| DÍA 39 |
| Desde el Nanga Parbat |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
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Mujeres a la carrera
La cumbre de Edurne Pasaban en el Nanga Parbat vuelve a revitalizar
la pugna femenina en pos de la conquista de los catorce 'ochomiles'
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| Edurne Pasaban
junto a Juanito Oiarzabal en la ascensión al K2. /Archivo |
Al comienzo de esta expedición, Edurne Pasaban aseguraba
que la carrera femenina de los 'ochomiles' le traía sin
cuidado. Es más, que prefería que su amiga Gerlinde
Kaltenbrunner le tomase la delantera para quitarse de encima la
presión. Pero la realidad parece empeñada en mostrar
otra cosa. Con la cumbre de ayer, la tolosarra rompe la igualdad
con la austriaca y se convierte en la mujer viva con más
'ochomiles' ascendidos. Muestra de su logro es que alcanza a la
considerada mejor himalayista de todos los tiempos, la polaca
Wanda Rutkiewicz, fallecida en el Kangchenjunga en 1992.
Sin embargo, si la tolosarra quiere mantener esta primacía
no se puede dormir. Y es que frente al desinterés de Edurne
por establecer una pugna abierta con Gerlinde en pos de los catorce
ochomiles, la austriaca ha reconocido abiertamente que su objetivo
es ése. Aunque -cortesía obliga- se ha cuidado muy
mucho de establecer una rivalidad directa con la vasca. Gerlinde
se encuentra en estos momentos en el Gasherbrum II -su ataque
a cumbre previsto para esta semana se ha visto abortado por el
mal tiempo- y su plan es acudir, en cuanto holle el G-II, al Broad
Peak, donde se encontraría con Edurne si finalmente ésta
se anima a buscar su segundo ochomil en apenas unas semanas.
Estas dos mujeres parecen haber tomado una delantera significativa
al resto de aspirantes, aunque las demás tampoco tiran
la toalla. Así, la otras dos mujeres que les siguen de
cerca, Nives Meroi y Christine Boskoff (seis ochomiles), parecen
haberse tomado un respiro este año. La italiana tras su
intento fallido del año pasado al K2 por la cara norte,
y la estadounidense en su condición de responsable máxima
de la agencia Mountain Madness, organizadora de expediciones comerciales,
lo que le ha llevado esta pasada primavera por segunda vez a la
cumbre del Everest.
A los 56 años
Quien se resiste a la jubilación es Anna Czerwinska. A
sus 56 años y con cinco 'ochomiles' -ascendió el
Nanga Parbat en 1985, cuando Edurne correteaba por las laderas
del Uzturre con cinco añitos- la polaca se encuentra en
estos momentos en el campo base del K2 intentado por cuarta vez
la segunda montaña más alta del mundo y se resiste
a abandonarla pese al mal tiempo. «Cuatro veces son muchas
y no estoy dispuesto a dejar esta montaña sin intentarlo»,
afirmaba hace unos días. Anna se estrenó en el Nanga
hace 25 años formando cordada con Rutkiewicz, una auténticas
precursoras del alpinismo femenino. Luego, las obligaciones familiares
le apartaron de este mundo, hasta que retomó la afición
en el año 2000 con la ascensión al Everest.
Y la última en incorporarse a la tabla ha sido una de
las integrantes de la expedición de 'Al Filo de lo Imposible',
Marianne Chapuisat. La escaladora suiza acumula con el conseguido
ayer cuatro 'ochomiles', los tres últimos (G-I, G-II y
Nanga) de la mano de Edurne Pasaban.
Aunque la suiza no parece demasiado interesada en entrar en esa
carrera. «Yo me conformo con poder disfrutar de la compañía
que estoy teniendo en esta expedición y de una montaña
como ésta», expresaba hace unos días.
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