FERNANDO PESCADOR
El Consejo de jefes de Estado o de Gobierno de la Unión Europea asumió ayer un compromiso de gran alcance para combatir el cambio climático: ponerse en primera fila a nivel mundial para que en 2020 las emisiones de gases generadores del efecto invernadero se sitúen un 20% por debajo de las de 1990.
Se trata de un objetivo que engarza, conceptual y operativamente, en lo que se ha venido a denominar el post-Kioto, esto es el conjunto de actuaciones que la comunidad internacional debería acometer una vez venzan, en 2012, los acuerdos de 1997 contra el cambio climático, que no ha ratificado EE UU, principal contaminador del planeta.
Europa, y así lo reconocían ayer las conclusiones de la cumbre, quiere limitar el calentamiento del planeta a 2 grados centígrados por encima de la temperatura media de la era preindustrial. Semejante propósito exigirá limitar aún más las emisiones de gases contaminantes que lo ayer convenido: entre un 60 y un 80% en 2050, con respecto a 1990.
El compromiso comunitario constituye, por lo tanto, un paso más en un proceso a muy largo plazo, que requerirá, además, concursos ajenos. El acuerdo de ayer, que endosa uno previo de los ministros de Medio Ambiente, establece ese objetivo del 20% con carácter obligatorio para el conjunto de los Estados miembros, pero aumentará hasta el 30% en 2020 si la comunidad internacional lo asume también.
El objetivo global de la reducción de vertidos contaminantes se sustenta en un conjunto de actuaciones, de corte específicamente medioambiental o energético, también muy relevantes. La primera de ellas, que constituye, a su vez la novedad aportada por la cumbre, concierne al concurso de las energías renovables (hidráulica, solar, biomasa, eólica) en la satisfacción de las necesidades de energía primera de la UE. La cumbre convirtió ayer en obligatorio que, de una manera o de otra, el 20% de las necesidades de energía básica de la UE tendrán que verse satisfecho en 2020 mediante recursos renovables.
Se trata de un objetivo muy ambicioso, porque España, que lidera con Alemania la implantación de estas tecnologías en la UE, arrojaba un consumo de renovables del 9,41% en 2003.