| DÍA 34 |
| Desde el Nanga Parbat |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
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«Mi espíritu
está lleno»
El coreano Lee Hyun Jo llega al campo base tras completar la segunda
travesía de la historia al Nanga Parbat
A primera hora de la mañana, los miembros de la expedición
asturiana que seguían la ascensión de sus compañeros
vieron algo que les dejo atónitos. Había una huella
que llegaba hasta la cumbre y luego descendía. Pero eso
era imposible, su gente apenas llevaba dos o tres horas de marcha
desde el C-IV. Tardaron poco en encontrar el motivo: vieron a
través de los prismáticos a una persona que descendía
desde el C-IV al C-III. Y no era ninguno que se hubiese dado la
vuelta.
¿Quién era entonces, ese ser que descendía,
a toda velocidad por cierto, por la ruta Kinshofer pero que no
había subido por ella? El cocinero de una de la expediciones
arrojó algo de luz sobre el misterio. Su agencia le había
avisado de que una expedición coreana estaba intentado
realizar la travesía del Nanga Parbat y que era posible
que alguno de sus miembros descendiese por la vertiente Diamir.
Así pues, esa persona que descendía era el tercer
ser humano, tras los hermanos Messner en 1970, que completaba
la travesía del Nanga Parbat. Y además había
tenido que hacer cumbre en plena noche. Y además había
ascendido o por la vertiente Rakhiot o por la Rupal, en cualquiera
de los casos, dos paredes de altísimo compromiso. La curiosidad
se apoderó del CB, aunque hubo que esperar muchas horas,
casi doce desde que se tuvo constancia de su existencia, para
resolver todas las dudas. Su llegada al campo base sorprendió
casi tanto como su gesta. Con un inseparable gorro de ala ancha
y una sonrisa de oreja a oreja, Lee Hyun Jo parecía que
venía de dar una vuelta por el glaciar en vez de haber
estado casi treinta horas subiendo y bajando uno de los 'ochomiles'
más exigentes. Ni un dedo morado por el frío, ni
un labio partido por el viento. Sólo su relato daba fe
de la gesta ¿y de la existencia de un compañero
de cordada!: Kim Chang Ho, que había realizado la ascensión
con él, pero durante el descenso de la cumbre sufrió
una caída y se tuvo que quedar en el Campo II a pasar la
noche.
Sencillez
Las explicaciones de Lee Hyun Jo sobrecogían tanto por
su sencillez como por la magnitud de lo que estaba relatando,
de lo que acaban de realizar, sin duda la mayor hazaña
de la temporada y una de las mayores de los últimos años
en el 'ochomilismo'. Su expedición llevaba tres meses en
la montaña y había abierto y equipado hasta seis
mil metros en una ruta paralela a la realizada (y nunca repetida
por su peligrosidad) por los hermanos Messner en el espolón
SSE de la pared Rupal, la más alta del mundo con sus cuatro
mil metros de desnivel. Por fin, él y su compañero
partieron el pasado día 4 hacia la cumbre.
Tuvieron que esperar dos días en su C-III, a 7.100 metros,
a que mejorase el tiempo y el jueves, al mediodía, partieron
hacia la cima. Escalaron en estilo alpino por el espolón,
llegaron a la base del trapecio cimero y lo bordearon hasta llegar
al collado Bazhin y pasar a la vertiente Diamir, por donde ascendieron
el trapecio cimero. Llegaron a la cima a las once de la noche,
«en medio de una nevada con viento muy fuerte y 22 grados
bajo cero», e inmediatamente iniciaron el descenso por la
vertiente Diamir. En total, desde que salieron de su CB hasta
que han llegado al de la vertiente Diamir han transcurrido nueve
días. Pero no lo parecía. No quiso comer nada y
se limitó a pedir lassi, una especie de yogur líquido
típico de estos paises asiáticos y a sonreír
y saludar. No tenía frío, ni hambre, ni sueño.
Y cuando alguien le preguntaba si necesitaba algo, su respuesta
siempre era la misma: «No gracias, mi espíritu está
lleno».
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