LA NUEVA
ALHONDIGA

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(GRÁFICO FLASH)

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Mil usos

SANTIAGO GONZÁLEZ

La reforma de La Alhóndiga ha sido una asignatura pendiente.
EL CORREO
Ayer, por fin, el alcalde hizo oficial lo que era solamente oficioso: en La Alhóndiga, el viejo almacén de vinos diseñado por Ricardo Bastida, se van a alojar dos grandes edificios; uno dedicado a usos deportivos (pabellón para gimnasia y deportes varios, con tres piscinas y solarium en la azotea) y el otro a actividades culturales, gran biblioteca, área de exposiciones y salas multiuso. Ambos edificios se completarán con un gran atrio central para actos especiales y tres plantas de aparcamiento con 660 parcelas.

La Alhóndiga era la asignatura pendiente que Bilbao ha arrastrado por la democracia desde el punto de vista urbanístico. Cuando quedó desafectada de su función como almacén de vinos, en el 74, la entonces alcaldesa, Pilar Careaga, se propuso derribarla y vender el solar para la construcción, lo que levantó un movimiento popular en defensa del viejo edificio de Bastida, que impidió la consumación del plan. Se hizo un concurso de ideas, que ganó el arquitecto municipal José Cruz Erice, pero con la crisis pasaron diez años largos sin saber qué hacer con ella. Bueno, sí, se hizo un aparcamiento, el garaje más bello de Europa, en definición del arquitecto León Krier.

En esto llegó Gorordo y siguió en su función de aparcamiento, además de instalarse allí el pasaje del terror y algunas oficinas municipales. Pero Gorordo tenía una idea: construir entre sus cuatro paredes un cubo de cristal capaz de albergar un gigantesco centro cultural. No faltó quien le acusó de sueños de grandeza, de sufrir delirios faraónicos y la verdad que algo tuvo de ello aquel proyecto porque fue la tumba política del tercer alcalde que hemos tenido en democracia.

Ortuondo quiso hacer en ella un polideportivo a lo grande y Azkuna lo ha dejado en un sueño posible, más barato y más de acuerdo con las necesidades ciudadanas. Aunque en estos tiempos en que el Papa laico de occidente es Robert M. Parker Jr., un catador de vinos, no hubiera estado mal devolver al viejo edificio su uso primigenio de almacén de vinos.

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