| Sábado, 13 de marzo de 2004
Entre el dolor y el alivio
La posibilidad de que Al-Qaida fuera la
autora del atentado calmó a los vascos, que vivieron con
desasosiego y vergüenza la atribución a ETA de la matanza
en Madrid
IÑAKI ESTEBAN/BILBAO
«Menos mal que no ha sido ETA». Fue esta
expresión de alivio muy extendida en el País Vasco
después de que Al-Qaida apareciera como el posible grupo
ejecutor del asesinato de 200 madrileños, niños, inmigrantes,
obreros, estudiantes. «Para la sociedad vasca, saber que no
ha sido ETA, dentro del horror, supondría que se nos quitase
una losa de encima», declaró ayer el presidente del
PNV, Josu Jon Imaz.
El fantasma de la culpa colectiva, la vergüenza
de que el atentado se hubiera cometido en nombre del pueblo vasco,
se alejaba de quienes sintieron esa atenuación de la pena.
«Es como si pensáramos que el monstruo no está
entre nosotros. Un sentimiento peligroso, porque puede implicar
que nos hayamos acostumbrado a un monstruo supuestamente pequeño
y que ahora nos desinteresemos de éste porque 'no es de los
nuestros'», reflexiona Xabier Etxebarria, profesor de Ética
en la Universidad de Deusto.
Una telespectadora anónima llamó ayer
al programa de Telecinco 'Día a día', de María
Teresa Campos. Era vasca, aunque muchos parientes suyos viven en
Madrid. Uno de ellos murió el jueves. «Si fuera ETA,
no podría volver a mirarles a la cara», confesó.
El sociólogo Javier Elzo la entiende. Él
mismo llegó a pedir perdón en una tribuna periodística
cuando se pensaba en ETA como autora segura de la masacre. De algún
modo se autoinculpaba debido a un inconsciente reflejo moral, a
pesar de que este investigador haya sufrido en su casa los ataques
de los cachorros terroristas.
«De ser cierto, la memoria histórica
de los vascos se resentiría. No es fácil cargar con
200 asesinados en nombre de tu pueblo. Por eso comprendo el alivio,
quizá egoísta, como persona del País Vasco,
porque si voy un poco más allá siento que los muertos
eran también mis compatriotas. Además, esto a las
víctimas les importa tres carajos», recalca.
Los malos de la película
En las calles del País Vasco, el alivio se
aireaba sin tapujos. Era un comentario muy oído, por ejemplo,
en las manifestaciones de repulsa hacia el atentado, como en la
que participó el también sociólogo Imanol Zubero,
según el mismo cuenta. «Es un horror. Qué pronto
estamos olvidando esa rabia y rechazo que sentíamos el jueves
contra ETA».
Había miedo en la comunidad autónoma
a que el pecado de los 200 muertos contaminara a todos los vascos.
«¿Qué van a pensar ahora de nosotros? ¿Cómo
podremos ir a Madrid sin que se nos caiga la cara de vergüenza?»,
se preguntaba anteayer una empleada de una productora artística
de San Sebastián. «¿Seguro que no ha sido Al-Qaida?»,
agregaba.
Reaccionar de un modo puramente emocional indica falta de madurez,
según el psiquiatra Miguel Gutiérrez. «Y sentir
alivio porque no haya sido ETA es el síntoma de una sociedad
enferma, que carece de sustrato ético».
El secretario de organización de Eusko Alkartasuna,
Rafael Larreina, explica esa especie de desahogo por el «doble
acoso que sufren los vascos, el de ETA y el de los que nos acusan
a todos de connivencia con el terrorismo». «Hay una
preocupación de que nos confundan y por eso, cuando se supo
que podía ser Al-Qaida, pues muchos pensamos que los vascos
no íbamos a ser esta vez el malo de la película»,
añade.
Sentirse afectado, manchado por las manos sucias del
terrorismo resulta muy comprensible para el líder socialista
Ramón Jáuregui. «ETA no es un grupo terrorista
del Camerún, sino el de aquí. Es el terrorismo de
la causa nacionalista, por mucho que algunos quieran negarlo. Es
verdad que hasta ahora no habían pasado cierto límite.
Pero todos sentimos que eso habría sido perfectamente posible».
Alimentar al monstruo
Hay gente a la que le parece una inmoralidad estar
elucubrando sobre si ha sido o no ETA delante de 200 muertos. «De
verdad, no sentiría ningún alivio fuese quien fuese»,
incide Gonzalo Quiroga, dirigente del PP. «Sería absurdo
clasificar los terrorismos por países o por comunidades autónomas.
Tenemos que entender que todos funcionan igual, que todos suponen
una amenaza colectiva».
Los intentos de clasificación de los atentados
según el número de víctimas constituyen «un
capítulo más de la pastosa política vasca»,
según Antonio Rivera, vicerrector del campus de Álava
de la UPV. «Por favor, estamos hablando de un orden moral,
no de una batallita militar», agrega.
«Todos creímos que ETA había sido
capaz de ello. No podemos ignorar esto», dice Xabier Etxebarria.
«Pensé que ya había dado el salto al terrorismo
de masas», añade Elzo. «Entre todos hemos alimentado
el monstruo. No vale decir que no hemos sido nosotros. A lo peor,
dentro de poco, sí lo somos», apunta Zubero.
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