| DÍA 9 |
| Desde el Campo Base |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
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El mal tiempo impide la
evacuación de Rakel Pérez
Las nubes no permitieron que el helicóptero llegara al
campo base, donde nevó todo el día
Definitivamente, el Nanga Parbat la ha tomado con la donostiarra
Rakel Pérez, herida el sábado en el campo I al golpearle
un bloque de hielo en la cadera. La evacuación en helicóptero
prevista para ayer no se pudo realizar por culpa del mal tiempo.
Las nubes cerraron el valle más pronto de lo habitual y
la aeronave no pudo subir hasta el campo base, a 4.100 metros,
ni a primera hora de la mañana, cuando el tiempo era más
estable. Y con su estado, la evacuación por tierra ni se
plantea.
«Parece que nos tiene ganas», explicaba ayer Javier
Huarte, miembro de la expedición y que el sábado
compartía tienda con Willy Barbier y Rakel Pérez
en el momento del accidente. «Llevamos 17 días aquí
y ni uno de ellos ha dejado de nevar. Hasta ahora caía
por las tardes, pero es que hoy desde la mañana el día
ha salido con nubes».
El plazo límite que le habían dado a Willy desde
la agencia para que el helicóptero arribase al campo base
eran las once de la mañana. Un cuarto de hora antes aún
le aseguraron que el helicóptero, que salía desde
Skardú, estaba intentando volar. Incluso por la tarde llegó
a despegar de nuevo la aeronave. Pero fue inútil. El plan
era trasladarla vía Gilgit hasta Islamabad, donde sería
ingresada en un hospital para realizarle unas radiografías
y ver el alcance real de la lesión en la cadera. A partir
de ahí, el objetivo es trasladarla cuanto antes a España
para recibir tratamiento o, si fuera necesario, intervenirla quirúrgicamente.
Así que todo el operativo de la evacuación, a la
espera de que el tiempo lo permita, se traslada a hoy, una jornada
muy especial para Rakel, ya que cumple 28 años. «Casi
nunca lo celebro en casa por que suelo estar de expedición
o escalando, pero creo que este cumpleaños no lo voy a
olvidar. De todas formas, como siga en el campo base lo quiero
celebrar, eh?», explicaba ayer la donostiarra sin perder
el humor.
Noche tranquila
Efectivamente, Rakel se mostraba ayer muy recuperada. La medicación
recibida prácticamente le había quitado el dolor
y el cansancio acumulado tanto por el trabajo realizado en la
ruta como por todo lo vivido a raíz del accidente le había
permitido dormir casi toda la noche. La mejor muestra de su estado
eran las ganas de dar órdenes a todos los chicos de su
expedición que tuvo durante todo el día.
Y todo ello pese a las precarias condiciones en las que había
tenido que pasar la noche, inmovilizada con esterillas y sobre
dos mesas a modo de improvisada camilla y con una vía en
el brazo para suministrarle suero ante la posible pérdida
de sangre por el gran hematoma que mostraba la zona donde recibió
el golpe, en la cadera derecha. Atenciones y cuidados, todos ellos,
que le llegaron de la mano de su compañero de expedición
Manuel Vázquez, enfermero de profesión, y gracias
a la rápida llegada del líder del grupo, el aragonés
Carlos Pauner, que se adelantó al grueso del grupo y subió
con todo el material médico necesario desde Chilas en un
sólo día.
Ayer, Rakel tenía incluso ánimos para recordar
el accidente. «Había dormido un poco y me incorporé
porque íbamos a preparar algo para comer cuando, de repente,
se oyó un golpe, me vi en el otro lado de la tienda y sentí
un dolor intenso». Pero inmediatamente le salía el
alma de escaladora -fue en su día miembro del Equipo de
Jóvenes Alpinistas de la Federación Vasca- para
lamentar «no haber llegado ni al campo II».
Incluso cuando vio el tiempo que hacía ayer, y pese a
que su evacuación se retrasaba, sus pensamientos se dirigieron
exclusivamente hacia la montaña. «Con esta nieve
que está cayendo todas las cuerdas que equipamos ayer van
a quedar tapadas, espero que los que suban no tengan problemas
para encontrarlas», explicaba. A la vez que recordaba que
nunca había tenido un accidente de esta gravedad. «Hasta
ahora lo más grave que había tenido había
sido un esguince», rememoraba.
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