| DÍA 7 |
| Desde el Glaciar Diamir |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
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El gran murciélago
blanco
El Nanga Parbat se muestra ya en toda su magnitud y ofrece el
aspecto de este mamífero volador con las alas abiertas
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| EDURNE, en
un jepp camino del campo base. / F. J. PÉREZ |
Ayer se mostró en toda su magnitud. El Nanga Parbat es
considerado como una gran montaña, aquí, entre el
Karakorum y el Himalaya, pero en realidad es todo un macizo montañoso.
Lo sería en cualquier otra parte del mundo menos en el
reino de las grandes montañas.
Su aspecto, según se aproxima uno al campo base es el
de un colosal murciélago blanco con las alas abiertas.
En total, se extiende a lo largo de casi 30 kilómetros
en orientación suroeste-noreste. Según se mira desde
la vertiente Diamir (oeste), bajo la que hoy quedará instalado
el campo base, la cabeza de murciélago está coronado
por las orejas que forman la cumbre secundaria y la principal
del Manga Parbat. La de la izquierda sería la arista Ganalo.
Y la derecha, la arista Mazeno, quince kilómetros entorno
a los 7.000 metros de altitud que se considera uno de los grandes
problemas himaláyicos aún por resolver. Aunque hace
dos años una expedición eslovena completó
por fin la travesía, les faltó ascender hasta la
cumbre del Nanga Parbat desde el último collado.
Ese fue el espectáculo del que disfrutaron los expedicionarios
de Edurne Pasaban durante toda la jornada de ayer, segunda de
aproximación, en su ascensión desde Zangat hasta
la cabecera del glaciar Diamir, junto al que instalaron el último
campamento antes de llegar hoy al campo base.
Fue otro día de marcha espectacular, que aunque llegó
a los 3.700 metros discurrió entre campos de cultivo, bosques
de abedul y campas de hierba. Fue el ejemplo más palpable
de que a 3.100 metros de altitud se puede establecer una comunidad.
Como es el caso de Kutgali. Eso sí, aunque en el Himalaya
y con unas condiciones de vida tan duras como inimaginables en
occidente. Kutgali es una pequeña aldea situada en la ladera
oeste del pico Ganalo (6.006 metros) formada, por una veintena
de chabolas perfectamente integradas en la montaña, junto
a un arroyo y rodeada de terrazas de cultivo. Allí unos
niños corretean junto a las cabras mientras las niñas
cuidan de los más pequeños, cargados a sus espaldas,
las mujeres trabajan los cultivos, y los hombres sacan el sueldo
de todo el año porteando para las expediciones en los meses
de verano.
Un centenar de ellos son los que están trabajando para
la expedición de 'Al Filo'. El resto, hasta completar las
126 cargas que van a llegar a campo base, son acarreadas por burros.
Precisamente ayer se realizó el protocolario acto del pago
de la propina, que se suele hacer al llegar al campo base. La
razón de este adelanto de un día no es otra que
los porteadores realizan la última jornada de marcha lo
más rápido posible, sin esperar a los 'members',
para tener tiempo de regresar a sus casas valle abajo o incluso
en Chilas, en el mismo día.
Edurne fue la encargada de entregar la cantidad al guía
en presencia de todos los porteadores, lo que fue acogido por
todos ellos con una gran ovación. No es para menos. Al
margen del dinero extra conseguido, no es habitual para ellos
recibir el pago de manos de una mujer.
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