| DÍA 37 |
| Desde el Nanga Parbat |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
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El grupo de Pasaban
llega al
C-III
'Al filo', aragoneses y franceses unen fuerzas y más de
20 alpinistas intentarán hacer cumbre mañana
Llegan las horas decisivas. El momento de la verdad. Cuando la
montaña pone a cada uno en su sitio. La expedición
de 'Al Filo' liderada por Edurne Pasaban alcanzó ayer sin
novedad el campo III, a 6.500 metros de altitud. Hoy y mañana
llegan las jornadas claves, en las que los alpinistas se adentran
en territorio adverso y desconocido, lo que Reinhold Messner definió
como la 'zona de la muerte'. Hoy subirán al campo IV, a
7.300 metros, y mañana les espera la cumbre del Nanga Parbat.
Desde luego, lo que no van a estar es solos. Con ellos, desde
el principio, transitan por la montaña el colombiano Fernando
Rodríguez-Rubio, los cuatro miembros de la expedición
francesa y sus cuatro porteadores, ascendiendo como Edurne y compañía,
de campo en campo. Pero es que ayer se les sumaron a esos planes
los nueve miembros de la expedición aragonesa. Inicialmente,
el equipo liderado por Carlos Pauner tenía previsto subir
hoy hasta el C-IV y mañana intentar la cumbre. Sin embargo,
el problema surgido con la desaparición de las tiendas
de los japoneses en el C-IV ha trastocado sus planes y retrasado
en un día su jornada de cumbre, ya que ahora han tenido
que cargar ellos con tres carpas desde el C-II; un esfuerzo extra
que les ha obligado a tomarse la ascensión con más
tranquilidad e ir también campo a campo.
De esta forma, el Nanga Parbat vivirá en las próximas
horas un asedio desconocido. Veinticinco alpinistas intentarán
coronar mañana su trapecio somital, en estos días
azotado con dureza por el viento, lo que está dejando la
ruta en excelentes condiciones. Todo un récord si se tiene
en cuenta que el año que más ascensiones hubo, 1999,
fueron dieciocho los alpinistas que hollaron su cumbre, pero a
lo largo de todo el verano.
Por pura estadística, es poco probable que todos los escaladores
que en estos momentos se encuentran en la montaña alcancen
la cima, pero también sería extraño que la
'Diosa desnuda' consiga evitar un nuevo récord de ascensiones
en esta temporada si se tiene en cuenta que hasta ahora han sido
ya catorce los alpinistas que han hecho cumbre.
Buenas condiciones
El principal peligro es la meteorología, pero parece que
esta vez ha decidido aliarse con los escaladores y no con la montaña.
Aunque todas las tardes una nube se posa sobre el Nanga e incluso
descarga algo de nieve, la estabilidad es total y el sol brilla
en el cielo durante todo el día. «La ruta se encuentra
en excelentes condiciones, y por lo que vemos, por arriba también
está quedando perfecta», explicaba ayer Edurne Pasaban.
Desde el campo base, el asturiano Jorge Egocheaga, que hizo cumbre
el viernes ascendiendo en algunos tramos con nieve hasta las axilas,
confirmaba tal afirmación. «Es increíble lo
que la montaña ha cambiado en tres días. Creo que
van a encontrar la ruta en muy buen estado», explicaba ayer.
Por lo demás, la ascensión al campo III de los
miembros de 'Al Filo' discurrió sin contratiempos. Una
vez en él, sobre el 'labio', a 6.500 metros de altitud,
Edurne Pasaban destacaba sus bondades en comparación con
el C-II. «Ha sido una ascensión dura porque venimos
muy cargados -a partir del C-III no tienen ningún campo
instalado y tienen que ir subiendo todo lo necesario para instalarse-
pero creo que todos nos hemos encontrado muy bien. Además,
estar aquí es una gozada. Hay sitio para jugar un partido
de fútbol. Ahora mismo estamos tumbados, tomando el sol
tranquilamente. No necesitamos ni crampones para movernos por
aquí", explicaba en una comunicación por radio
al mediodía.
Quien tuvo trabajo extra fue Hassan, el porteador. A él
le tocó subir hasta el C-III superior, a 6.800 metros,
recoger la tienda que hace tres semanas dejó allí
Iván Vallejo y retornar con ella al 'labio'. Fueron esos
precisamente los únicos momentos de preocupación
que vivió el grupo, ya que la nieve había enterrado
la tienda y a Hassan le costó algún tiempo encontrarla,
lo que durante algunos minutos hizo pensar lo peor, aunque finalmente
apareció intacta.
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