Paraje bucólico
Hay quien viene desarrollando
una labor pionera dentro de este terreno tiempo
atrás. La filosofía de vida del matrimonio integrado
por Kontxi Argaia y el holandés Guillermo Elsenar
siempre se ha cimentado sobre el cuidado del medio
ambiente.
Llegaron al caserío Arruan Haundi,
en el barrio debarra de Lastur, hace un cuarto
de siglo. Un paraje bucólico que retrotrae al
visitante al modo de vida rural de antaño, salvo
por el contraste que representa la instalación
de 52 placas solares que se extienden a lo largo
de 42 metros cuadrados en una campa anexa al caserío.
«Nos intentaron persuadir de que
no instaláramos el equipo porque no era rentable»,
recuerda Argaia. Desoyeron todos aquellos comentarios
porque, en su opinión, con este tipo de instalaciones
-que llevaron a cabo porque la red eléctrica de
la zona es muy deficiente- , la primera beneficiaria
es la atmósfera. «Inyectas en la red energías
limpias, renovables, no fósiles. Se evita así
la emisión de C02 a la atmósfera. Por otro lado,
la factura también baja», señala.
Producir, usar y vender energía
Desde el pasado verano este matrimonio se puede
definir como pequeño productor de energía, una
figura que contempla Hacienda merced a un decreto
que ya existía desde 1998 pero que gracias a la
labor de grupos ecologistas, «ahora está permitido
instalar equipos autónomos conectados a red. Yo
le vendo a Iberdrola la energía que genero y me
pagan 66 pesetas por cada KWp. El problema es
que se gasta más energía de la que se produce.
Todo depende de la cantidad de sol que reciban
las placas», explica Argaia.
De momento, desde que puso el
contador en enero, los rayos solares que se han
filtrado en el valle de Lastur han permitido que
los paneles solares de silicio generen 854 KWp.
El equipo que tiene Kontxi -ha costado 42.000
euros- es de cinco Kwp de potencia, el máximo
que permite la ley a un particular. Se trata del
primer caserío guipuzcoano en llevar a cabo una
instalación de estas características.
Molino de viento sin subvenciones
Además, disponen de un pequeño molino de viento.
Es un equipo autónomo estanco, es decir, no está
conectado a red, es de abastecimiento, de modo
que cuando quieren usar la energía que genera,
activan un inversor y a partir de ese momento
«no gastamos nada de Iberdrola sino que usamos
directamente la energía del molino». Los propietarios
se quejan de que los equipos son muy caros y las
ayudas escasas.
El Ente Vasco de la Energía (EVE)
subvenciona a los particulares un 30% de la inversión
y es el Instituto de Diversificación y Ahorro
Energético (IDAE) quien subvenciona a las empresas
instaladoras. «En el País Vasco recibimos el 30%
de ayuda mientras que en Navarra es el 70%. Hace
falta más apoyo para que la gente se acabe implicando
definitivamente. En realidad, el Departamento
de Medio Ambiente sólo subvenciona a los que contaminan.
La realidad es esta», denuncian.
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