La posibilidad de que Al-Qaida fuera la
autora del atentado calmó a los vascos, que vivieron con
desasosiego y vergüenza la atribución a ETA de la matanza
en Madrid .
«Menos mal que no ha sido ETA».
Fue esta expresión de alivio muy extendida
en el País Vasco después de que Al-Qaida
apareciera como el posible grupo ejecutor del asesinato
de 200 madrileños, niños, inmigrantes,
obreros, estudiantes. «Para la sociedad vasca,
saber que no ha sido ETA, dentro del horror, supondría
que se nos quitase una losa de encima», declaró
ayer el presidente del PNV, Josu Jon Imaz.
El fantasma de la culpa colectiva, la
vergüenza de que el atentado se hubiera cometido
en nombre del pueblo vasco, se alejaba de quienes
sintieron esa atenuación de la pena. «Es
como si pensáramos que el monstruo no está
entre nosotros. Un sentimiento peligroso, porque puede
implicar que nos hayamos acostumbrado a un monstruo
supuestamente pequeño y que ahora nos desinteresemos
de éste porque 'no es de los nuestros'»,
reflexiona Xabier Etxebarria, profesor de Ética
en la Universidad de Deusto.
Una telespectadora anónima llamó
ayer al programa de Telecinco 'Día a día',
de María Teresa Campos. Era vasca, aunque muchos
parientes suyos viven en Madrid. Uno de ellos murió
el jueves. «Si fuera ETA, no podría volver
a mirarles a la cara», confesó.
El sociólogo Javier Elzo la entiende.
Él mismo llegó a pedir perdón
en una tribuna periodística cuando se pensaba
en ETA como autora segura de la masacre. De algún
modo se autoinculpaba debido a un inconsciente reflejo
moral, a pesar de que este investigador haya sufrido
en su casa los ataques de los cachorros terroristas.
«De ser cierto, la memoria histórica
de los vascos se resentiría. No es fácil
cargar con 200 asesinados en nombre de tu pueblo.
Por eso comprendo el alivio, quizá egoísta,
como persona del País Vasco, porque si voy
un poco más allá siento que los muertos
eran también mis compatriotas. Además,
esto a las víctimas les importa tres carajos»,
recalca.
Los malos de la película
En las calles del País Vasco,
el alivio se aireaba sin tapujos. Era un comentario
muy oído, por ejemplo, en las manifestaciones
de repulsa hacia el atentado, como en la que participó
el también sociólogo Imanol Zubero,
según el mismo cuenta. «Es un horror.
Qué pronto estamos olvidando esa rabia y rechazo
que sentíamos el jueves contra ETA».
Había miedo en la comunidad autónoma
a que el pecado de los 200 muertos contaminara a todos
los vascos. «¿Qué van a pensar
ahora de nosotros? ¿Cómo podremos ir
a Madrid sin que se nos caiga la cara de vergüenza?»,
se preguntaba anteayer una empleada de una productora
artística de San Sebastián. «¿Seguro
que no ha sido Al-Qaida?», agregaba.
Reaccionar de un modo puramente emocional indica falta
de madurez, según el psiquiatra Miguel Gutiérrez.
«Y sentir alivio porque no haya sido ETA es
el síntoma de una sociedad enferma, que carece
de sustrato ético».
El secretario de organización
de Eusko Alkartasuna, Rafael Larreina, explica esa
especie de desahogo por el «doble acoso que
sufren los vascos, el de ETA y el de los que nos acusan
a todos de connivencia con el terrorismo». «Hay
una preocupación de que nos confundan y por
eso, cuando se supo que podía ser Al-Qaida,
pues muchos pensamos que los vascos no íbamos
a ser esta vez el malo de la película»,
añade.
Sentirse afectado, manchado por las
manos sucias del terrorismo resulta muy comprensible
para el líder socialista Ramón Jáuregui.
«ETA no es un grupo terrorista del Camerún,
sino el de aquí. Es el terrorismo de la causa
nacionalista, por mucho que algunos quieran negarlo.
Es verdad que hasta ahora no habían pasado
cierto límite. Pero todos sentimos que eso
habría sido perfectamente posible».
Alimentar al monstruo
Hay gente a la que le parece una inmoralidad
estar elucubrando sobre si ha sido o no ETA delante
de 200 muertos. «De verdad, no sentiría
ningún alivio fuese quien fuese», incide
Gonzalo Quiroga, dirigente del PP. «Sería
absurdo clasificar los terrorismos por países
o por comunidades autónomas. Tenemos que entender
que todos funcionan igual, que todos suponen una amenaza
colectiva».
Los intentos de clasificación
de los atentados según el número de
víctimas constituyen «un capítulo
más de la pastosa política vasca»,
según Antonio Rivera, vicerrector del campus
de Álava de la UPV. «Por favor, estamos
hablando de un orden moral, no de una batallita militar»,
agrega.
«Todos creímos que ETA
había sido capaz de ello. No podemos ignorar
esto», dice Xabier Etxebarria. «Pensé
que ya había dado el salto al terrorismo de
masas», añade Elzo. «Entre todos
hemos alimentado el monstruo. No vale decir que no
hemos sido nosotros. A lo peor, dentro de poco, sí
lo somos», apunta Zubero.