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Lunes, 29 de octubre de 2007
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DÍA 38
Desde el Nanga Parbat



Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.

Ventajas y desventajas de un ataque masivo

Que veinticuatro alpinistas intenten hollar un 'ochomil' en un mismo día es una situación poco habitual, inaudita se podría decir, exceptuando el Everest y el Cho Oyu, los dos 'ochomiles' comerciales por excelencia. Estos ataques masivos a las grandes montañas ofrecen notables ventajas, pero también una serie de peligros de los que la historia ha dejado algunas muestras desgraciadas.

Entre los aspectos positivos se encuentra a la cabeza el reparto de las tareas camino de la cumbre. Y entre todas ellas destaca sin duda la de abrir huella. El ritmo en el turno de ser el primero del grupo es radicalmente distinto si los alpinistas son tres o cuatro o si son 24. Y por consiguiente, el cansancio es también mucho menor No hay más que recordar el relato que hacía Jorge Egocheaga hace cinco días cuando explicaba que iban abriendo huella «con nieve hasta las axilas» en un equipo de cumbre formado por nueve alpinistas. Es fácil imaginar cuanto más llevadero si hubiesen sido, por ejemplo, el doble de personas.

Y eso se puede aplicar prácticamente a cualquier otra labor, como equipar cuerdas. Aunque no es el caso del Nanga Parbat, en el que los casi ochocientos metros de desnivel que hay entre el C-IV y la cumbre se realizan sin cuerdas fijas al carecer de dificultades técnicas reseñables.

Pero la masiva presencia de alpinistas en los tramos altos de las grandes montañas también ofrece la otra cara de la moneda, desventajas y peligros que más de una vez han acabado en tragedia. En este caso, el principal problema de la masificación es el cansancio, agotamiento en el peor de los casos, de algunos alpinistas, que suponen retrasos y atascos en las rutas, cuando no directamente accidentes, en los que se ven implicados otros escaladores cuya única culpa era pasar por allí.

Sin dificultades

El ejemplo más claro de esta situación se da cada año en el Everest, y más concretamente en el Escalón Hillary, donde se llegan a dar esperas de hasta cuatro horas, a 8.600 metros y con muchos grados bajo cero. Si a esta circunstancia le añadimos un súbito cambio del tiempo, la tragedia está servida, como en el Everest en 1996, en el que todas estas circunstancias se conjugaron en el tramo alto de la montaña y atraparon a dos expediciones comerciales, con el saldo de siete muertos.

Por suerte, el Nanga Parbat no tiene un Escalón Hillary -ni nada parecido- a doscientos metros de la cumbre ni las previsiones anuncian cambio alguno del tiempo, súbito o no. Sin embargo, Josu Bereziartua sí que dio ayer por la mañana un pequeño aviso de lo que puede suceder hoy cuando comunicó, a las nueve y media de la mañana, que se encontraba parado en mitad de la travesía del C-III al C-IV porque había mucha gente subiendo y no conseguía encontrar el ritmo de subida.

Este pequeño contratiempo, hoy de camino a la cumbre, se puede convertir en un problema y ralentizar en exceso la marcha del grupo. Y ante tal circunstancia, la única solución es la honestidad personal de cada alpinista y su capacidad de mantener la cabeza fría para tomar las decisiones adecuadas en cada momento, entre ellas la más difícil de todas, darse media vuelta si llega el caso.

Galería de fotografías
La ruta de ascenso GRÁFICO
El equipo de Edurne GRÁFICO
La expedición
Josu Bereziartu Marianne Chapuisat
Ester Sabadell Iván Vallejo
La expedición de Edurne Pasaban la completan Josu Bereziartu, Marianne
Chapuisat, Ester Sabadell e Iván Vallejo.