
Fernando F.J. Pérez
Enviado Especial.
|
Edurne,
preparada para partir hacia el Nanga
Gestiones burocráticas y las últimas compras
ocupan a la expedición desde su llegada a la capital de
Pakistán
 |
| EL GRUPO. Marianne, Ester y
Edurne, a su llegada a Islamabad / F. J. PÉREZ . |
Islamabad ha recibido a la expedición de Edurne Pasaban
al Nanga Parbat como lo hace cada año a los alpinistas
que se acercan a sus montañas, con hospitalidad, burocracia
y un calor agobiante. La primera siempre se agradece y las otras
dos se soportan, aunque sin duda la segunda es la que peor se
lleva.
El primer problema surgió nada más pisar tierra
el pasado viernes en el aeropuerto de la capital paquistaní
-cinco y media de la mañana y treinta y cinco grados a
la sombra- con la desaparición de uno de los bultos de
la expedición. El afectuoso recibimiento de Fida, Hassan
y Abdul hizo olvidar la hora larga de cola que tuvo que esperar
Edurne para reclamar el equipaje, que finalmente llegó
ayer.
Fida es el cocinero de la expedición, un baltí
menudo y recio de cuyas buenas artes en la precaria cocina de
un campo base puede dar fe la expedición catalana del año
pasado a la 'Magic Line' del K2. Él fue el encargado de
obsequiar a todos los miembros con unas vistosas y olorosas guirnaldas
de flores.
Hassan, otro baltí cuyo aspecto desgarbado en absoluto
corresponde con su fortaleza física, ejercerá de
nuevo de porteador de altura para el grupo. Su buen trabajo en
la expedición al G-I y G-II de 2003 y en la del año
pasado al K2 le ha servido para convertirse casi en un fijo de
los proyectos de 'Al Filo...' en Pakistán.
Abdul es el shirdar y guía de la expedición, que
en el Nanga Parbat, al no estar en zona militarizada, ejerce también
de oficial de enlace, responsabilidad reservada a militares en
las expediciones que acuden al Karakorum. Este hunza, la región
del Nanga, es el único de los tres al que no conocían
lo expedicionarios, pero un día de trabajo ha servido para
ganarse su confianza. Reservado pero diligente y eficaz, nunca
pronuncia una palabra de más y durante la organización
del centenar de bultos en que se ha distribuido todo el material
de la expedición - a razón de 25 kilos cada uno-
fue capaz de acertar el peso de casi todos ellos simplemente sopesándolos
con sus manos. Y en los pocos que erró nunca lo hizo por
más de un kilo.
Permisos y compras
Tras organizar el viernes las cargas, el sábado llegó
el turno a los trámites burocráticos y a las últimas
compras, principalmente de los productos perecederos para la cocina.
Edurne y Josu Bereziartu se repartieron la labor. La tolosarra,
como jefa de la expedición, tuvo que acudir personalmente
al Ministerio de Turismo, donde fue recibida en su décima
planta (es uno de los escasísimos rascacielos de Islamabad)
por el Asistente Jefe del ministro, Saleem Haamed.
En su pequeño y desordenado despacho, entre montañas
de carpetas y documentos, Edurne tuvo que escuchar del Asistente,
un vehemente y simpático anciano, cómo le explicaba
casi metro a metro la ruta por la que ascenderán el Nanga,
para despedirle con un paternal exhorto a que tome todas las precauciones
posibles, sin duda llevado por la falta de costumbre de ver a
mujeres ante tales retos, y menos aún como jefas de expedición.
Estampada por fin la indispensable firma del Asistente en el
permiso, la siguiente parada, tan obligada como ésta, estaba
al otro lado de la ciudad, en la agencia Askari Aviation. Se trata
de una empresa privada del Ejército paquistaní encargada
de los rescates en helicóptero a la que el Gobierno obliga
a pagar a todas las expediciones seis mil dólares (4.800
euros) por adelantado en concepto de señal por si hay que
realizar una evacuación de urgencia. Si no hay rescate,
Askari devuelve el dinero, salvo una pequeña cantidad por
«gastos de gestión».
Como no podía ser de otra forma, en cuanto el teniente
coronel retirado Ulyas Ahmad Mirza, director de marketing de la
empresa, fue informado de la presencia de Edurne Pasaban salió
a recibirle personalmente e interesarse por el estado de sus dedos
tras el rescate del año pasado en el K2. Como para no acordarse.
La evacuación de Edurne y Juanito reportó a las
arcas de Askari 20.000 dólares (16.000 euros). Al menos,
la conversación sirvió a Edurne para lograr un buen
descuento en el helicóptero de Skardu al campo base de
Broad Peak que utilizará si finalmente intenta el segundo
ochomil. Una educada negativa a la obligada invitación
de un te puso fin a las gestiones burocráticas.
El día se completó con la visita al bazar Raja
el mayor de la vecina Rawalpindi -antigua capital de Pakistán-
donde hizo algunas adquisiciones de última hora y en el
que horas antes Josu Bereziartu había realizado el grueso
de las compras en compañía de Fida.
|