JUANMA VELASCO
Enero. No dan imágenes de montes arrasados
por el fuego en televisión, ni fotos
de lugareños apagando llamas en la prensa
pero, en lo que respecta a Gipuzkoa, el invierno,
junto con el final del otoño, es la época
del año de mayor riesgo en lo que a incendios
forestales se refiere. Felizmente, el fuego
está siendo benévolo con los montes
guipuzcoanos en lo que va de enero y también
lo fue el año pasado.
Tanto es así que 2006 se recordará
por ser el año en el que menos hectáreas
forestales se quemaron desde que se tienen registros
(1968). Según los datos del departamento
para el Desarrollo del Medio Rural de la Diputación,
el año pasado ardieron un total de 18
hectáreas (11 de ellas arboladas). Nada
que ver con las 275 que se quemaron en 2005
y muy lejos de cifras como las 962 hectáreas
quemadas en 1998, las 550 de 1995 o las 1.155
hectáreas que ardieron en 2002.
«Ha sido un año excepcional, si
se tiene en cuenta que la media de los últimos
años es de 300 hectáreas»,
afirma el director de Montes de la Diputación,
José Mari Aldanondo, que recuerda otros
buenos años como 1972, en el que ardieron
33 hectáreas, o 1979, cuando se quemaron
59 hectáreas.
El 2006 también fue un año en
el que se registraron pocos incendios, un total
de 26 y confirma un trienio (2004-2006) en el
que las cifras de incendios forestales no superaron
el medio centenar.
Por la climatología
¿Por qué tan pocos incendios?
El director de Montes achaca el escaso número
de fuegos y hectáreas forestales quemadas
en 2006 a la climatología. «En
la época de más peligro, en otoño
e invierno, tuvimos a favor la climatología,
con un tiempo lluvioso y poco viento sur»,
asegura. Otra de las razones que explican la
poca superficie quemada es la limpieza de montes.
«No es que en 2006 se hiciera más
o menos trabajo en este apartado. El esfuerzo
es constante. Todos los años se mantiene
una gran presión limpiando miles de hectáreas
de maleza y sotobosque», recuerda Aldanondo.
En estas tareas, los empleados de la Dirección
de Montes inciden en los lugares de mayor tránsito
de personas. «Zonas costeras como Orio
o Jaizkibel -añade- son montes de por
sí muy secos y, como transita mucha gente,
el peligro siempre aumenta porque puede haber
descuidos».
Asimismo, en las labores de limpieza de montes,
la Diputación lleva tiempo sirviéndose
del silvopastoreo. En la práctica consiste
en la suelta de animales para que se alimenten
de matorrales y limpien la maleza. «Se
utiliza en todas aquellas zonas en las que es
factible. En Jaizkibel, por ejemplo, soltamos
unas pottokas que van repasando el bosque, lo
patean y comen todo el material susceptible
de arder. De esta forma, en caso de incendio,
no hay material para que el fuego avance y su
extinción es más fácil
para los retenes», asegura el director
de Montes.
19 de enero de 2007