| DÍA 33 |
| Desde el Nanga Parbat |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
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Un viaje pagado
hasta la cumbre
Las expediciones comerciales son cada vez más habituales
en los 'ochomiles', incluido el Nanga
Las expediciones comerciales son una plaga que se extienden como
la espuma año a año por todos los campos base de
los 'ochomiles'. Se pusieron de moda en el Everest en la década
de los noventa, y hasta ahora se habían circunscrito a
la montaña más alta del planeta, pero en los últimos
años se dejan ver prácticamente en todos los 'ochomiles'.
Incluso el año pasado llegaron hasta el K2, aprovechando
el cincuenta aniversario de su primera ascensión, una montaña
tradicionalmente 'vetada' para estos grupos por su dificultad.
¿Y en qué se diferencia una expedición comercial
de las otras que intentan una gran montaña? Principalmente
en dos aspectos. Por un lado, los clientes se limitan a pagar
una cantidad de dinero, normalmente bastante alta por cierto (hasta
60.000 euros en el caso del Everest), y la agencia se encarga
de todos los trámites y organización de la expedición.
Y por otro lado, el uso masivo (abusivo según muchos) de
porteadores o sherpas, que son los encargados de equipar y preparar
la ruta y los campos de altura a los 'clientes' y luego de acompañarlos
a la cima.
En mucho casos, la tercera característica es el uso, también
masivo, de oxígeno artificial. En el Everest, por ejemplo,
cada cliente suele usar seis bombonas en la jornada de ataque
a cumbre, desde el collado Sur. Otro ejemplo: el año pasado
en el K2, del casi medio centenar de personas que hicieron cumbre
más de treinta utilizaron bombonas de oxígeno. Pero
quizá lo más sangrante de todo es su utilización
en otras montañas de menor altitud, en las que ni tan siquiera
en su primera ascensión, allá por los años
cincuenta, se empleó, como en el Cho Oyu, el otro 'ochomil'
comercial por excelencia.
Este año, en el Nanga Parbat, también se ha dado
cita una expedición de este tipo, de origen francés.
La integran seis alpinistas y cinco porteadores. En general, el
resto de expediciones suelen mirar con recelo a estos grupos.
Es una especie de confrontación sorda pero palpable entre
una concepción tradicional de acudir a la montaña
y otra más acorde con los tiempos que corren, en los que
todo, o casi todo, se puede conseguir con dinero.
En el caso del grupo francés es lo que se podría
denominar una expedición comercial 'pobre', en el límite
entre la tradicional y la comercial pura. Sin embargo, si que
ofrece algunos de los peores 'tics' de estas últimas, como
unos clientes que adolecen de la necesaria concepción de
equipo como para afrontar una montaña de la envergadura
del Nanga Parbat.
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