HISTORIA / EL ASCENSO DEL 54
Años 50. Sentimiento
albiazul
Cinco supervivientes del segundo ascenso,
en 1954, rememoran una gesta que sólo fue posible por la
unión de la plantilla
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| Diez de los jugadores
que ascendieron a Primera en 1954. |
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Vicente Echeandía, Arturo Bolado,
Agustín Barcina, Miguel Ibarra y Emilio Arbaizar. Cinco supervivientes
de aquel equipo que encandiló a Vitoria en los años cincuenta
hasta rematar su faena con el ascenso a Primera División en 1954.
La capital alavesa, que entonces apenas contaba con 75.000 habitantes,
se volcó en homenajes a sus particulares héroes, sabedora de que
el sueño se podía desvanecer en poco tiempo. Fueron dos temporadas
en la gloria que supieron a poco.
Y como cualquier éxito que se precie, en el ascenso de 1954 también
había un secreto: la unión de la plantilla.
Ibarra recuerda con nostalgia a
sus compañeros. "Éramos todos jugadores de aquí, de la zona. Nos
conocíamos bien y el campo se llenaba. Nos lo pasábamos bien y
eso se notaba", asegura. Arbaizar también reconoce que "me lo
pasé muy bien y me divertí, que era lo fundamental. Ahora el fútbol
está más materializado, porque antes era otra cosa, otra forma
de jugar. Sólo salíamos en la Hoja del Lunes, que ya era mucho",
se ríe. La camaradería, a juicio de Bolado, fue la clave. "No
había diferencias, al contrario que ahora por el dinero que cobran
los jugadores", señala.
Pese a todo, el ascenso tardó más de lo previsto "porque llevábamos
nueve puntos de ventaja al segundo en la primera vuelta y tuvimos
que esperar al final, a un empate en El Ferrol, pasa subir", rememora
Barcina. "Parecía que iba a ser fácil, pero nos costó", sentencia
Echeandía, que sigue siendo socio del Alavés y accionista. Sin
embargo, el ascenso también tuvo un sabor agridulce en algunos
jugadores. Es el caso, por ejemplo, de Arbaizar a quien un médico
le amargó la existencia cuando le dijo que no podía volver a jugar
al fútbol. Fue después de jugar la Copa contra el Real Madrid,
finalizada la temporada. "Juré bandera y me tuve que ir al hospital.
Pero, pese a lo que me dijeron, pude volver a jugar unos meses
después. El problema fue que engordé diez kilos y nunca volví
a coger la forma", recuerda con amargura.
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| Un alavesista atraviesa
la línea de gol al marcar un tanto en los gloriosos
años de Primera. |
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Las ventajas de Primera
Quien sí notó de verdad las ventajas de estar en Primera División
fue la ciudad. Vitoria comenzó a recibir cada quince días a muchos
foráneos que se dejaban sus buenos dineros. La hostelería fue
la más beneficiada. "Para los restaurantes y los bares los días
de partido era un negocio. Venía gente de los alrededores y de
Baracaldo, Sestao e Indautxu, por ejemplo. Comían aquí y eso se
notaba en las recaudaciones y en el ambiente", subraya Ibarra.
Echeandía cuenta cómo un amigo suyo, dueño de un hotel de Vitoria,
dejó de ingresar "muchos millones" cuando el Alavés descendió
a Segunda División. "La repercusión era igual antes que ahora",
señala.
Los años cincuenta tampoco se mantenían al margen de las primas
a terceros, algo que ya forma parte del paisaje futbolístico al
final de cada temporada. El Deportivo Alavés, con el ascenso en
el bolsillo, fue en 1954 objeto de deseo por parte de un empresario
de Torrelavega, que quería a toda costa que su equipo no descendiera
a Tercera División.
"No me gusta nada"
El Alavés jugaba en el campo de La Felguera, rival de los cántabros
por la salvación, y todos creían que los vitorianos podían ganar
con facilidad. "Llegó un señor al hotel que dijo que era de Torrelavega
y nos ofreció dinero por sacar un punto contra La Felguera para
que su equipo se salvara. Al final perdimos seis a cero", relata
Barcina. Bolado recuerda todo el proceso. "Nos daban 10.000 pesetas
a cada uno, de las de entonces ¡eh! Fíjate lo mal que vieron las
cosas que en el descanso nos aumentaron el dinero a 20.000 pesetas.
Pero ya se sabe que al final, cuando has conseguido el objetivo,
te relajas. Lo cierto es que era mucho dinero, pero no nos importaba.
Mirabas más otras cosas", enfatiza.
Eran otros tiempos. "Ahora son más modernos", sentencian, en los
que la llegada de presidentes como Dmitry Piterman han revolucionado
el fútbol. "Es una pena que el Alavés haya caído en sus manos,
pero los culpables somos los alaveses. La propia gente de Vitoria
tenía que sacarlo adelante", se lamenta Ibarra. "Lo que ocurre
es un desprestigio para Álava. Espero que venga otro pronto",
insiste. Arbaizar no se explica la actitud del ucraniano. "No
me gusta nada. No es el Alavés que todos queremos, eso lo tengo
claro. Al campo van pocos más que los socios, y eso es por algo",
reconoce.
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