«Estábamos en el hospital. De repente,
entró un señor gritando: 'Son ellos'.
'¡Ay, Dios!', me dije. Venía hacia nosotros.
'Es ése, el de la coleta', volvió a exclamar.
'Ya me ha tocado', pensé. Al llegar, se fundió
conmigo en un abrazo. Abrió su camisa y mostró
el pecho: 'Mira qué dos tatuajes me hiciste'».
Esos dos tatuajes son las marcas del desfibrilador con
que, hace un año, Pedro Serrano sacó de
una parada cardiaca al hoy agradecido paciente. Y Pedro
Serrano es el de la coleta: un enfermero del SUMMA 112
que habría sido un competente banquero a juzgar
por la cantidad de gente que le debe, nada menos, que
la vida.
El terremoto de Irán de 2004, la matanza del
11-M, la inmolación de sus autores en Leganés,
el tsunami
son cuatro crisis en las que ha trabajado.
Quizás por eso, asegura que no le impactó
«especialmente» el 11 de marzo. «Lo
que sí me impresionó fue el 12, 13, 14
y 15 de marzo». Los cuatro largos días
-y noches- en los que vio morir de dolor, no a 190 personas,
sino a más de 2.000 familiares.
«Recuerdo que en el sótano de la feria
pusieron los cadáveres en fila. A la derecha,
los ataúdes vacíos. Y al lado, los enseres
personales recuperados». Mochilas, maletines
móviles venga a sonar. «Lo trágico
es que les llamaban desde dos plantas más arriba
sus padres, su marido
»
Ante tanta desolación, «lo pasas fatal,
pero creces como ser humano». Lo dice alguien,
Pedro, al que hace seis años le daba «asco»
la sangre. Un día acompañó a un
amigo a una charla de Cruz Roja y descubrió que
quería ser enfermero. «¡Será
médico o cirujano!», le rebatió
su madre cuando le anunció que dejaba la carrera
de Ingeniería. «No. Yo no quiero curar,
quiero cuidar», le aclaró su hijo, seguro
de que un enfermo necesita, tanto como sangre, una sonrisa
o una caricia.
-Mucha gente vive gracias a usted
-Eso no importa. Lo que recuerdo es estar atendiendo
a alguien y que te hagan salir por un aviso de bomba.
Tú sabes que, si lo sueltas, morirá.
-¿Le pasó el 11 de marzo?
-Sí, con dos personas. Cuando volvimos, estaban
muertas.
Pedro podría ser un excelente banquero: enriquece
hablar con él.