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«Esta cima
me quita el mal sabor de boca del K2»
«El Nanga Parbat es una montaña con un nivel de dureza
constante que al final te deja tocada»
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| Edurne Pasaban.
/Archivo |
En la seguridad del campo IV, a 7.300 metros, pero aún
jadeante por el esfuerzo y la altitud, Edurne Pasaban se recuperaba
ayer a primera hora de la tarde de su ascensión al Nanga
Parbat. Tras una hora rehidratándose y descansando, y después
de cerciorarse que los dedos de sus pies habían superado
la prueba intactos, su voz, a través del teléfono
satélite, mostraba a parte iguales el cansancio de la jornada
vivida y la satisfacción de haber superado con creces lo
que para ella suponía una prueba decisiva, tanto física
como mentalmente.
-Una vez ascendido, ¿cuál es tu opinión
sobre el Nanga Parbat?
-Es un 'ochomil' que me ha sorprendido y que nos ha costado pelearlo.
Tanto por la climatología, que ha sido muy adversa hasta
el último momento, como por su dureza. Es un 'ochomil'
de los considerados bajos pero con un nivel de dureza constante
y que al final te deja tocada.
-¿Tras lo vivido durante este año pasado tiene
un significado especial esta cumbre?
-Era una especie de prueba para mí. Ayer a la noche hice
mil pruebas con calcetines, con botas, le di muchas vueltas a
lo que podría pasar hoy. Era una prueba para comprobar
si realmente me había recuperado de las congelaciones del
año pasado en el K2.
-Y la respuesta de los pies ha sido positiva
-He utilizado unas bolsas calientapies que me han durado bastante,
hasta las seis de la mañana. Y me han ido muy bien, me
han dado calor de verdad. A partir de esa hora he sufrido, he
pasado frío, pero he aguantado. Movía continuamente
los dedos, me hacía mis películas para que los dedos
se sintiesen en todo momento vivos. Y han respondido bien.
-Venía algo baja de ánimo a esta expedición.
Esta cima supondrá una buena inyección de moral.
-Sí, desde luego. Porque me ha ido bien, porque he subido
bien porque he tenido buenas sensaciones. Desde luego que ha sido
una gran inyección de moral.
-¿Cuál ha sido el momento más duro de
la jornada?
-Las dos últimas horas subiendo, cuando ya estaba amaneciendo.
Veíamos el sol en la cumbre y no sabíamos lo que
íbamos a tardar. Porque al final no nos hemos metido por
el corredor. Hemos ido por las rocas de la derecha... uffff!!!!
Yo decía '¿pero cuando acaba esto?', le preguntaba
a Nacho (Orviz) '¿pero cuando termina?' y le gritaba al
Silvio '!¿donde está la cumbre?! Ostras!!' Se me
ha hecho duro, sobre todo porque tenía frío.
-¿Ha sido una cumbre especialmente emocionante?
-La verdad es que no he pensado en nada. Tenía mucho frío
y estaba un poco nerviosa por ello. Pero hemos disfrutado mucho.
Hemos estado sacando fotos y ha sido bonito. No me esperaba llegar
tan pronto ni estar en el grupo de delante, con Iván, Silvio,
Nacho... Igual en otra montaña sí, pero en ésta
no. Viendo cómo he funcionado durante la expedición
no me esperaba estar ahí delante.
-¿Esta cumbre le quita el mal sabor de boca del K2?
-Sí, desde luego. Aún tengo que llegar al campo
base mañana (por hoy) y espero que hasta entonces todo
vaya bien, pero desde luego que sí. Mañana cuando
lleguemos por la tarde al campo base entonces podré decir
que sí del todo. Vamos a hacer una buena celebración.
-¿Y ahora el Broad Peak?
-Uffff!!! Es demasiado pronto para pensar en eso. Y la verdad
es que por aquí veo la gente poco animada. Incluida yo.
Además creo que no hace muy buen tiempo en el Baltoro.
Se han retirado del G-II y en el Broad también están
todavía en el campo base.
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