| DÍA 32 |
| Desde el Nanga Parbat |

Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
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Esperando el buen
tiempo
En el campo base, los alpinistas se consuelan pensando que, al
menos, han completado el proceso de aclimatación
Para las once de la mañana se encontraban ya almorzando
en el campo base. Los alpinistas de la expedición de 'Al
Filo' no perdieron el tiempo para descender del campo II al calor
y la seguridad del CB. Atrás dejaron una montaña
hostil, aliada con un meteorología adversa, que se empeña
en cerrar sus puertas a los escaladores.
Y en el descenso, el Nanga Parbat se encargó una vez más
de recordarles que no está dispuesta a poner las cosas
fáciles a quienes osan retarle. El descenso por el muro
Kinshofer se convirtió en un ejercicio de virtuosismo y
equilibrio en medio de la nieve, el hielo y la niebla, no apto
para nervios sin templar. «Estaba peligrosísimo»
-relató Edurne Pasaban una vez en el campo base-. «Las
cuerdas estaban todas congeladas y el ocho (aparato para rapelar)
apenas funcionaba. Mientras un descendía otro tenía
que sujetar la cuerda. Ha sido verdaderamente desagradable»,
añadía.
Pero aun quedaba el gran corredor que lleva hasta el C-I, por
el que las avalanchas discurrían a su antojo. Por suerte,
el recorrido de las cuerdas fijas discurre por un lateral, a salvo
de los aludes. Aún así «la nieve estaba en
pésimas condiciones y te hundías por encima de la
rodilla», continuaba la tolosarra. «La verdad es que
todo el descenso ha sido penoso. La montaña está
en muy malas condiciones», concluía.
Pese a todo, algunos alpinistas permanecen en la montaña,
en la confianza de que de una vez por todas los partes meteorológicos
se cumplan y el esperado buen tiempo anunciado a partir de hoy
les permita intentar el ataque a cumbre. Es el caso de Jorge Egocheaga
y Sandrine de Choudens, de la expedición asturiana, y de
los seis miembros de la expedición japonesa. Todos ellos
aguantaron ayer en el campo III a 6.800 metros a la espera de
continuar hoy hacia la cumbre. En el caso de Jorge y Sandrine
la decisión les viene impuesta por el inminente final del
permiso, ya que desde luego las condiciones para acometer el intento
de cumbre no son las más idóneas.
Aclimatados
En el campo base, el comentario unánime eran las complicadas
condiciones en las que se ha puesto el Nanga Parbat, que obligará
a esperar uno o dos días para adentrarse de nuevo en ella
una vez que retorne el buen tiempo. «La combinación
entre la nieve caída y el calor que está haciendo
está dejando la montaña en muy malas condiciones»,
explicaba Josu Bereziartua.
Pese a todo, el grupo de Edurne Pasaban en absoluto da por perdida
esta ascensión a la montaña, en la que originariamente
pretendían llegar hasta la cumbre. Las dos noches pasadas
en el C-II y el intento de subir al C-III, que les llevó
hasta los 6.500 metros, les ha servido para completar la aclimatación.
«Por si nos quedaba alguna duda, ahora si que hemos completado
la aclimatación y la próxima vez que volvamos a
la montaña iremos ya para hacer cumbre sin ninguna duda
sobre nuestra preparación en altura», indicaba Pasaban.
Partes contrapuestos
Mientras tanto, los partes meteorológicos continúan
en el centro del debate del campo base. Ayer contrastaron los
que recibe Carlos Pauner y Edurne Pasaban y no es que no se pareciesen,
es que parecían realizados para dos puntos opuestos del
planeta. Mientras el de la tolosarra ofrece mal tiempo hasta el
próximo lunes, el de el aragonés ofrece una notable
mejoría para hoy y un tiempo excelente hasta el domingo.
Para volverse locos. De todas formas, Pauner ha optado por hacer
caso al suyo y su grupo prepara la salida del campo base para
esta próxima madrugada «siempre en función
de como salga el día mañana (por hoy)», se
encargaba de matizar oportunamente.
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