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En 2006 ardió la menor superficie forestal de Gipuzkoa de la historia

Se quemaron 18 hectáreas en 26 incendios, cuando la media de los últimos años es de 300 hectáreas. España vivió uno de sus peores años, con 54 grandes incendios de más de 500 hectáreas.

JUANMA VELASCO
Enero. No dan imágenes de montes arrasados por el fuego en televisión, ni fotos de lugareños apagando llamas en la prensa pero, en lo que respecta a Gipuzkoa, el invierno, junto con el final del otoño, es la época del año de mayor riesgo en lo que a incendios forestales se refiere. Felizmente, el fuego está siendo benévolo con los montes guipuzcoanos en lo que va de enero y también lo fue el año pasado.

Tanto es así que 2006 se recordará por ser el año en el que menos hectáreas forestales se quemaron desde que se tienen registros (1968). Según los datos del departamento para el Desarrollo del Medio Rural de la Diputación, el año pasado ardieron un total de 18 hectáreas (11 de ellas arboladas). Nada que ver con las 275 que se quemaron en 2005 y muy lejos de cifras como las 962 hectáreas quemadas en 1998, las 550 de 1995 o las 1.155 hectáreas que ardieron en 2002.

«Ha sido un año excepcional, si se tiene en cuenta que la media de los últimos años es de 300 hectáreas», afirma el director de Montes de la Diputación, José Mari Aldanondo, que recuerda otros buenos años como 1972, en el que ardieron 33 hectáreas, o 1979, cuando se quemaron 59 hectáreas.

El 2006 también fue un año en el que se registraron pocos incendios, un total de 26 y confirma un trienio (2004-2006) en el que las cifras de incendios forestales no superaron el medio centenar.

Por la climatología
¿Por qué tan pocos incendios? El director de Montes achaca el escaso número de fuegos y hectáreas forestales quemadas en 2006 a la climatología. «En la época de más peligro, en otoño e invierno, tuvimos a favor la climatología, con un tiempo lluvioso y poco viento sur», asegura. Otra de las razones que explican la poca superficie quemada es la limpieza de montes. «No es que en 2006 se hiciera más o menos trabajo en este apartado. El esfuerzo es constante. Todos los años se mantiene una gran presión limpiando miles de hectáreas de maleza y sotobosque», recuerda Aldanondo.

En estas tareas, los empleados de la Dirección de Montes inciden en los lugares de mayor tránsito de personas. «Zonas costeras como Orio o Jaizkibel -añade- son montes de por sí muy secos y, como transita mucha gente, el peligro siempre aumenta porque puede haber descuidos».

Asimismo, en las labores de limpieza de montes, la Diputación lleva tiempo sirviéndose del silvopastoreo. En la práctica consiste en la suelta de animales para que se alimenten de matorrales y limpien la maleza. «Se utiliza en todas aquellas zonas en las que es factible. En Jaizkibel, por ejemplo, soltamos unas pottokas que van repasando el bosque, lo patean y comen todo el material susceptible de arder. De esta forma, en caso de incendio, no hay material para que el fuego avance y su extinción es más fácil para los retenes», asegura el director de Montes.
19 de enero de 2007

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