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«Estoy un poco cansada
de la rueda de los ochomiles»
«Cuando has vivido lo que yo el pasado año en el
K2 con Juanito te planteas si merece la pena volver»
Edurne Pasaban ha vuelto a los 'ochomiles'. A la rueda, como
ella lo llama. Ha pasado un año desde el ascenso al K2,
pero la dramática experiencia que vivió allí
junto a Juanito Oiarzabal -ambos sufrieron graves amputaciones
en los dedos- sigue muy presente en su mente. Las heridas físicas
han cicatrizado, pero las anímicas siguen abiertas. La
reciente muerte de dos buenos amigos, Manel de la Matta y Christian
Kuntner, y el accidente de Rakel Pérez nada más
llegar al Nanga Parbat, tampoco han ayudado a cerrarlas. Así
que sus palabras destilan un cierto hartazgo hacia la carrera
en la que está inmersa.
-Ha sido un inicio muy accidentado de expedición, con
el rescate de Rakel Pérez. ¿Te había sucedido
alguna vez?
-Casi siempre me han pasado cosas en las expediciones, pero nunca
llegar y el primer día tener que salir a hacer un rescate.
Cuando nada más llegar te pasa eso y encima ves lo mal
que está la montaña, la verdad es que te desmoralizas.
-¿Afecta al ánimo este tipo de cosas?
-Si me lo hubieras preguntado hace un par de días te hubiese
dicho que sí, pero lleva tres días haciendo buen
tiempo, hemos empezado a trabajar y nos estamos encontrando todos
bien y eso anima mucho al grupo. Pero sí que afecta. Cuando
vine y pasó lo de Rakel, y vi cómo está la
montaña te dan ganas de tirar la toalla e irte para casa.
-Y hablando de ánimo, tu recuperación física
del durísimo descenso del K2 es evidente pero ¿anímicamente
estás también recuperada?
-(Resopla). Físicamente estoy bien y estos días
lo estoy comprobando. La recuperación anímica, sin
embargo, no es tan fácil. Y me he dado cuenta de ello cuando
he llegado al campo base del Nanga Parbat. No sólo por
el accidente de Rakel, el mal tiempo y que la montaña esté
llena de nieve, sino porque cuando has vivido lo que yo en el
K2 te planteas muchas cosas. Si realmente merece la pena volver
a estar aquí, intentar otro 'ochomil'... Bueno... Al final
estás dentro de una rueda y haces lo que te gusta, pero
ahora pienso mucho mas las cosas y me las tomo con mucha más
tranquilidad. Antes no.
-O sea, que hay un antes y un después del K2 en tu
vida.
-Sí. Y me estoy dando más cuenta ahora que he vuelto
a los 'ochomiles'. Ahora me tomo las cosas con mucha más
tranquilidad, con más perspectiva . Hace dos o tres años
era más fanática, mucho más ambiciosa...
Y ahora lo sigo haciendo porque estoy a gusto, porque el grupo
es bueno y porque al final me gusta lo que hago, pero también
valoro otras mil cosas que antes seguramente no valoraba.
-Se te nota un poco cansada de toda la aventura de los 'ochomiles.'
-Sí, sí. Me noto un poco cansada. Quizá
tenía que haber dejado pasar más tiempo desde el
K2 para volver a un 'ochomil'. Tenía que haber dejado pasar
otro año más. Si, sí, creo que tenía
que haber dejado pasar más tiempo y estar más tranquila.
-¿Y por qué no lo has hecho?
-Por pura ambición mía y de mucha gente. No es
que te sientas obligada, pero estás dentro de una rueda
en la que la gente espera que vayas haciendo cosas y es difícil
salir de ese rollo. Al final tienes que valorarlo todo y realmente
sólo lo haces cuando estás aquí. Y te das
cuenta de lo cansada que estás, y piensas 'jo, no sé
si me apetece'. Y te planteas 'bueno, vamos a dejar un tiempo'.
«Lo he pasado muy mal»
-Y encima, hace poco más de un mes has perdido a otro
amigo, Christian Kuntner en el Annapurna. ¿Cuando vives
esas situaciones no tienes ganas de tirar la toalla?
-Muchas, muchas. Y sobre todo después del K2, de la pérdida
de Manel (de la Matta, muerto el año pasado en el K2) y
de Christian... ufffff. Lo he pasado muy mal. Pienso muchísimo
en ellos y en todas estas cosas que hacemos y al final dices 'si
hacemos esto es porque nos gusta, no por los demás'. Perder
un amigo duele mucho y te das cuenta de que valoras otras cosas.
A Christian le conocía mucho y siempre le estaba escuchando
que iba a dejar esto ya. Y mira, en el último, lo que le
ha pasado.
-Pero aquí estás, y has elegido el Nanga Parbat.
¿Por algo en especial?
-Es un cúmulo de circunstancias. En primer lugar porque
por el tiempo que necesitaba para recuperar los pies tenía
que ser un 'ochomil' de verano, en Pakistán. Y aquí
me quedan el Nanga y el Broad. Y el Nanga es una montaña
que me gusta. Ya antes de ir al K2 con Juanito habíamos
hablado de venir aquí.
-Es otra montaña cargada de historia, como el K2, aunque
los riesgos aquí son distintos. Allí era la dificultad
técnica de la montaña y aquí es el peligro
de las avalanchas. ¿A qué temes más?
-Desde luego, más a los peligros del Nanga, a las avalanchas.
Sobre todo porque pensaba encontrarme una montaña más
fácil de la que he encontrado, por lo cargada de nieve
que está. Ya me habían dicho que este año
había nevado mucho en Pakistán, pero no me imaginaba
que iba a estar así. Son muchas cosas como para tomarla
en serio. Primero, por el mal tiempo con el que nos ha recibido,
luego con un campo base lleno de nieve que no nos esperábamos,
con el asunto de Rakel, y por último ver una montaña
así. Uffff, dices 'ostras, estamos otra vez ante un gran
montañón, nada fácil y que se va a tener
que trabajar bastante'. Técnicamente no creo que es difícil,
pero está muy cargada y da mucho respeto.
«Esto va para largo»
-¿El hecho de que hayas anunciado que luego vas al
Broad te presiona?
-No, en absoluto. Porque estos días me estoy dando cuenta
de que el Nanga nos va a llevar mucho más tiempo del que
pensábamos. Nos vamos a centrar en hacer un buen trabajo
aquí, porque aun no está equipado el campo II y
nos va a costar muchísimo llegar hasta él. Y de
allí para arriba hay mucha, mucha nieve. Hay más
trabajo del que nosotros pensábamos en principio. No me
presiona acabar pronto. ¿Que lo hacemos y hay ánimos?,
pues bueno, se va, pero creo que esto va para largo.
-O sea que...
-Mira, hay que saber dosificar. Yo siempre pienso que hay dos
personas dentro de mí. Una que dice que ya basta de 'ochomiles'
y otra que, cuando se pone aquí, en el campo base, le entra
un fanatismo y unas ganas que se comería el mundo. Y a
veces pienso que por eso subo a las montañas, porque tengo
esa parte de mí que me da muchísima fuerza para
hacer cosas. Entonces cuando estoy perfecta y los ánimos
están superarriba pienso 'dos ochomiles no, cuatro sí
podría', aunque luego sale a relucir la otra parte que
dice que hay que ir con la cabeza bien amueblada porque esto no
es tan fácil.
-¿Y tampoco le presiona que haya otras mujeres también
en esta carrera de los 'ochomiles'?
-Para nada. Si sintiera que quiero ser la primera y tuviese envidia
de que otras tengan más 'ochomiles' que yo, lo diría.
Pero no lo siento, de verdad. Me da igual. Es más, ojalá
Gerlinde [Kalterbrunner, austriaca que también tiene siete
ochomiles como Edurne] que ahora está en el G-II y luego
se va también al Broad, consiga esas cumbres. Hasta casi
prefiero que vaya por delante. Porque creo que mucha presión
y mucho de lo que siento se trasladaría a otro sitio.
-¿Existe competitividad entre vosotras?
-Nooo... Qué va. Conozco mucho a Gerlinde. Alguna vez
hemos coincidido e incluso hablamos en su día de venir
juntas al Broad, lo que pasa es que cada una tenía sus
planes y no hemos podido coincidir. Pero si no, no habría
ningún problema. De verdad. Si deseara que alguna mujer
saldría adelante con el tema de Los Catorce, esa es Gerlinde.
Ojalá los consiga terminar. Lo digo de verdad.
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