Los seis de Vidarte

ISABEL IBAÑEZ

La actividad del museo se sustenta en la labor de sus subdirectores

CON EL JEFE. Roberto Cearsolo, Garbiñe Urrutikoetxea, Arantza Odiaga, Petra Joos, Alicia Martínez y Xabier Pérez./ MiTXEL ATRIO
La labor de Juan Ignacio Vidarte se sustenta en la de sus seis subdirectores, que se reparten las diferentes áreas de trabajo..




Roberto Cearsolo

Director de Administración y Finanzas

Este ‘loco’ de la bicicleta –recorre unos 120 kilómetros diarios y ha hecho los Alpes y los Dolomitas– está ligado al proyecto Guggenheim desde 1992. Antes trabajó en el ámbito de la consultoría de empresas, pero se presentó con éxito al puesto que ahora ocupa. «No provenía del mundo del arte, pero sí era un proyecto retador por la inversión en 10 ó 15 años, junto al palacio Euskalduna, el metro... Me apetecía. Ha logrado la transformación total de Bilbao y poca gente creía entonces en el proyecto». Su dirección es una de las más complejas y que más personal emplea. Tiene cuatro áreas: finanzas, seguridad, mantenimiento e instalaciones, e información y nuevas tecnologías. Como responsable de las finanzas, maneja los recursos económicos del museo y suministra información al resto de áreas. Este campo es uno de los más complicados junto al de la seguridad. Cearsolo aún recuerda una anécdota, la ‘performance’ de Mike Nedo. Él se lo toma con humor: «No me puse nervioso. Podría estar preocupado porque nos quiten un cuadro, pero que me pongan algo en la pared supone más un efecto mediático. La preocupación la siento cuando nos asesinan a un ertzaina aquí delante».

Garbiñe Urrutikoetxea

Directora Recursos Humanos y Calidad

Es la más ‘nueva’ de los seis directores de área del Guggenheim. Llegó en mayo de este año, con una trayectoria que la había llevado por otro tipo de empresas, aunque siempre ligada a los Recursos Humanos. Trabajaba en compañías con plantillas de hasta 3.000 personas con un perfil más industrial. Ahora se maneja con el centenar de empleados del museo, todos del mundo artístico. «Hasta ahora, yo tenía poco conocimiento sobre arte, pero aquí tenemos oportunidad de aprender y eso te enriquece». Su labor consiste en mejorar «la contribución de la plantilla al museo, considerando muy especialmente las circunstancias y expectativas de cada trabajador. Dos terceras partes son mujeres con una edad media de 37 años. Cada persona es una excepción». Adora la araña de Louise Bourgeois, ‘Mamá’: «Antes no sabía lo que significaba pero me encanta ese binomio de agresividad y dulzura de la madre protectora. Es una obra majestuosa». Recuerda su primer día en el museo. «Hacía un día luminoso, salí a una terraza y tuve que esforzarme para pensar que estaba trabajando; parecía una turista. Es un privilegio formar parte de esto».

Arantxa Odiaga

Directora de Secretaría General

Como Vidarte, estuvo en el departamento de Hacienda de la Diputación vizcaína, entre 1989 y 1992, cuando se empezó a perfilar este proyecto. Se encargó de estudiar cómo se podía financiar y de gestionar los contratos con la Fundación, en Nueva York. «Me atrajo la idea de crear algo que no existía. Y un museo mejor que una carretera». Es la Secretaria del Patronato y del Comité Ejecutivo de la Fundación y responsable de la asesoría jurídica y de las relaciones institucionales del museo: eventos, organizaciones, atención a visitantes VIP... «Al año suelen venir aproximadamente unas 200 personas que entran dentro de esta categoría, pero famosos como Woody Allen o Gwyneth Paltrow hay media docena; el resto son delegaciones de gobiernos de otros países, presidentes de parlamentos autonómicos, visitas de miembros corporativos....» «A veces, los famosos vienen sin avisar. Entonces alguien del museo les detecta y nos acercamos a ver si necesitan ayuda. Algunos la aceptan y otros prefieren que les dejemos tranquilos». A Odiaga le toca hablar con los abogados de los artistas y negociar las comprar, los precios, las condiciones de pago, los tiempos, los traslados... «Es interesante que te propongan comprar la obra de Serra y resolver situaciones difíciles». Como la de la exposición sobre Rusia. «Fue bastante complicado por las autorizaciones para sacar las obras del país. Procedían de diferentes instituciones y allí la burocracia sigue siendo muy lenta. Ha sido la más difícil».

Petra Joos

Directora de Actividades museísticas

Petra Joos es la verdadera experta en arte del museo. Vino a España a hacer un proyecto de investigación y le llamaron del Reina Sofía, donde estuvo dos años como manager de las muestras temporales. De ahí se fue a Valencia a la Fundación Bancaja como responsable de exposiciones, adquisiciones y publicaciones hasta 2000. Ese año quedó una vacante en el Guggenheim en el puesto de directora de Actividades Museísticas y en él ha pasado los últimos siete años. A su cargo tiene tres subdirecciones: curiatorial y documentación –investigación y gestión de la programación artística–, organización de contenidos artísticos –registro, conservación, diseño y montaje–, y educación e interpretación, para ayudar al visitante a entender el arte. «Somos los que más trato tenemos con los artistas –dice–-. Son exigentes pero es una experiencia intensa y enriquecedora. Hemos trabajado muy de cerca sobre todo con Richard Serra y Anselm Kieffer». Sobre la importancia del Guggenheim, Petra Joos cree que «a lo mejor no todos los ciudadanos son conscientes ni tienen una continuada relación con él, pero forma parte de sus vidas. El cambio se va a producir en las generaciones siguientes. Después de diez años hay un interés que antes no existía; se ve en el número de amigos y visitantes y en la gran repercusión de sus proyectos educativos. El hábito se está creando». Es muy difícil preguntar a una experta como ella sobre sus gustos, pues son amplios, pero si tiene que elegir una exposición se queda con la de África: «Ha supuesto estar conectados con el mundo, porque el arte no es una cuestión de determinados continentes, es algo universal».

Alicia Martínez

Directora de Comunicación e Imagen

Después de una experiencia en el mundo de las editoriales, empezó a trabajar en el Thyssen desde el primer día de funcionamiento de esta pinacoteca, en 1988, como directora de publicaciones y de la tienda librería. «Estuve ocho años, tenía contacto con los arquitectos, con los barones... Aprendí muchísimo y desde luego me sirvió después para conseguir mi plaza en el Guggenheim. Llevaba mucho tiempo en Madrid y tenía la ilusión de volver al norte, así que cuando vi un puesto que se adecuaba a mi perfil me lancé. Acarreó una decisión importante en lo personal pues supuso un cambio radical en nuestras vidas. Y aquí estoy desde 1997». Alicia Martínez lleva tres subdirecciones: tienda librería, publicaciones –señalización exterior e interior, folletos, textos de pared y catálogos– y comunicación y marketing. Ella, apasionada de los expresionistas alemanes y del expresionismo abstracto americano, recuerda la inauguración del museo, hace una década: «Había gente esperando, abrieron las puertas y entró la primera persona. Todos los que estabamos dentro le aplaudimos. Fue emocionante».

Xabier Pérez

Director de Desarrollo

Nació en Venezuela de padres bermeanos y se vino con 5 años a Bilbao. Lleva seis en el museo. Trabajó un tiempo en ETB, después vendió ordenadores en Canon y más tarde trabajó en una consultora en Londres. Luego pasó 13 años en Barcelona como director general comercial de una empresa del grupo ACS. «Pero salió el anuncio, me presenté y conseguí el puesto. Así cambié de sector y de vida, porque llevaba 15 años viajando. Me gustó mucho que el museo fuera un referente en todo el mundo; vine perdiendo dinero pero gané en salud mental y sobre todo en vida familiar». Como director de Desarrollo consigue financiación privada y pública: «Tenemos el objetivo estratégico de lograr cada año una autofinanciación del 75% procedente de empresas, amigos, turistas, eventos, patrocinios de exposiciones...» Dentro del área hay tres secciones: atención al visitante, miembros corporativos y amigos del museo... «He aprendido a comprender las obras contemporáneas. En Euskadi entendemos como museo sólamente donde se expone arte de otro tipo porque no estábamos acostumbrados a éste. Ahora están pasando por el Guggenheim muchos colegios vascos y eso ayudará a no tener prejuicios en este tema».

 
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