se pudo distinguir su cansino paso por
el 'plateau' Bazin, una amplia meseta situada en la base de la
pirámide cimera, a 7.850 metros. A media mañana
estaban al pie del trapecio somital (7.900 m.). Descansaron un
rato y, de pronto, uno se separó del grupo y comenzó
a descender. Los otros dos siguieron para arriba.
Por fin, sobre las tres de la tarde (hora local), las dos hormiguitas
se encontraban a unos pocos metros de la cumbre. Las rocas cimeras
permitieron que el instante de la cumbre fuera un momento íntimo
para los dos alpinistas. Y un cuarto de hora más tarde,
descendían a toda velocidad por las palas de nieve cercanas
a la cumbre.
Entonces, por fin (la última vez había sido a las
seis de la mañana), la radio del campamento suizo volvía
a tomar vida. Era André Georges, el líder del grupo,
que comunicaba las últimas noticias. Lo que debió
de ser una explosión de júbilo se quedó en
una mezcla de sentimientos contrapuestos. El que se había
dado la vuelta era él. Todos en el CB habían apostado
por su compañero, Laurent Gillioz, novato en estas lides
'ochomilistas', o en su defecto el porteador de altura, el paquistaní
Alí Razá, que en esta expedición ha participado
más como otro miembro del grupo que como porteador.
Pero no. Había sido el veterano André, 52 años,
la mitad de ellos gastados como guía en Alpes, y nueve
'ochomiles' a sus espaldas, el que se había tenido que
dar media vuelta. A menos de doscientos metros de la cumbre. Una
mezcla de agotamiento y problemas gástricos había
podido con él. Según explicó, había
sido el encargado de abrir huella -en algunos puntos casi hasta
la cintura- durante buena parte de la ruta y, ya avanzado el día,
había comenzado a vomitar y a sentir fuertes dolores de
estómago que le impidieron continuar.
Todo había comenzado mucho antes. Pero mucho antes. Concretamente,
a las ocho de la tarde del domingo, hora a la que los tres alpinistas
abandonaron la tienda del campo III (6.800 m.). La empresa tenía
una envergadura nada habitual. Su objetivo, ascender en estilo
alpino los más de 1.300 metros de desnivel hasta la cumbre.
Y lo consiguieron, aunque tras una agotadora jornada de 17 horas.
El descenso
Pero aún quedaba bajar. En estas situaciones, el momento
más problemático. Después de reunirse los
tres en la base del trapecio cimero,, iniciaron un largo descenso
con la meta puesta en el campo III. Pese al cansancio y lo tarde
que era, pasaron de largo la tienda de los checos en el campo
IV, que ayer ascendieron desde el C-II para intentar hoy la cumbre,
y prosiguieron su camino hacia el C-III. El motivo, que no querían
molestarles después de haber utilizado su tienda la tarde
anterior en el C-III.
Por fin, sobre las ocho y media, ya noche cerrada sobre el Nanga
Parbat y 24 horas después de comenzar a andar, alcanzaron
el campo III, pero allí les esperaba una desagradable sorpresa.
La tienda en la que habían dormido la tarde anterior, la
de los checos, ya no estaba. Es la que Radek Jaros y Pietr Masek
habían subido para dormir en el C-IV.
En busca de los suizos
A esas alturas, en el campo base se realizaban ya todo tipo de
hipótesis sobre el comportamiento del grupo suizo. Conjeturas
totalmente peregrinas a la vista de la situación, ya que
no tiene nada que ver la perspectiva de una situación al
calor del campo base, a 4.100 metros, que en medio de la noche,
a 6.800 metros y tras 24 horas andando, cima del Nanga Parbat
incluida.
Al cierre de esta edición, la decisión, recomendada
desde el CB vía walkie a un André en cuya voz el
agotamiento se hacía más que evidente, era que vivaquearan
en el C-III intentado utilizar el infiernillo que habían
llevado precisamente para esa eventualidad. Y hoy, una vez se
haga de día, intenten descender hasta el C-II. Al mismo
tiempo, desde el CB se avisó anoche a todos los miembros
de expediciones que pernoctaron a esa altitud para que, incluso
ante de que amanezca, salgan en busca del equipo suizo.
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