| Mari Carmen Gallastegi | Premio
Euskadi de Investigación 2005
«El desarrollo sostenible
es un término que se pone a todo y no significa
nada»
La catedrática
asegura que es posible combinar el «beneficio
económico» con el «respeto
al medio ambiente»
ROBERT BASIC
Mari Carmen Gallastegui, profesora en la UPV y
consejera de Economía del Gobierno Vasco
en 1991, recibió en Vitoria el Premio Euskadi
de Investigación 2005 en la modalidad de
Ciencias Sociales y Humanidades, convirtiéndose
así en la primera mujer en lograr esta
distinción. La experta, que ha sido galardonada
por su trabajo en modelos bioeconómicos
aplicados al sector pesquero, asegura que el beneficio
económico «no está reñido
con el respeto al medio ambiente». «Lo
que hay que hacer -advierte- es buscar formas
de explotación que sean sostenibles a largo
plazo».
- Es la primera mujer galardonada con
el Premio Euskadi de Investigación. ¿Qué
lectura hace?
- La verdad es que el 2005 fue un año muy
especial para mí porque también
recibí el Premio Nacional de Economía.
Tuve la fortuna de ir a Estados Unidos y realizar
allí una tesis doctoral sobre la gestión
de recursos naturales en un ambiente mucho más
avanzado que el español y el europeo. Investigué
en un área que, durante años, ha
estado dormido, pero que ahora tiene un empuje
impresionante. Da igual que seas mujer o no, simplemente
di con un tema de largo recorrido.
- Le han premiado por sus «trabajos
pioneros en modelos bioeconómicos aplicados
al sector pesquero». ¿De qué
estamos hablando?
- Es facilísimo. La naturaleza nos da una
serie de cosas y, entre ellas, varios stocks de
recursos pesqueros. La tradición que tenemos
aquí es la siguiente: cada uno va a pescar
lo que le dé la gana, vuelve a casa y lo
vende. ¿Y qué se imputa como coste?
La mano de obra, la energía, el barco...
Pero a nadie se le ocurre imputar como coste el
activo que está utilizando. Los biólogos
saben que esos recursos tienen una vida propia,
sus ciclos de crecimiento, y que tienen unas cantidades
mínimas bajo las cuales ya no pueden sobrevivir.
Debe haber un equilibrio natural.
- ¿Quiere decir que no se ha sabido
gestionar un recurso agotable?
- Efectivamente. Lo que hace la bioeconomía
es preguntarse por qué no buscamos formas
de explotar esos recursos para que sean sostenibles
a largo plazo. Es decir, capturemos aquello que
crece de forma natural, pero no disminuyamos el
tamaño de los stocks.
- Pero la economía y el medio
ambiente nunca se han llevado demasiado bien.
- Es porque los economistas, los productores y
los consumidores no tenemos en cuenta que nuestras
actuaciones tienen un impacto sobre los recursos
naturales. ¿Por qué? Porque no tienen
un valor de mercado y, como no lo tienen, pensamos
que son gratis.
Respeto medioambiental
- ¿Es posible respetar al entorno
natural y, al mismo tiempo, sacar beneficios económicos?
- Sí. Lo que ocurre es que hay
que incluir en el cálculo de costes el
valor del activo que se está utilizando.
No vale con que se evalúe como coste la
mano de obra, la energía, el capital y
los tipos de interés. Hay que evaluar también
a los océanos, la capa de ozono, la polución,
los ríos, los vertidos... Si lo hacemos
así, tendremos un rendimiento económico.
No podemos obviar los recursos que la naturaleza
nos está prestando.
- ¿El reto está en conseguir
que la gente asuma que hay que pagar un precio
por mantener los océanos y el aire limpios?
- Así es. Tenemos que ser capaces de asumir
que los activos que nos está dando la naturaleza
no son gratuitos, no son inagotables, sino que
tienen un coste.
- ¿El desarrollo sostenible es
factible?
- El desarrollo sostenible se ha convertido en
un término que se pone a todo y, al final,
no significa nada. En su concepción original
tuvo una virtud: decirnos que teníamos
que cuidar el medio ambiente y la cohesión
social, que la economía debía ser
próspera para garantizar renta suficiente
para todos. Pero ahora se le pone el adjetivo
'sostenible' a todo.
- ¿Y el futuro? ¿De qué
color se presenta? ¿Verde, negro...?
- Lo veo verde, porque no nos queda más
remedio. La naturaleza nos marcará unos
límites que deberemos obedecer. La tecnología
nos ofrecerá mucha sustituibilidad. Fíjese
en los alimentos: en lugar del besugo del Cantábrico
ya no sé qué comemos. Pero al final
deberemos imponernos unos hábitos de consumo
y de producción que tengan en cuenta los
límites de la naturaleza. ¡A no ser
que nos queramos cargar el planeta!
|