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LA AFICIÓN
Seducidas por el balón
Ocho seguidoras del Alavés desvelan las razones de su pasión por los colores albiazules

Pilar Irazu, con su bufanda albiazul, muestra sonriente una entrada para un partido del Alavés. /José Montes
Nuria Nuño

El fútbol y las mujeres han sido enemigos íntimos. Irreconciliables. No es extraño. Durante décadas, el deporte rey fue un serio rival para ellas. Sólo basta recordar cómo miles de novias y esposas cantaban resignadas aquel pegadizo '¿Por qué, por qué los domingos por el fútbol me abandonas?'. Pero esa tonadilla ya forma parte del pasado.

Poco a poco, las mujeres han ido superando los tópicos para disputarles a los hombres la hegemonía en la hinchada y el protagonismo en las gradas. Al igual que ellos, ya son muchas las féminas que van al campo a descargar adrenalina. Se dejan la garganta a ritmo de bombo o charanga y sufren, vibran y disfrutan como el que más.

Están locas por el fútbol y, en especial, por un equipo: 'El Glorioso'. Son forofas, hinchas, seguidoras. Ocho alavesistas desvelan aquí las razones de su pasión por los colores albiazules. ¿Quién se atreve ahora a decir que las mujeres sólo van a los estadios a ver las piernas de los futbolistas?

María Teresa Díez, 72 años. Irreductible alavesista
"Soy más forofa que mi marido"

María Teresa hincha un globo.
Las más de cinco décadas dedicadas a animar sin descanso al club de sus amores constituyen un auténtico aval de su irreductible alavesismo. María Teresa Díez rememora con nostalgia aquel 18 de abril de 1954, cuando su Alavés ascendió a Primera División, la segunda vez que el club subía a la máxima categoría. De aquellos "años mozos" la seguidora recuerda a jugadores históricos como Primi, Ibarra, Gorospe, Echaniz, Echeandía o Erezuma.

En aquella época, ya era una asidua seguidora del balompié. Iba al fútbol con Joaquín -su novio- con quien años después pasaría por la vicaría. Desde entonces, y salvo alguna temporada, el matrimonio ha compartido nervios y graderío en Mendizorroza. "Yo soy más forofa que mi marido. Me lo tomo muy a pecho. Chillo, grito al árbitro, me revuelvo en mi asiento. Y sufro mucho. Demasiado", sentencia sin titubear.

Para muestra, un botón. "Los domingos tenía que dejar la cena preparada antes de ir al partido porque si perdían me pillaba un cabreo de campeonato. Me ponía insoportable. Ni siquiera me podían dirigir la palabra. Con el paso de los años, me controlo más", confiesa esta forofa que compartió comunidad de vecinos con la añorada 'Paca', otra alavesista de pro.

A lo largo de su historia de amor con el Alavés, María Teresa ha coleccionado recuerdos y ha sido testigo del cambio de los tiempos. Pese a los altibajos, a las malas rachas y a los "chascos", como el fallido ascenso de la anterior temporada, su entrega a los colores no se ha resentido "ni un ápice".

Pilar Irazu (73 años), Blanca Herreros (64) y Marian De Pablo (41). Pasión desigual
"Tuve palpitaciones en Dortmund"

Blanca, Pilar y su hija Marian forman un trío atípico. Las tres acuden de forma esporádica a Mendizorroza, aunque su nivel de pasión alavesista es desigual. La 'hincha' oficial es Pilar, quien cultiva su afición desde la década de los cincuenta. "Desde entonces, he sido socia del club, salvo algunas temporadas como ésta", comenta.

Su fe ciega en el equipo la empujó a viajar en tren hasta Dortmund para presenciar la final de la UEFA entre Alavés y Liverpool. "Fue un palizón" -rememora-. "Perdimos, pero fue uno de los días más felices de mi vida. Sufrí lo indecible. Incluso tuve palpitaciones, aunque valió la pena", apunta esbozando una sonrisa.

Testigo directo de aquel inolvidable episodio de la reciente historia alavesista fue también su amiga Blanca, quien no dudó en hacer la maleta y sumarse a la expedición. Su asistencia a los estadios, sin embargo, no es muy regular. "De hecho, el partido ante el Córdoba es el primero que he visto en Mendizorroza desde que se remodeló el campo", confiesa. Junto a ellas, presenció este último encuentro Marian. Y es que su madre, Pilar, se ha empeñado en transmitirle su pasión por el balompié. La joven cae "poco a poco" en el embrujo del fútbol.

Maitane Fernández (18 años) e Itziar Vélez de Mendizábal (19). El relevo en la grada
"El Alavés nos quita el sueño"

Itziar y Maitane exhiben sus bufandas.
Son amigas dentro y fuera del campo. Juntas sufren las penas y gozan de las alegrías que les brinda el Alavés. Así han vivido las últimas siete campañas que las contemplan como seguidoras 'oficiales'. Fue en la temporada 1998-99 cuando sellaron su fidelidad con el club. Se hicieron socias tras vivir aquel memorable ejercicio en el que un equipo modesto se hizo famoso en la Copa del Rey al plantarse en semifinales y rematar la gesta en la Liga con el ascenso a Primera.

Pese a dejarse seducir por el esférico, no llegan a entender del todo el porqué del fenómeno de masas que arrastra el fútbol, "pero si tantos millones de personas en el mundo se rinden ante él será por algo ¿no?", sostienen las jóvenes, que este año se han desplazado a Lleida y Eibar para seguir de cerca la marcha del 'Glorioso'. Ambas han asistido también a la creciente presencia de mujeres en el estadio municipal. "Cuando empezamos a venir a Mendizorroza casi no había chicas. Ahora las cosas están cambiando", agrega Maitane.

El universo futbolístico es un tema recurrente en sus conversaciones. "Últimamente tenemos hambre de noticias", señala Itziar, en referencia a la 'ley del silencio' impuesta por el presidente a la plantilla y cuerpo técnico. Aunque lo que peor llevan es, sin duda, el "sufrimiento" que acarrea la pasión futbolística. "El Alavés nos quita el sueño", dicen.


Ainhoa y Nagore Sáez de Ibarra (20 y 17 años). Al fútbol, en familia
"Soy la única futbolera del grupo"


El amor de Ainhoa por el club del Paseo de Cervantes es relativamente reciente. Esta ha sido su primera temporada como sufridora con carné. ¿La experiencia? "Muy buena. Se lo recomiendo a todo el mundo" -apunta-. "Siempre había querido hacerme socia, pero nunca terminaba de decidirme. Más que nada porque soy la única futbolera del grupo. A ninguna de mis amigas le gusta", reconoce. Su hermana Nagore aún no ha alcanzado el nivel de afición de su hermana, pero está en ello. "Sólo veo cuatro o cinco partidos al año. Suficientes para imaginarme el ambiente que se cuece", indica.

A diferencia de sus compañeros masculinos de grada, que sólo parecen tener ojos para las virtudes balompédicas de los jugadores, ellas evalúan otros aspectos menos 'técnicos'. "Nos fijamos en todo. Pero hay que reconocerlo. Aún hay chicas que sólo vienen por ver a chicos en pantalón corto"
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