| DÍA 40 |
| Desde el Nanga Parbat |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
|
El Nanga se cobra
su tributo
La 'Diosa desnuda' no estaba totalmente dormida. Y cuando se
dio cuenta de que los últimos alpinistas aún no
habían llegado a la seguridad del campo IV, decidió
cobrarse su tributo. Ya noche cerrada, el navarro Javier Huarte
estaba a apenas media hora del campamento, veía sus luces
e incluso quienes se resguardaban en él oían sus
gritos. Pero no se podía mover. Allí, a la luz de
la luna se sentó a esperar aún no sabe qué.
Finalmente, sus gritos de auxilio alertaron a los alpinistas del
C-IV. Pero sus compañeros de la expedición aragonesa
no tenían fuerzas ni para salir de las tiendas.
Fueron Silvio Mondinelli y el porteador paquistaní de
'Al Filo' Hassan, quienes salieron en su busca. Y allí
le encontraron, en medio de la nieve, hablando de lo bonita que
estaba la luna, de lo que brillaban las estrellas. Ido de puro
agotamiento.
Las más de veinte horas que trascurrieron desde que inició
el ataque a cumbre hasta que retornó al campo IV le pasaron
factura. Tanto que el cansancio le impidió llegar ayer
hasta el campo base. Tardó casi todo el día en descender
hasta el C-II, a seis mil metros, y ya no pudo más. Allí
se quedó a dormir en compañía de su compañero
Javier Abad, cuyo sacrificio de la cumbre del día anterior
se prolongó hasta ayer. Además, el navarro desciende
con congelaciones en los pies.
No ha sido el único. El aragonés Raúl Martínez
sí logró alcanzar ayer el campamento base, pero
lo hizo con congelaciones en los dedos de los pies, sobre todo
los dos dedos gordos.
|