| DÍA 15 |
| Desde el Campo Base |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
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Nanga Parbat, la montaña
del destino
Es el segundo 'ochomil' más peligroso, con 62 muertos,
26 de ellos durante expediciones alemanas en los años 30
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| Edurne Pasaban,
junto a algunos de los integrantes de su expedición,
con el Nanga Parbat a sus espaldas. / FERNANDO J. PÉREZ |
El Nanga Parbat, 'la Montaña Desnuda', es también
la 'Montaña del Diablo', la 'Montaña Cruel', la
'Montaña Trágica', la 'Montaña Asesina',
la 'Montaña del Destino'... ¿Qué historia
puede atesorar una cumbre con tantos nombres? Pues una de las
más trágicas de los 'ochomiles' y desde luego la
más dramática hasta su conquista, en 1953, apenas
unas semanas después del Everest, por el austriaco Hermann
Buhl.
Pero conviene ser justos con Diamir, el 'Rey de las montañas',
el nombre con que la conocen los locales, reducido ahora a una
de sus vertientes. Efectivamente las estadísticas sitúan
al Nanga Parbat como una de los 'ochomiles' más mortales.
Exactamente el segundo, tras el Annapurna, con 62 muertos, un
27,19% respecto a sus 228 cumbres conseguidas.
Sin embargo, estas cifras están condicionadas por los
26 muertos que hubo en sólo dos años, 1934 y 1937,
en dos de las mayores tragedias de la historia del himalayismo.
Fueron años en los que el nazismo tomó como símbolo
esta montaña e hizo de la consigna «subir o morir»
el lema de sus expediciones. Los mejores alpinistas alemanes de
esa década dejaron su vida en el Nanga. Desde entonces
a la montaña le quedó para siempre el sobrenombre
de la 'Montaña de los Alemanes', además de otros
que reflejaban su sentido trágico.
Pero a partir de su conquista en 1953, paradójicamente
por un austriaco, las cifras cambian radicalmente. Desde ese año
hasta la actualidad han fallecido en sus laderas tantas personas
-31- como las que murieron en los años de la preconquista.
A partir de la gesta de Hermman Buhl el Nanga muestra índices
de peligrosidad equiparables a otros 'ochomiles', pasando al sexto
lugar con un 14,47% y superada por montañas como Manaslu
y Dhaulagiri, además de los tres 'ogros' del 'ochomilismo':
Annapurna, K2 y Kangchenjunga.
Leyenda negra
En todo caso, su halo trágico, su leyenda negra durante
los primeros años, es indudable y se remonta al siglo XIX.
En invierno de 1840, un terremoto provocó un gigantesco
corrimiento de tierras desde el Nanga Parbat hasta el río
Indo, que quedó bloqueado formando una presa que se extendía
hasta Gilgit, sesenta kilómetros río arriba. En
el verano de 1841, el lago se rompió y la riada que provocó
causó centenares de muertos, entre ellos un ejército
Sikh al completo que se encontraba acampado en la parte baja del
valle.
A partir de ahí, los primeros contactos del hombres y
el Nanga Parbat arrastraron una especie de maldición casi
supersticiosa. Las primeras noticias sobre esta montaña
llegaron a Occidente gracias al explorador Adolf Schlagintweit,
que en 1856 llegó a su base, realizó los primeros
mapas y la dio conocer en Europa. Pero pagó un alto precio.
Fue decapitado, acusado de espía.
Probablemente, fueron estos mapas y posteriores avistamientos
y fotografías realizados por otros exploradores y alpinistas,
sobre todo británicos, los que despertaron el interés
del mejor alpinista de finales del siglo XIX, un adelantado a
su época: Alfred Mummery. Nacido en 1955, era un hombre
atípico, innovó el estilo de escalada con métodos
que han llegado a la actualidad y todo ello pese a su aspecto
enfermizo, su miopía y su ligera joroba por un defecto
de nacimiento. Tras elevar los límites de la escalada en
Alpes a niveles del siglo XX, en 1895 decidió dar el salto
a Himalaya y con sólo dos compañeros británicos
y dos gurkhas recaló en el Nanga.
Primero exploró la vertiente Rupal, que consideró
inaccesible, y luego pasó al lado Diamir. Allí descubre
una sucesión de espolones rocosos que ascienden hasta casi
la cima. Lo intentan por dos veces, la segunda de las cuales llega
a algún punto entre los seis y los siete mil metros, cuando
se retiran por la enfermedad de uno de los gurkhas. Ese espolón
lleva desde entonces su nombre y aún permanece inescalado.
Tras este intento, el primero de la historia a un 'ochomil', deciden
ir a otra vertiente, la Rakhiot. Sus dos compañeros han
marchado de avanzadilla y le esperan allí, pero nunca llegaría.
En algún punto del glaciar Diamir, una avalancha le sepulta
junto a los dos gurkhas.
Por el honor nazi
El Nanga no volvería a recibir visitas hasta 1932, cuando
el alpinismo alemán, primero, e inmediatamente después
el régimen nazi, ponen sus ojos, y su mal entendido honor,
en la 'Montaña Desnuda'. Willy Merkl, uno de los mejores
alpinistas alemanes de la época, dirige una expedición
nacional que se decide por la vertiente Rakhiot. Evitando las
principales dificultades técnicas, descubren un larguísimo
recorrido a la cumbre, que discurre por la parte izquierda de
la pared. Han encontrado la ruta de ascensión y llegan
a montar el campo VII a 7.000 metros, pero no supone ni la mitad
de la vía. Aún así, la expedición
es un éxito.
Los alemanes tardan dos años en volver al Nanga, ya con
todo el soporte del régimen nazi detrás. Merkl dirige
de nuevo el grupo, que incluye a lo mejor del alpinismo alemán
y austriaco del momento. Repiten la ruta Rakhiot en la que fallece,
cuando avanzaban a buen ritmo, Alfred Drexel de un edema pulmonar.
Esta muerte provoca una retraso de 17 días en los planes
que más tarde sería decisivo en desenlace trágico
de la expedición.
De vuelta a la montaña. El 6 de julio, dos miembros del
equipo llegan a 7.750 metros, bajo la antecima, pero deben retirarse
al campo VIII (7.500), a donde llegan otros tres alpinistas con
once porteadores. Aguardan el momento del asalto final cuando
se desata una violenta tormenta que destroza las tiendas. Tras
dos días sin dormir, y sin que el temporal amaine, emprenden
una trágica retirada que dura ocho días y cuesta
la vida a tres de los escaladores y a siete porteadores.
La tragedia golpea al alpinismo alemán y, sobre todo,
al orgullo del régimen nazi, que desde ese instante convierte
la conquista del Nanga Parbat en una cuestión de Estado.
Tres años tardan en formar un nuevo equipo, dirigido por
Karl Wien, al que Hitler arenga personalmente diciendo que tienen
que «llegar a la cumbre o morir». De nuevo en la ruta
Rakhiot, la noche del 14 de julio, siete alemanes -todo el equipo
de cumbre- y nueve porteadores ocupan el campo IV, cuando un serac
se desprende sobre ellos y provoca una avalancha que sepulta todo
el campamento. Dieciséis hombres pagan con su vida el mal
emplazamiento de las tiendas. Es, aun hoy, la mayor tragedia del
'ochomilismo'.
Siete años en el Tíbet
Pero la soberbia del III Reich no tiene límites y en 1938
envía otra expedición, que llega a los 7.300 metros,
punto en el que su jefe, Paul Bauer, ordena la retirada, sin duda
influenciado por las tragedias precedentes. Todavía volverían
lo alemanes en 1939, ya con los vientos de guerra soplando en
Europa. La expedición, en la que figura Heinrich Harrer,
uno de los vencedores de la mítica pared Norte del Eiger
(Alpes), intenta otra vertiente y llega a los 6.000 metros por
el espolón Mummery. Pero su regreso coincide con el inicio
de la II Guerra Mundial y los ingleses los hacen prisioneros.
Harrer y un compañero logran huir al Tíbet, donde
permanecen siete años y llegan a ser consejeros personales
del Dalai Lama, aventura personal que plasmó en el libro
'Siete años en el Tíbet'.
Tras la guerra, los alemanes no están para pensar en el
Nanga y una expedición británica se le adelanta
en 1950. Son un grupo de jóvenes que van más a la
aventura que a escalar, pero se meten en la montaña. En
un intento casi invernal, a primeros de diciembre, dos alpinistas
quedan atrapados por la nieve en el campo II de la vía
Rakhiot, pagando su osadía con la muerte. Son las víctimas
treinta y treinta y uno de la 'Montaña Asesina'.
Tres años después, los alemanes recuperan el protagonismo
en 'su' montaña. Las dificultades se suceden de nuevo e
incluso se ordena la retirada. Pero entonces surge la determinación
de un hombre, Hermman Buhl, austriaco por más señas,
quien, desafiando toda lógica,decide el asalto en solitario.
El 3 de julio hace cumbre protagonizando una de las gestas más
increíbles del himalayismo.
Un 'ochomil' aislado
Hasta su ubicación geográfica dota al Nanga Parbat
de personalidad propia. Único situado íntegramente
en territorio paquistaní y a sólo 125 kilómetros
de Srinigar, la capital de Cachemira, es el 'ochomil' más
occidental de los catorce. Aunque se encuentra a sólo unos
pocos centenares de kilómetros del Karakorum y a miles
de Nepal, pertenece a la cordillera del Himalaya. Esta curiosidad
geográfica se debe a que es el río Indo el que marca
la divisoria entre el Karakorum y el Himalaya. El Karakorum y
sus cuatro 'ochomiles' quedan en su margen derecha, mientras que
el Nanga Parbat y los nueve ochomiles del Himalaya nepalí,
aunque separados miles de kilómetros, están en su
margen izquierda.
Otra de sus singularidades geográficas es su aislamiento.
Adscrito al Himalaya del Punjab, no tiene otras grandes montañas
a su alrededor y se eleva casi siete mil metros desde las cercanas
orillas del río Indo, conformando uno de los mayores desniveles
del planeta. Esta característica es extensible a las cuatro
vertientes de la montaña, todas ellas con desniveles superiores
a los cuatro mil metros desde sus campos base hasta la cumbre.
Una de ellas, la Rupal, con sus cerca de 4.500 metros de pared,
está considerado el mayor desnivel alpino del mundo.
Su soledad le confiere otra particularidad, una climatología
especialmente adversa, ya que recibe prácticamente sin
oposición alguna tanto los vientos húmedos de las
cuencas del Ganges y el Indo, que depositan grandes cantidades
de nieve en las laderas de la montaña, como los frentes
nubosos y vientos del monzón indio, que le alcanzan de
lleno.
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