La madre que puso rostro
a las 192 familias rotas por los atentados cree que
«se ha perdido un año precioso para averiguar
la verdad y evitar que vuelva a ocurrir»
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| FORTALEZA.
Pilar Manjón confiesa
que,«si no fuera por buscra la verdad y
la justicia, seguiría tirada en un sofá»
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Desprende la ternura, la comprensión, la paciencia
de una madre. Y la irreversible tristeza de una madre
que ha dejado de serlo. Hace un año, Pilar Manjón
era una mujer separada, empleada en el Ministerio de
Defensa, afiliada a Comisiones Obreras, feliz en el
mismo grado en que lo es ese ciudadano que hoy se ha
levantado con el estímulo de pensar que, por
fin, mañana es sábado. Una española
cualquiera de 46 años. Ya no lo es. Con el reloj
de su hijo Daniel en la muñeca y la pena ocupando
el lugar de los muchos kilos que ha perdido, Pilar Manjón
es hoy un personaje público, la presidenta de
la ‘Asociación 11 de marzo–Afectados
de terrorismo’; la señora que supo sacar
el lado humano, y los colores, a la clase política
española; que dejó sin palabras a quienes
hacemos correr ríos de tinta olvidando, alguna
vez, que pueden desembocar en un mar de lágrimas.
–Dicen que el tiempo lo cura todo…
–No. El tiempo no cura nada cuando las heridas
están en el corazón.
–¿Qué balance hace de este
año?
–Fundamentalmente triste. Primero, porque nadie
quisimos vivir el 11 de marzo, ni las víctimas
ni los heridos, ni sus familiares. Además, han
pasado doce meses sin que nadie nos diga la verdad de
lo que ocurrió antes del 11-M. Y se ha perdido
un tiempo precioso para poner piedras en el camino y
evitar algo que puede volver a suceder.
–¿Se siente insegura?
–Yo ya no. A mi hijo no me lo pueden volver a
matar. Peor de lo que lo estoy pasando no lo puedo pasar.
Pero, ¿se han puesto las medidas desde entonces?
Las investigaciones no han llegado a conclusiones. Por
lo tanto, no sabemos qué pasó; por lo
tanto, no sabemos qué hay que hacer. ¿Se
están coordinando las Fuerzas de Seguridad más
que antes?
–¿Qué problemas se han encontrado
estos meses, más allá del drama de la
muerte?
–Todos los del mundo. Parece mentira que en un
país con tantos años de terrorismo no
exista un protocolo de actuaciones. ¿Qué
tiene que hacer la víctima de un atentado? Esto,
esto y esto. No existe. Ha sido un peregrinaje de ventanilla
en ventanilla, donde a los familiares de los fallecidos
se nos pedía la sentencia de muerte. Y ahora
vamos a evitar que los heridos tengan que pasar por
lo mismo, que tengan que ir enseñando dónde
tienen la metralla, qué pierna les falta, en
qué tren iban… Por eso exigimos un protocolo
centralizado, para que dejen de volvernos locos. «¿Qué
ha sido de las promesas?»
–¿La asistencia sanitaria ha sido adecuada?
–Nuestros heridos han soportado largas
listas de espera y ya se nos han retirado los apoyos
psicológicos y psiquiátricos contratados
al amparo del atentado. El 31 de diciembre, se despidió
a más de la mitad de los profesionales, con lo
cual, de las terapias mensuales, se pasará a
bimensuales.
¿Qué ha sido de todas
las promesas iniciales?
–¿Dónde han encontrado apoyo?
–Entre nosotros. Hemos creado una cadena
de afectos humanos, que ha sido lo más importante
de estos meses. Reconforta saber que estás con
alguien que es víctima como tú, que comprende
que puedes tener recaídas, que puedes llegar
llorando..
–Conmovió a España con su
comparecencia en el Congreso. ¿Es que hasta entonces
nadie había tomado conciencia de su dolor?
–Sobre todo en la comisión de
investigación, estuvieron jugando a indagar lo
que menos nos importa: lo que ocurrió entre el
11 y el 14. Lo que nos interesa es lo que pasó
el día antes, para que la gente asumación,
estuvieron jugando a indagar lo que menos nos importa:
lo que ocurrió entre el 11 y el 14. Lo que nos
interesa es lo que pasó el día antes,
para que la gente asuma que el azar, y sólo el
azar, quiso que los malditos asesinos pusieran las bombas
en esos trenes, ese día, en esas vías.
Por eso tuvimos que hacer palpable nuestro dolor a la
ciudadanía: para que todos fueran conscientes
de que podía haberle ocurrido a cualquiera.
–¿Y ha servido su intervención?
–Sí. Estamos absolutamente convencidos.
Ha valido de revulsivo social y esperamos que, cuando
sus señorías lleguen a sus conclusiones,
lo hagan con consenso. No queremos ser brazo de la bandera
de ningún partido; queremos ser bandera de unidad.
No queremos que vuelvan a utilizar el nombre de los
nuestros para tirárselo a la cara unos a otros.
Y ellos, como políticos, tienen el deber de decir
qué falló en nuestro Estado de Derecho
y poner las medidas para que no vuelva a ocurrir. No
es sólo una cuestión nuestra. Mi hijo
ya no va a volver. Para él, pediré justicia
hasta las últimas consecuencias. Pero saber la
verdad servirá a todo el país para que
no se repita.
Dimisiones
–¿Pero interesa conocer la verdad?
–No lo sé, pero yo te respondería
con otra pregunta: ¿A la ciudadanía le
parece normal que el fiscal ya haya archivado el caso
de los explosivos de Asturias diciendo que no pasó
nada? ¿Es que allí no se robaba? Yo asistí
al juicio maldito de ‘El gitanillo’, donde
el que robó los explosivos para matar a mi niño
hizo un pacto para estar tres años en la cárcel,
y saldrá con menos edad de la que tenía
mi hijo cuando me lo asesinaron. ¡Los explosivos
debían de comprarlos en un supermercado! Por
eso empiezo a dudar sobre si se quiere saber la verdad.
En especial, algunos fiscales y alguna Justicia.
–¿Qué haría usted
con los culpables?
–Que caiga sobre ellos todo el peso de
la Ley. ¿Cuántos años dice el Código
Penal? ¿40? Pues cuarenta. Sin remisión
de un solo segundo de su condena. Porque nosotros ni
olvidamos, ni perdonamos a los terroristas.
–¿Considera que alguien más
además de los asesinos debería ser condenado?
–Sí: los inductores y quienes les pagaron.
Todos esos que van saliendo en la trama. Y ya lo dijimos
en el Parlamento: pediremos las dimisiones pertinentes
una vez que se conozcan las conclusiones del Congreso.
–Ya están tardando…
–Yo no sé lo que están
haciendo. Pero es muy triste que, después de
mi comparecencia, las víctimas no hayamos vuelto
a saber nada de nada de lo que está ocurriendo
en esa comisión de investigación.
–¿Ningún parlamentario les
ha llamado de nuevo para saber cómo están?
–Ninguno. Ni antes ni después
de mi comparecencia ha llamado ninguno.
–¿Cree que las disculpas y el aliento
que le ofrecieron en el Congreso eran sinceros?
–Todos los que fueron a abrazarme lo hicieron
con afecto y sinceridad. En ese momento, percibes el
calor humano. Se nota.
–Pero a los pocos días, se crea
el Alto Comisionado de apoyo a las víctimas del
terrorismo y rebrota el enfrentamiento político…
–Sí. Se creó para ser un
lazo con las víctimas. Y, de momento, nos está
sirviendo. Que la figura de don Gregorio Peces–Barba
tenía que haberse consensuado es un problema
de ellos. ¡Yo qué sé si te tienen
que reunir o no a tomar un café! Lo que yo quiero
es que la Administración nos dé las respuestas
que necesitamos.
–¿Siente que alguien ha minusvalorado
su dolor por no compartir sus ideas políticas?
–Sí. Lo han minusvalorado porque
pertenezco a CC OO. Pero esa gente es tan intolerante,
tan terrorista verbal, como los que pusieron las bombas.
Además, lo más denigrante es que un partido
tache a una persona de estar politizada. Si ellos mismos
utilizan el adjetivo ‘politizar’ como peyorativo,
será porque no están muy orgullosos de
sus funciones… Yo sigo perteneciendo a CC OO.
Eso, en ningún caso, me quita mi condición
de víctima. Ni me ha devuelto a mi hijo. Ni evitó
que me lo mataran con 20 años.
–¿Las indemnizaciones ofenden?
–Ninguna vida humana tiene precio. Una
vida de veinte años llena de sueños, de
ilusiones, de novia, de alegría, de abrazos preciosos…
Eso, ni con todos los Presupuestos Generales del Estado,
me lo podrían pagar. Por eso, no pedimos reparaciones
económicas. El dinero no devuelve los besitos
por la noche. El que marque la ley, y punto.
"Mi luto es un grito de guerra"
–¿Pero es suficiente?
–La Comunidad de Madrid me ha dado 10.000
euros por mi hijo. Lo puedes poner: 10.000 euros le
ha costado la vida de un joven de 20 años. Pero
es la reparación moral la que hace falta: la
que dignifique la memoria de nuestros hijos.
–¿En qué se concreta?
–En no volver a utilizar jamás
a nuestras víctimas como arma arrojadiza entre
partidos. En no volver a utilizar jamás nuestro
dolor. Queremos tener nuestra identidad y no volver
a ver a nuestros fallecidos mezclados ni con torturadores,
ni con violadores de los derechos humanos, aunque tengan
la condición de víctimas del terrorismo.
El 11 de marzo no hubo una reyerta entre dos bandas
rivales que traficaban con droga. Hubo un acto de terror
para atemorizar a todo un Estado, y ese Estado debe
la reparación moral a sus víctimas. Ha
de responder con lo mejor que tenga. Porque eran inocentes,
y siguen siéndolo. Porque les amábamos,
y seguimos amándolos.
«Ni
un político ha llamado tras
mi comparecencia»
«Quien desprecia mi dolor porque
soy afiliada a CC OO es un terrorista verbal»
«La Comunidad me ha dado 10.000 euros por
mi hijo»
«Mi luto es un grito de guerra» |
–¿Las 192 muertes podrían
haberse evitado?
–Sí.
–¿Cómo?
–No te lo sé decir. Cuando me
enteré de que había habido un atentado,
supe que mi hijo estaba entre los fallecidos. No me
preguntes por qué. Pero, del mismo modo, tengo
el pálpito de que pudo haberse evitado. Mira:
mes y medio antes del 11-M, en el Ministerio de Hacienda,
se puso una valla completa, altísima, grandísima;
un búnker. ¿Por qué? No lo sé.
¿Alguien no escuchó los avisos después?
¿Se grababan cintas en árabe y no se tradujeron
por no contratar traductores? ¿Se guardaron cintas
en el cajón? A lo mejor, en ellas se daban las
últimas instrucciones de dónde poner la
mochila que explotó en la espalda de mi niño.
–¿Cómo podemos ayudarles
los ciudadanos?
–Sólo pido que sigan siendo tan solidarios.
La gente reconoce mi cara, pero sé que, a través
de mí, identifican a las víctimas del
11 de marzo. Esa cercanía con que la gente te
recibe y te consuela, esas cartas tan hermosas que mandan…
son un poco como un bálsamo. Al menos, la sociedad
ha reconocido que los nuestros eran tan inocentes como
cualquiera.
–¿De dónde saca fuerzas
para levantarse cada mañana?
–Pienso mucho, mucho, mucho en mis 192 fallecidos.
Te los puedo nombrar a todos. Y hasta contarte su vida.
Hay que buscar la verdad y la justicia para ellos. He
estado muchos meses en el sofá y, si no fuera
por esto, seguramente, seguiría allí.
–¿Qué ilusiones tiene Pilar
Manjón?
–Ni tengo ilusiones, ni tengo sueños.
–¿Se quitará algún
día el luto?
–No voy de luto. Sólo voy de negro.
–Pero tiene un significado
–Pero no es un luto franquista o religioso. Esto
es un grito de guerra, silencioso, contra la guerra
que mató a mi hijo. Y contra la que mata cada
día en Irak. Parece que duelen menos, pero es
tan inocente el que cae en Faluya, como mi hijo, como
los 191.